Descubren en Atacama calendario incaico que predice las estaciones

Carola Julio

Lunes 09 de abril de 2018

Dispositivo tiene al menos 500 años y es capaz de mostrar equinoccios y solsticios tan bien como el megatelescopio de ALMA.

Es el 21 de marzo y el sol aparece por el este, generando una sombra. Un suceso tan común como el equinoccio de otoño en esta parte del continente dio origen a un descubrimiento tan sorprendente como ancestral.

Un grupo de científicos chilenos, liderados por Cecilia Sanhueza, investigadora asociada del Museo Precolombino, pudo constatar la exacta alineación con las dos saywas, cúmulos de piedras que data del imperio incaico, ubicados al costado del Camino del Inca en el norte de nuestro país y que indicarían, según aproximaciones iniciales, los solsticios y equinoccios.

Fue justo durante el equinoccio de otoño de 2017 cuando se constató por primera vez este hecho y se efectuaron las pruebas en terreno en la localidad de Vaquillas, a 4.200 metros de altura en la cordillera interior de Taltal.

Luego, al amanecer del 21 de junio se hizo lo propio en el sector de Ramaditas, junto a la quebrada del río Loa. El mismo equipo presenció la salida del sol en el solsticio de invierno comprobando la perfecta alineación con las saywas de 1,20 metros de altura.

PIEDRITAS 02

Ayuda tecnológica

Después de trabajar por más de una década con arqueólogos, Sanhueza -que es historiadora- cayó en la cuenta de que las piedras al costado del camino no eran meros indicadores del Camino del Inca y decidió pedir ayuda al observatorio ALMA, los que recibieron las coordenadas y pudieron determinar la ocurrencia de los cambios de estación a nivel astronómico y que coinciden con fechas relevantes del calendario inca.

Sanhueza decidió buscar en la literatura histórica la aparición de estas estructuras. “Con el tiempo desarrollé una investigación de las antiguas crónicas españolas y llegué al nombre de estas piedras y a su función: en caso de que el camino se borrara servirían como indicadores de ruta”, comenta. Pero hubo algo que le llamó la atención y siguió investigando. Las saywas no habían sido identificadas en otros lugares del Camino del Inca y en esto la investigadora también recibió ayuda de ALMA.

El observatorio se involucró en el proyecto a través de sus astrónomos Sergio Martin y Juan Cortés, quienes pudieron constatar en terreno la increíble precisión con que podían predecirse fenómenos naturales mediante herramientas usadas por la cultura inca hace más de 500 años. “Como astrónomo fue gratificante conocer estos verdaderos calendarios solares que son las saywas, porque demuestran que los pueblos precolombinos le daban tanta o más preponderancia al cielo que lo que podemos apreciar hoy”, afirma Cortés.

Lo sorprendente de estas estructuras es su ubicación. Los investigadores manejan varias hipótesis al respecto.

“Estamos tratando de contribuir desde el desierto de Atacama, desde el norte de Chile, al conocimiento del imperio incaico. ¿Por qué venían a este lugar tan despoblado, tan al sur, a edificar estas columnas de piedra? Ahí hay una pregunta fundamental. Estamos recién rompiendo la superficie de este problema para entender por qué la astronomía en estos espacios desérticos era tan importante para los Incas”, asevera José Berenguer, curador jefe del Museo Precolombino y uno de los arqueólogos de la investigación.

“Por alguna razón el desierto de Atacama fue elegido como lugar para poner estos dispositivos de medición del tiempo y para darle una valoración especial. Una hipótesis posible es que es una zona del desierto en donde se produce una frontera climática de gran envergadura e importante para los incas que es el cambio de régimen de lluvias del invierno boliviano a uno de invierno”, explica Sanhueza.

Y la historiadora destaca sobre su experiencia que será presentada el domingo en Puerto de Ideas en Antofagasta: “El hecho de poder ver el sol saliendo de forma perfectamente alineada con las columnas representa un momento de tremenda significación simbólica, científica, personal y espiritual también. Es un descubrimiento y un espectáculo tremendamente valioso”.