Así crece la cultura de los maestros cerveceros chilenos

Gabriel Arce

Viernes 22 de junio de 2018

Industria artesanal local estaría llegando a su punto más alto. Tras años de trabajo con materia prima extranjera, el país ya cuenta con lúpulos, maltas y levaduras nativas para crear productos 100% nacionales.

Una perfecta combinación de malta, lúpulo, levadura y agua. Así definen varios maestros cerveceros chilenos lo que en esencia es una buena cerveza. La industria del fermentado de cebada crece exponencialmente en Chile: 300 empresas artesanales ya existían en Chile en 2016. Pero su auge, según varios entendidos, aún no llega a su punto más alto.

Tanto así, que el trabajo cultural de base de quienes hacen cerveza en sus hogares se articuló rápidamente, cuando en enero de 2017 se fundó la Asociación de Cerveceros Caseros (Chile Bruers).

“Fue un llamado muy a ver qué resultaba. Yo fui uno de los que llegó. Nos juntamos en el Parque Intercomunal de La Reina y llevamos nuestras cervezas hechas en casa para comentarlas entre todos”, recuerda Roberto Hidalgo, presidente del grupo.

A la fecha, son cerca de 150 personas que usan sus cocinas o talleres para producir sus propia cerveza. “Esta es una cruzada cultural, de hobby, pero siempre con un foco casero. Pero por muy artesa que sea puede llegar a ser una base sólida para las futuras cervecerías comerciales a largo plazo. El 90% de las marcas estadounidenses partieron con gente haciendo cerveza en casa”, agrega el aficionado.

Según él, partir como un maestro chasquilla de la cerveza no requiere demasiado: un buen espacio en la casa -incluso la cocina-, paciencia, limpieza y unos 100 mil pesos. “Una, dos o tres ollas dependiendo de la complejidad del proceso, artículos de medición, recipientes para fermentación y la receta, que depende de qué tan compleja la quieres. Lograr algo así como una Kunstmann Torobayo sale alrededor de 10 o 15 mil pesos la receta”, aconseja Hidalgo.

Con ese material, cualquier persona podría tener una primera producción de unos 20 litros de cerveza de fabricación propia. El proceso se resume en un día para la elaboración, siete a diez para la fermentación, siete para la maduración y dos semanas de embotellado.

El mejor consejo para un incipiente maestro cervecero, dice el presidente de ChileBruers, es no apelar a la confianza. “Cuando tienes tu primera producción, tus familiares la prueban y siempre la encuentran rica. Error. Hace falta esa compañía de gente que no sea pariente tuyo, sepa un poco de cerveza y que te diga de frentón que te equivocaste en algo. Estar en grupo te da ese plus”, dice.

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Identidad

Bárbara Alarcón, cofundadora del blog De copa a copa, cree que la industria artesanal chilena está a pasos de saltar en un trampolín. “Crecemos a pasos agigantados. Los últimos años se han caracterizado por la profesionalización y educación de los productores nacionales”, afirma la abogada dedicada a seguir de cerca la industria cervecera. De hecho, Chile ya cuenta con su primera decena de beer sommeliers con la certificación alemana Doemens, una de las más prestigiosas del planeta.

Pero, ¿a qué sabe un schop relleno con producto nacional? Eso aún es un dilema. Para los productores nacionales, el siguiente paso es diferenciarse, por ejemplo, de la industria belga o estadounidense.

“Comenzamos todos mirando hacia Estados Unidos, pero ya se está formando la masa crítica para darle un valor propio a nuestra industria. Este año incluso hicimos el primer foro de mujeres productoras de cerveza”, recalca Alarcón.

Sin embargo, hace un par de años se logró el hito de la primer cerveza 100% chilena. Felipe Castro, ingeniero en biotecnología de la Usach, fundó Kayta, la primera empresa nacional de levaduras especiales para la industria.

Gracias a ese elemento, más otros productores de lúpulo y malta, la cervecería Grosse Gerste dio vida a la Chilean Amber Ale.

“La levadura le entrega los aromas que le dan la característica especial a la cerveza. Hoy tenemos siete levaduras nativas de distintos lugares de Chile, de manera tal que cada una entregue un aroma o sabor distintivo”, explica Castro.

“Ojalá aparezca pronto ese gran acuerdo nacional para definir cual será el estilo chileno que nos represente aquí y en otros países. Eso se logrará cuando los productores grandes, artesanales y caseros definan la característica principal nuestra y el método de producción. Yo no soy portavoz de nada, pero siento que el paladar chileno se inclina por un producto con dulzor acaramelado. En un par de años podríamos definir si eso lo trasladamos a nuestra cerveza”, añadió.