Jordi Montero, experto en dolor crónico: "Los médicos deben poder ponerse en el lugar de los pacientes"

María Eugenia Durán

Jueves 17 de mayo de 2018

El español Jordi Montero es uno de los hombres que más sabe de dolor crónico en el mundo. Junto con recalcar que esta condición no tiene cura, llama a los pacientes a quejarse; y a los médicos, a ser más humanitarios.

Todos hemos sentido alguna vez dolor. No dolor emocional, sino dolor físico, real. Hay quienes incluso viven con dolor. Se estima que una de cada cinco consultas médicas en todo el mundo se deben al dolor crónico.

Uno de los hombres que más sabe en el mundo sobre ese tipo de trastorno es el neurólogo español Jordi Montero (67), investigador y académico de la Universidad de Barcelona, al que llaman coloquialmente Doctor Dolor.

Montero no se da muchas vueltas sobre la causa del dolor crónico: es un error del cerebro y no existe una cura. Pero insiste en que tiene también un lado emocional que debe ser tratado con seriedad y, sobre todo, con humanidad, un concepto que, él cree, se está perdiendo. “Los médicos deben ponerse en el lugar de los pacientes, mirarlos a los ojos, tocarlos”, dice.

Este doctor especialista en neurología y neurofisiología, agnóstico, que se reconoce como un científico de tomo y lomo, lee poesía, se apasiona defendiendo a su natal Cataluña, habla resueltamente sobre emociones, admira la libertad de la nueva generación y no teme decir que las mujeres están tomando el control en el siglo 21.

-Los científicos nos dicen que todo tiene una razón, entonces ¿cómo hay un tipo de dolor que no tiene explicación?
-Primero, nosotros esperamos de la medicina la curación. Pero la medicina tiene consejos para algunas cosas y datos útiles para otras. Hay un sentimiento mágico, a veces, respecto a la medicina. Actualmente los humanos vivimos más tiempo y vivimos mejor gracias a esos conocimientos y se le atribuye a la medicina todo el mérito. Pero la verdad es que vivimos más años porque tenemos más cultura, estamos mejor alimentados. La civilización nos ha llevado a esto. La medicina ha encontrado remedio para algunas cosas muy concretas y a otras sólo ha conseguido aplacarlas.

-¿Cómo el dolor crónico?
-Hay que entender que el dolor, en principio, es una necesidad que tenemos los animales. Es un sistema de defensa, es necesario para la vida. El dolor agudo es el que tiene una causa, un daño. Y un dolor agudo es tratable, porque existen medicamentos como los opiáceos o los antiinflamatorios. Y, por lo general, la gente cree que si tiene dolor lo tratarán como dolor agudo y va a mejorar. El problema es el dolor crónico, el que aparece por un error de nuestro cerebro que construye un peligro donde no lo hay y reacciona con dolor.

-¿El cerebro se equivoca?
-El cerebro se puede equivocar y establecer un dolor cuando no hay daño. Es una sensibilización. La memoria del dolor existe. Y existen las emociones que están en la construcción de cualquier memoria.

-¿Entonces, también podemos memorizar el dolor?
-Sí, sobre todo cuando hay emociones de por medio. Y emociones de por medio hay siempre, porque lo que manda en el cerebro son las emociones.

-¿Pero tradicionalmente la ciencia no toma mucho en cuenta la emoción?
-Con las emociones nos tenemos que relacionar todos porque somos emociones. Los médicos, los periodistas, los camareros y los conductores de autobús. Porque lo que manda son las emociones. Independientemente de las relaciones humanas están las emociones. Y olvidar esto es estúpido, porque eso es lo que manda. La gente leerá o no esta entrevista por un tema emocional, no por la razón. Entonces, si en la relación médico enfermo no establecemos un buen vehículo emocional estamos perdiendo el tiempo.

-¿Los médicos deberían cambiar de actitud en esto?
-Un médico debe tener una relación emocional con el paciente, deben poder entenderse, los médicos deben poder ponerse en el lugar de los pacientes, deben mirarlos a los ojos, el médico debe tocarlos.

-Pero muchos son más bien distantes.
-Esto debería desaparecer en el siglo 21, principalmente porque ha mejorado el nivel cultural de la población y las mujeres se ponen delante. Estamos viviendo un cambio de era. Y en este cambio de era yo creo que hay tres factores fundamentales. El primero es el gran avance tecnológico y cultural. Han desaparecido las distancias, son posibles los trasplantes, el tratamiento con quimioterapia o un teléfono móvil que te permite hablar con Australia en 3 segundos. El nivel tecnológico cambia al mundo. El segundo es el rol de la mujer. Desaparece la idea monoteísta de la costilla de Adán. De hecho, es una mentira, porque genéticamente es Adán el que es una costilla de Eva porque son hembras, y las hembras pasan a ser sexualmente independientes; ya no necesitan al varón para reproducirse.

