Dando la hora

Gabriel León

Martes 15 de mayo de 2018

¿Cuál es el mejor sabor de helado? Anticipo que se trata de una discusión inútil: se trata de opiniones y no hay un estándar para comparar todos los sabores de helado y concluir cuál es el mejor. Las opiniones sobre sabores de helado, sin embargo, son irrelevantes. No pasa lo mismo con el cambio de hora.

En estos días se han visto diferentes opiniones al respecto. Están quienes opinan que es mejor tener más luz en la tarde, para así aprovechar mejor el tiempo después del trabajo. Otros prefieren tener más luz en la mañana, pues eso les permite estar más alerta y menos somnolientos (particularmente a los niños). Ahora bien, independiente de la opinión de cada uno sobre el horario que más le gusta, hay un hecho que no se puede pasar por alto: la vida en este planeta está condicionada por el movimiento de rotación de la Tierra sobre su propio eje.

El ciclo del día y la noche ha sido uno de los elementos más relevantes al que los seres vivos han debido adaptarse. La solución fue la aparición de un complejo mecanismo molecular con el que cada célula -bacterias, hongos, plantas y animales- es capaz de medir el paso del tiempo: un reloj interno. Esto le permite a nuestras células anticipar eventos que son recurrentes. Descargas de hormonas, movimientos peristálticos, ritmo cardiaco, presión arterial y otras funciones fisiológicas están condicionadas por este reloj interno.

Y como todos los relojes, al nuestro hay que “darle cuerda”. Entre los estímulos más importantes para esto está la luz del sol, que todos los días permite ajustar nuestro reloj interno. Existe una enorme cantidad de evidencia científica que muestra que la luz de sol temprano por la mañana -que permite ajustar nuestro reloj interno- se asocia con varios efectos positivos, incluyendo mejoras en la atención y el aprendizaje en los niños. Puede que muchos prefieran otra cosa, pero el bien común y la evidencia debería prevalecer para tomar este tipo de decisiones.