Relato de Patricio Corvalán: Detalles

Patricio Corvalán

Jueves 07 de junio de 2018

Algo había cambiado en la oficina. Lo intuyó, porque no pudo advertir la diferencia, quizás aún distraído por ese ajuste siempre forzoso con que se regresa tras las vacaciones. Tal vez habían cambiado la cortina o a lo mejor habían retocado las paredes. Dejó la chaqueta sobre los hombros de su asiento y le pidió a la secretaria que le pusiera al tanto de las novedades. La mujer tardó unos minutos en exponerle el informe, pero él la oía a distancia, incapaz de concentrarse en algo más que al intento por reconocer ese cambio en este espacio que ha sido suyo de ocho a ocho por treinta años continuados.

Ella, de seguro, lo sabía, pero se avergonzó por pensar en preguntarle. Quizás había sido demasiado el descanso. La mente despejada a veces se desboca, se lo dijo esa misma tarde al siquiatra, que asentía antes de sugerirle el juego. “Usted vive demasiado centrado en lo suyo”, le comentó al proponerle que mirara la consulta con atención durante un minuto y que después cerrara los ojos tratando de retener lo que había observado. “Cuando los abra yo habré cambiado algo que deberá reconocer”.

Tras varias sesiones y fracasos, por fin está logrando darse cuenta de lo distinto, de los entornos inadvertidos por tantos años, pero aún está muy lejos de sentirse sanado. La terapia no le da tregua. Debe dejarse tiempo para detenerse y mirar. Desde entonces, ha descubierto pequeñas cosas que jamás había notado, el nuevo corte de pelo de su hija, el esmero en las comidas caseras, la forma de la lámpara a la entrada del edificio, la planta (¡un ficus, eso era lo distinto!, se enteraría después) brillante y cuidada por alguien que antes le era invisible en la oficina. Detenerse y mirar, para todos lados, hurgando en los detalles, para por fin reconocer al resto como indispensable.