Pechugas al aire

Julio Salviat

Martes 22 de mayo de 2018

No estoy tan seguro de que haya sido una buena idea que algunas manifestantes de la gran marcha contra el acoso y el abuso hayan marchado, cantado y gritado con las pechugas al aire. Y no lo hago porque me haya escandalizado. Ni porque -como a otros tontos- no me hayan parecido tan turgentes como las de la preciosura que inmortalizó Delacroix como símbolo de la Revolución Francesa. Ni -menos todavía- porque esté en contra de tan justo movimiento.

Lo digo porque esa grata sorpresa opacó el aspecto quizás más positivo que tuvo el acto: la reacción de mujeres valerosas que impidieron la nefasta participación de los encapuchados. “Esta manifestación es nuestra, no de ustedes”, les corearon mientras muchas los perseguían hasta alejarlos.

Las mujeres que marcharon por la Alameda dieron una gran lección al oponerse activamente al vandalismo y a la tontería. No quisieron que los noticieros se centraran en la batalla de los carabineros contra los encapuchados, y abogaron por que ese espacio lo ocuparan sus justificadas quejas y sus razonables peticiones.

Podría aprender algo el fútbol de todo esto. La semana pasada fue identificado y sancionado un imbécil que se mofó de un jugador que se ha convertido en un símbolo en Universidad Católica. Un descerebrado que cometió el mismo sacrilegio de otros tarados que alguna vez causaron destrozos en el lugar que conmemora a las víctimas de la dictadura en el Estadio Nacional. Y no fue suficiente: otros anormales, hinchas también de Universidad de Chile, las emprendieron de nuevo el viernes contra Raimundo Tupper.

Parece que llegó el momento de que los hombres actúen como lo hicieron las valientes: oponerse de frente a quienes quieren ser protagonistas malignos donde hay buenas causas. No estaría de más que, cuando alguien haga algo así, o se suba a las rejas o prenda bengalas, los cercanos lo atrapen y le hagan una buena peladilla antes de entregarlo a la autoridad.