-¿Podríamos llegar a eso?
-Estamos ante una desaparición del género. El siglo 21 va a transformar el equilibrio social debido al rol de la mujer que se pone delante.

-¿Y el tercer aspecto?
-El conocimiento que tenemos del cerebro. Saber cómo funciona, por qué hacemos las cosas, va a llegar al público en general. Eso va a permitir entendernos. Va a transformar la filosofía y las relaciones sociales. Los políticos van a tener que dejar de hablar de economía y van a tener que hablar de emociones. Este es el siglo 21.

-¿En esto los jóvenes nos llevan la delantera?
-Pues claro. La gente que hoy tiene 15 o 16 años es diferente a nosotros. Y las emociones, en general, las manejan mejor las mujeres que los hombres, sobre todo en mi generación, que tiene un desarrollo emocional nefasto. Y aquí hay mucha culpa de las religiones. Pero si miras a los chicos de 15 años verás que esto ya no existe y que el género está desapareciendo. Es una verdadera revolución.

-¿Y usted cómo expresa sus emociones?
-Soy un científico, un científico que lee poesía. A Pablo Neruda, por ejemplo. Una vez en La Sebastiana leí un verso de Neruda que decía: Hoy es hoy y ayer se fue. La verdadera inteligencia está en los poetas: García Lorca, Machado, Rilke. Estas son emociones.

-Usted también escribe, pero de dolor, y su libro se llama Permiso para quejarse. ¿Por qué hay que quejarse?
-No lo tengo claro (entre risas). La queja, el quejido, como dicen en Andalucía, es muy cultural, es la forma de manifestación de nuestras emociones. Y como cualquier manifestación de emociones, que van desde una mirada o una sonrisa hasta la palabra o el tacto, la queja forma parte de nuestra profundidad. Si nos queremos entender hemos de escuchar la queja. Y, por otra parte, debemos de expresar nuestras emociones. Basta ya de reprimirnos.

-¿Y cómo hacemos eso?
-Las emociones hay que expresarlas, hay que llora. Y esto es más femenino que masculino en nuestra cultura y espero que en el siglo 21 esto desaparezca. En este aspecto la queja es la manifestación de emociones que tiene mucho que ver con la cultura, porque el dolor tiene que ver con la cultura. Y desde luego los pacientes tienen derecho a decir lo que les pasa y los médicos deben ponerse en su lugar.

-¿Le falta esto a los médicos de hoy?
-Sí y creo que hay que romper esto. Los médicos somos un primate más, como todos. Un primate sin cola. Tenemos un conocimiento científico sobre un tema y eso es lo que debemos de usar. Al fin y al cabo, el conocimiento no tiene propiedad, nadie es propietario de su conocimiento. Si yo tengo conocimiento solamente están justificados al usarlos en favor de los demás. Nadie es propietario de su conocimiento, porque todos nuestros conocimientos los hemos copiado y nuestra obligación es darlo.

-¿Los doctores deberían volver a lo básico?
-Hemos estado siempre en lo básico, pero nos habían engañado. Hay que ser educados en las consultas, claro que sí, pero, por qué ponemos mesas entre un médico y un paciente.

-Algunos médicos podrían alegar que les pagan para hacer un trabajo científico.
-Los políticos deben pagarle a los médicos su tiempo. No pagarles para que hagan muchas recetas, que prescriban muchas pruebas o que hagan medicina sofisticada. Deben ponerse en el lugar de los pacientes y escucharlos, y deben cobrar por esto. Porque esto es lo esencial. Nuestro trabajo debe ser humanístico o no es. Por supuesto que debemos ser científicos, pero primero hemos de ser humanistas.

-Puede ser difícil cambiar estos conceptos.
-Esto lo entienden mucho mejor las mujeres y ellas son las que van a mandar. Porque los hombres somos cada vez menos necesarios. Ahora ellas van a un banco de semen y eligen lo que quieren y eligen el momento. El 50% de los embarazos en Manhattan son por inseminación artificial y son en familias monoparentales; en Barcelona son el 26%.

-¿Ese es el futuro?
-Ya está pasando, lo que sucede es que hay algunos que no lo quieren ver.

-Parece que hay muchas cosas que no queremos ver.
-Es que estamos en un cambio de era y es muy gordo.