En Osorno desconocen el paradero de obispo Barros

Emma Antón

Miércoles 02 de mayo de 2018

Los laicos que piden la salida del cuestionado religioso aseguran que no lo han visto en la ciudad durante las últimas semanas.

Mientras el Vaticano se prepara para recibir al episcopado chileno a mediados de este mes -citados por el mismo Papa Francisco-, Juan Barros, obispo de Osorno, y una de las principales figuras de la crisis de la Iglesia Católica en Chile, se ha mantenido al margen de la vida pública.

Juan Carlos Claret, vocero de los laicos de Osorno que se oponen a que el obispo cumpla funciones en dicha ciudad, detalla que durante tres años ha habido una constante ausencia de Barros en la diócesis.

“Ni siquiera su secretaria sabe cuál es su agenda, es un obispo que no camina por la calle y, desde que Ezzatti dijo que debía renunciar y el Papa le quitó la autoridad, Juan Barros se acogió a la licencia por estrés que probablemente lo vaya a tener ausente hasta mediados de mayo”, cuenta Claret sobre esta autoridad eclesiástica que también formará parte del grupo que viajará a Roma a reunirse con el Pontífice.

Hoy se desconoce el paraderos de Barros, cuya continuidad está en suspenso. “No sabemos dónde está hoy día y no tenemos cómo tener acceso a esa información, porque en ese sentido Barros es bastante hermético”, precisa Claret.

El fin de semana pasado, Jorge Bergoglio hizo historia al citar personalmente a tres víctimas del ex párroco de El Bosque, Fernando Karadima, en su residencia en el Vaticano. En la oportunidad, el Sumo Pontífice les pidió perdón, cuando tan sólo unos meses antes -en su primera visita a Chile- desestimó las acusaciones de encubrimiento contra el obispo de Osorno.

José Andrés Murillo, Juan Carlos Cruz y James Hamilton dieron una conferencia de prensa este miércoles, donde detallaron los temas que conversaron en sus encuentros con Francisco.

“Cada uno de nosotros habló con el Papa por separado; le conté al Papa que no sólo monseñor Barros, sino que los obispos Horacio Valenzuela, Andrés Arteaga y Tomislav Koljatic veían cómo Karadima tocaba y abusaba de jóvenes, y ellos estaban ahí. El Papa recibió esa información”, declaró Cruz.

James Hamilton se refirió a la posibilidad de entablar un proceso penal contra los cómplices, en especial en el caso del cardenal Errázuriz, “quien es un encubridor, lo mismo contra el cardenal Ezzati. Nos encantaría a todos meterlos a la cárcel, pero en Chile los abusos prescriben desde el punto de vista penal a los 5 y 10 años”.

La reforma

Las disculpas que ha pedido Francisco a las víctimas de abusos, como así también medidas como llamar al episcopado al Vaticano, han hecho pensar que se vienen cambios en la jerarquía clerical chilena.

Al menos, así lo creen las organizaciones de laicos, como la de Osorno. Juan Carlos Claret calificó el gesto de pedir perdón como extraordinario, “pero es una acción insuficiente. Valoramos que hay un cambio de actitud, que para las víctimas es muy importante, pero este cambio de actitud, a la fecha, no se ha demostrado con acciones concretas”.

El vocero de los laicos de Osorno detalla que se necesitan transformaciones urgentes en tres aspectos fundamentales para la Iglesia. El primero de ellos, como es de esperar, es la salida de Barros desde la diócesis de Osorno.

“También urge un cambio de personas, y nosotros apostamos por una renovación completa del episcopado. Pero al mediano y largo plazo no basta con eso, porque podría llegar gente peor que la que tenemos hoy. Hay que apostar a cambios no sólo conceptuales, sino institucionales que permitan participación y transparencia. Hay que repensar cómo se ejerce el poder del papado”, indica Claret.

El tercero involucra la participación del Estado: “nos habría gustado solucionar el problema de Barros el 2015, llevándolo a tribunales, pero como tenemos leyes mal hechas que permiten la prescripción, estamos atados de manos”.

“Creemos que el laicado puede aportar más que lo que el mismo Papa puede hacer, porque la historia demuestra que de la jerarquía no va a venir nada nuevo. Son las víctimas de abuso los que finalmente tienen la película clara, mientras que los obispos chilenos han hecho gala de lo que significa no entender nada de lo que está ocurriendo”, criticó Claret.