¿Una siesta mejora el rendimiento en la oficina?

Emma Antón

Miércoles 18 de abril de 2018

Médicos destacan que dormir un rato tras el almuerzo puede aumentar la productividad, pero no reemplaza una buena noche de descanso.

La proliferación de siestarios, tanto en el centro de Santiago como en el campus San Joaquín de la Universidad Católica donde recientemente se probó un plan piloto, ha vuelto a poner en el tapete la idea de una pequeña siesta después de almuerzo en trabajos y lugares de estudio. Pero, ¿realmente son efectivas?

Considerando que el organismo concentra sus energías en digerir la comida tras el almuerzo, no es sorprendente que posterior a esta acción se genere una sensación de somnolencia.

Boris Mena, neurólogo de la Clínica Somno, confirma que efectivamente puede existir falta de memoria, lentitud de respuesta, cansancio físico y disminución del rendimiento laboral, lo que puede causar un aumento en la siniestrabilidad laboral, por ejemplo.

“Diversos estudios han señalado que los beneficios de una breve siesta en el rendimiento laboral reduce en forma importante la somnolencia diurna, aumenta el rendimiento físico y mejora la condición intelectual, restaurando el nivel de alerta, reduciendo los errores y el riesgo de accidentes”, explica.

El doctor Pablo Brockmann, del Centro del Sueño de la Red de Salud UC Christus, concuerda en que “en general sí se ha visto que una pequeña siesta mejora la capacidad cognitiva y hace bien para consolidar algunos tipos de rendimientos, como el laboral”.

El profesional destaca que si bien una siesta tiene beneficios, en ningún caso reemplaza al sueño nocturno: “Es súper importante que los pacientes entiendan que si no duermen bien de noche tampoco van a poder, con esto, compensar lo que pierden”.

Duración

El neurólogo de la Clínica Somno destaca que las siestas deben ser cortas, entre 5 y 30 minutos, tratando de evitar que la persona entre en un ciclo de sueño normal (que dura 45 minutos).

“Continuar con el sueño hasta llegar a etapas profundas, sin completar un ciclo, puede producir un fenómeno denominado ‘inercia del sueño’ en el cual el individuo se despierta desorientado y con un cansancio mayor al que tenía antes de dormir”, precisó.

En tanto, el doctor Brockmann señala que si una persona tiene un buen sueño nocturno, la siesta no es necesaria. Pero en el caso de dormir, coincide en que la siesta no debe superar los 30 minutos.

“Es importante recalcar que no se debe perder el sueño nocturno, porque la siesta no lo reemplaza. Hay que tener una bandera de alerta porque estos siestarios no son la panacea tampoco”, manifestó.

A pesar de los beneficios que puede tener una siesta, el doctor Mena aseguró que “no siempre es la mejor opción para todos. Por ejemplo, algunas personas tienen problemas para dormir en cualquier lugar que no sea su propia cama, por lo que es poco probable que duerman una siesta en el trabajo u otro lugar”.

Además, una siesta larga o demasiado tarde puede afectar negativamente la duración y calidad del sueño nocturno, por lo que, si una persona tiene problemas para conciliar el sueño en la noche, una siesta sólo empeorará esos problemas.’