'Bioislas': el plan pionero para salvar los humedales

Gabriel Arce

Jueves 03 de mayo de 2018

Especialistas y vecinos de Llanquihue pondrán a flote plataformas con plantas que ayudarán con la descontaminación.

Chile es especialmente injusto con sus humedales. Pese a ser pequeños ecosistemas a escala, con un gran aporte ambiental y turístico, el país no cuenta con ninguna legislación vigente para su cuidado.

Es más, solo el 2% de ellos cuenta con algún tipo de protección. Por lo mismo, el Humedal de Batuco, ubicado en Lampa, debió ser intervenido a fines de 2016 por la Fundación San Carlos de Maipo, que compró 300 hectáreas de la reserva para su presentación. ¿El problema? la contaminación desatada por drenajes de la laguna para fines inmobiliarios e industriales y recepción de desechos.

Algo similar sucede con el Humedal El Loto, que se ubica en pleno centro de la ciudad de Llanquihue y es el más grande de los cuatro que están en esa urbe. Su contaminación preocupó especialmente a los vecinos de la Villa Palena, que clamaron durante años por su preservación y finalmente fueron escuchados. Eso, al punto de que llevarán a cabo, gracias al Centro CEUS Llanquihue de la Universidad de Santiago, un plan de rescate poco ortodoxo: construir bioislas que limpien la laguna.

“La primera idea fue instalar oxigenadores porque el principal problema de un cuerpo de agua cuando está tan estancado es la falta de oxígeno. Lo más fácil era hacer nanoburbujas e incorporarlas al agua. Sirve, pero es como un parche curita para el humedal. Atacaba al síntoma y no al problema”, cuenta Mariana Muñoz, ingeniera de proyectos del CEUS.

La solución, entonces, llegó desde Ecuador. El año pasado instalaron 40 islas flotantes para descontaminar el Estero Salado de Guayaquil. Su contenido: mangles, lirios, paja y hierbas resistentes a la salinidad.

Esa técnica pionera, que fue un éxito en la ciudad más poblada de ese país, ahora se replicará en Chile.

El futuro

“Las bioislas son una matriz flotante que aprovechan la capacidad de depuración que tienen las plantas. Al igual que su rizosfera: su entramado de raíces que está sumergido en el agua, y que crean un biofilm. Eso, en asociación con la planta, puede comenzar a disminuir la carga de nutrientes en el agua”, explica Muñoz.

A su vez estas estructuras, hechas con una base de plástico reciclado, se ubicarán estratégicamente en las tomas de agua de la laguna, todo para que actúen como una barrera natural para los sedimentos marinos con destino a El Loto.

“En mayo terminamos el diagnóstico inicial del humedal para tener antecedentes verídicos. Por ahora básicamente vemos el agua verde”, cuenta la agrónoma. Tras eso, y luego de despejar la duda sobre el volumen, estado químico y flujos del agua, el centro de investigación elaborará, junto a vecinos, las bioislas que se pondrán a flote en el segundo semestre de este año.

Las plantas a utilizar dependerán de las conclusiones de los estudios, pero ya se sabe que usarán juncos “por su alta capacidad depuradora”.

El éxito de esta iniciativa, a su vez, podría ser una opción ecológica y de bajo costo para proyectos de descontaminación. “De ser eficaz, y confiamos en eso, podrá ser replicado en cualquier cuerpo de agua, ya sea en el sur y en Santiago. En otro humedal o en el río Mapocho, por ejemplo”, cierra la experta.