Thomas Puzia: El Chileno que halló el eslabón perdido del Sistema Solar

Gabriel Arce

Jueves 17 de mayo de 2018

La roca errante, ubicada a 4 mil kilómetros de distancia de la Tierra, fue descubierta desde el telescopio internacional de la ESO en Chile.

Los asteroides, tanto como las estrellas y planetas, son elementos trascendentales para los científicos. Estos, incluso, tienen más que contar sobre el inicio de nuestros tiempos que los propios cuerpos celestes. Así lo sabe Thomas Puzia, académico del Instituto de Astrofísica de la Universidad Católica, que, con su experiencia en la espectroscopía y ayuda de otros científicos internacionales, hizo un hallazgo que comprueba el inicio tormentoso de nuestro Sistema Solar.

¿Cómo lo hizo? Observando un asteroide exiliado por el propio Sol, y que se encontraba más allá de Neptuno, navegando entre el Cinturón de Kuiper. El cuerpo errante de unos 300 kilómetros -similar tamaño a la distancia entre Santiago y Linares- y que se formó hace unos 4.600 millones de años- fue descubierto en 2004 y catalogado como una rareza. Sus misterios, sin embargo, no se desentrañaron sino hasta este año.

El cuerpo espacial fue bautizado como “2004 EW95”, en honor al año en que se cruzó al frente del lente de Very Large Telescope (VLT) de ESO, en medio de un estudio dirigido por Tom Seccull para la Universidad de Queen en Belfast.

“Es un descubrimiento bastante grande, importante para confirmar el modelo de la conformación del Sistema Solar”, dice La Hora el astrofísico chileno que formó parte de un hito de la astronomía. Según explica, “el asteroide no es otra cosa que un fósil y testigo de las primeras fases de nuestro vecindario espacial. Es un viajero del tiempo, una cápsula en el disco protoplanetario”, agrega.

VESTIGIOS
La teoría del Sistema Solar primitivo decía que hace casi cinco mil millones de años, época en que el Sol estaba en plena formación, los planetas gaseosos gigantes como Júpiter y Saturno estaban mucho más cerca de nuestra estrella. Eso, hasta que, por desviación de materia y fuerzas gravitacionales, hubo efectos que expulsaron estos planetas hacia afuera.
El esquema calzaba perfecto con los cálculos, además de explicar cómo fue que planetas como la Tierra y Marte fueron capaces de madurar en medio del caos de la época primitiva. El problema era que no había vestigios de la migración de esos planetas. Hasta ahora.

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-¿Qué hace tan especial a este asteroide?
-La predicción era que los objetos que se formaron más cerca del Sol al inicio del Sistema Solar tenían una composición química completamente diferente a los asteroides u objetos que, por ejemplo, están en el Cinturón de Kuiper, que son básicamente de hielo y metano. El 2004 EW95, en cambio, es del tipo carbonáceo -rico en carbono-, lo que lo convierte en un elemento exótico en su entorno. Demuestra ser el eslabón perdido de la teoría de la migración planetaria.

Vecinos interestelares

“Nada se descubre hoy en la astronomía sin colaboración”, explica el científico que nació en Alemania pero lleva varios años en Chile. Su misión, cuenta es seguir multiplicando estos hallazgos de la mano de colegas en el extranjero.

Puzia, a su vez, recuerda a Oumuama, el asteroide que ingresó en diciembre del año pasado al Sistema Solar y resultó ser el primer vestigio de un cuerpo venido desde otra estrella. Su visita, eso sí, fue fugaz, porque ingresó a nuestro sistema a 160.000 km/h y rápidamente salió de sus confines.

“Lamentablemente no era lo suficientemente brillante para sacar más información. Nos habría gustado conocer más. Lo bueno es que hay una probabilidad muy alta de que hayan muchos más por ahí dando vueltas”, aclara el astrofísico.

-¿Cómo se saca la información de una roca a 4 mil millones de kilómetros de distancia?
-Nosotros, por ejemplo, hallamos el asteroide en 2004. Se descubren observando cuando pasan a través de un cuerpo que le provoca sombra. Después los analizamos con espectroscopía, yo soy experto en eso. Decodificamos la luz que irradia y la vemos como un arcoiris súper largo. Básicamente vemos los colores que faltan y cuales hay en abundancia. En el abanico se ven líneas negras, igual que un código de barra, y eso indica que hay un tipo de elemento o molécula. Con esa información se puede interpretar la composición e historia de un asteroide.