Cómo funcionan en Chile las relaciones poliamorosas

Carola Julio

Domingo 01 de abril de 2018

Para quienes deciden tener varias parejas consensuadas la sinceridad y la responsabilidad afectiva son vitales.

Las maneras en que se conciben las relaciones de pareja han ido cambiando con el tiempo. Así, lo que antes era normal, como la monogamia, ya no suele serlo tanto. Amores como el de Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre, en que ambos eran pareja pero podían tener amantes sin que eso afectará su vínculo, se ven cada vez con mayor frecuencia hoy.

Esto, que quizá en el tiempo de De Beauvoir y Sartre no tenía nombre, hoy se conoce como poliamor.

“Tuve una relación abierta que originalmente pretendía poliamor estricto”, cuenta Nicolás, sociólogo de 35 años, quien explica que “la principal variante, hasta donde yo entiendo, es si hay diferencias entre una relación y otra”.

Nicolás se refiere a lo que en este nuevo sistema de relaciones afectivas se describe como “primaries” y “secondiaries”, es decir, una pareja que es estable y otras que se suman pero no se superponen a la relación principal.

Este sociólogo tiene un marco teórico para este nueva forma de conectarse afectivamente: “Las relaciones tienen costos a lo que yo llamo el ‘ancho de banda’. Uno no puede sostener relaciones concurrentes con tanta gente. En nuestro caso, nosotros partimos con toda la intención de tener una relación poliamorosa estricta. Pero para cuando se dio la oportunidad de que apareciera más gente estábamos muy metidos en un molde más tradicional, a pesar de que nunca fuimos monógamos”, cuenta.

Para este joven lo fundamental fue entonces romper con el molde de las relaciones que había sostenido durante su vida. A sus 30 años se vio insatisfecho con lo que tenía y decidió plantearse el poliamor. Fueron varias conversaciones con su pareja hasta que finalmente lo consiguieron.

“Hablamos mucho, onda seis meses de puro conversar, cómo se hace, las reglas, qué es aceptable o que no, y de ahí salió un acuerdo y tratamos de cumplirlo de la mejor manera posible”, recuerda.

Así construyó junto a su pareja de ese entonces una serie de reglas que sostenían la relación. Asegúrate de que la gente con la que te relaciones sepa de tu estatus; no mientas nunca; si no vas a llegar a casa, avisas; si se sale juntos, se vuelve juntos, eran algunas de esas cláusulas.

-¿Cómo manejan los sentimientos?

-“Desde la seguridad. Eso es bien personal igual, pero tiene que ver con reconocer que los celos son básicamente inseguridad en cada uno. Es fácil hacer acuerdos, pero no es tan fácil convencerse de sentir o no sentir algo y eso no se puede reglar. Hay también una parte importante de tino, de respeto”.

Jazmín (28), periodista, también tuvo una relación poliamorosa. Para ella no sólo es una manera de relacionarse con un hombre o una mujer, sino que representa una manera política de ver las normas de las relaciones. De hecho, se ha dedicado al activismo en este sentido. “Para mí el poliamor es un método de gestión afectiva igual que la monogamia, pero tiene particularidades que se basan en que existe una capacidad de amar a más de dos personas”, asegura. Y apunta con firmeza: “La mononorma es la que no me gusta. Una sola visión del amor en la sociedad me parece imposible”.

Para esta joven el poliamor es un asunto serio que conlleva deberes y que no debe tomarse a la ligera. “No existe poliamor sin responsabilidad afectiva”, enfatiza.

Diferencias

Zygmunt Bauman, filósofo polaco que falleció el año pasado, sostenía que los vínculos en las sociedades postmodernas se han ido fragilizando. En su libro El amor líquido, afirma que las relaciones interhumanas carecen de solidez y son fugaces y superficiales.

Pero para Jazmín, esto no puede estar más alejado de su realidad. “Existe una mala comprensión de esta formas de gestionar el amor. La gente que se mete en esto no examina bien sus vínculos. Es una pega de desaprenderse de todo lo que te han enseñado sobre amor. Hoy siento que tengo vínculos afectivos libres, profundos y hermosos”, dice.

Iván (26), historiador, refuerza esa idea y explica que la diferencia entre tener sexo ocasional con honestidad y el poliamor es que el último construye lazos y el primero no. “En el primer caso son lazos líquidos, están muy proyectados a ser caducos. En cambio, lo que está en fondo del poliamor es que la relación es permanente”, estima.

“No es sólo un estilo de estructurar las relaciones amorosas, es más bien una especie de política de vida que permea aspectos más relevantes, que involucra una cierta forma de filosofía en cuánto en cómo te relacionas con el mundo. Se traduce en la posibilidad, en la facultad, inclusive, de que una persona pueda declararse honesta, legítima y completamente enamorada de más de una persona al mismo tiempo”, explica.

Sobre su propia historia, Iván recuerda: “Lo terminé incorporando en un acto de sinceramiento personal que me parecía más adecuado a los deseos que estaba experimentando. Fue un choque importante para esta persona pero después de varias conversaciones se dio cuenta que el poliamor no ponía en riesgo la relación que tenía con ella”.

Jazmín es una convencida “de que de aquí a diez años va a ser súper normal”. Y para estos tres defensores nacionales del poliamor esta nueva forma de relacionarse requiere de los vínculos, el contrato y la comunicación. Y, claro, el amor.