Columna: Trabajo y resultado

Julio Salviat

Domingo 15 de abril de 2018

Ignacio Prieto, uno de los jugadores más emblemáticos y queridos que ha tenido Universidad Católica y uno de los entrenadores más exitosos de la institución cruzada, tenía una idea muy concreta sobre el rendimiento de los equipos: “El resultado del domingo sólo refleja el trabajo de la semana”.

Como encargado de las actividades de la UC, en tiempos de reportero, prácticamente viajaba todos los días a San Carlos de Apoquindo. Y logré una relación muy cordial y respetuosa con el cuerpo técnico y los jugadores.

Una vez, la Católica perdió por goleada (4-0 o 5-1, no recuerdo) y el lunes conversé con “Tribilín”. Y se la tiré medio en broma y medio en serio: “Tienen que haber trabajado muy poco en la semana, ¿no?”. Se rió un poco y se encogió de hombros.

Desde esos días pienso que es imprescindible un trabajo serio, ordenado, acucioso en los entrenamientos para que el equipo funcione bien, pero que no siempre el resultado está a la altura de los que trabajan harto. Una planificación impecable se puede venir al suelo por un pase mal dado, por la desubicación de un defensor, por una pajaronada del arquero. Y en el análisis pobre que se suele dar en nuestro medio, se dirá que el entrenador no vio bien el partido o que el perdedor no tuvo ningún mérito.

Digo todo esto pensando en Hugo Vilches, el defenestrado entrenador de Audax Italiano. A ese club llegó en 2015, por barato seguramente, cuando el equipo parecía condenado al descenso. No sólo lo salvó, sino que lo llevó a niveles internacionales. A lo mejor fue esa su desgracia: por perder en el último minuto con Botafogo, representante brasileño y flamante campeón del torneo estadual de Rio de Janeiro, le dieron el sobre azul.

La actuación de los itálicos en ese partido era más que digna. Y todo se derrumbó a segundos del pitazo final. Era, tal vez, el mejor partido de este año, y nadie lo tomó en cuenta.

A Hugo Vilches lo condenó el resultado. A Pablo Guede, en cambio, ayer lo salvó.