Cristián Lavaud, el heredero de la tradicional Peluquería Francesa

Emma Antón

Viernes 13 de abril de 2018

No es peluquero, pero Cristián Lavaud se propuso rescatar y mantener a flote los 150 años de historia que ha presenciado uno de los locales más importantes de Chile: la Peluquería Francesa.

Caminar por el Barrio Yungay se ha convertido en una gran experiencia. Este fue el primer barrio de Santiago, data del año 1839 y fue planificado bajo la presidencia de José Joaquín Prieto. Cada una de sus calles y construcciones cuentan su propia historia, sin embargo, esta situación se puede apreciar en todo su esplendor en la esquina de Libertad con Compañía de Jesús.

Aunque no es su ubicación original, desde el siglo pasado que se encuentra ahí la reconocida Peluquería Francesa. Este año este tradicional salón cumple 150 años y puede decir con propiedad que ha sido testigo de los hechos más importantes de la ciudad.

Quien lleva las riendas de este negocio es Cristián Lavaud Oyarzún, nieto del heredero de la peluquería. El cuento se remonta al siglo XIX, cuando Emilio Lavaud llegó desde Francia.

Este joven técnico, que había estudiado en la Escuela de Agricultura de Bordeaux, vino a Chile para replicar los métodos de explotación vitivinícola de los franceses, con el fin de que los agricultores de Lontué, región del Maule, las incorporaran.

Arribó junto a su señora y su hijo, que llevaba su mismo nombre. Pero al poco tiempo de estadía el primer Lavaud contrajo una bronconeumonía que le provocó la muerte, lo que llevó a que su familia fuera trasladada a Santiago para quedar bajo la protección del Consulado de Francia.

Fue en esta ciudad donde la viuda encontró nuevamente el amor, en un joven llamado Victorino Tauzan. Él era el encargado de atender al personal del consulado francés en su local, la Peluquería Francesa. Así, cuando Tauzan falleció, fue Emilio Lavaud hijo quien heredó la tradición que emprendió su padrastro.

Tradición

Tres grandes sillas de barbero son las protagonistas en la habitación principal de la peluquería. De cuero negro y con apoya brazos del mismo color, se encargan de recibir a los nostálgicos de una buena afeitada: con navaja y paños calientes.

“Mi abuelo era un viejo súper encachado y era muy querido en el barrio porque era una persona correcta y ayudaba mucho a la gente. Las peluquerías siempre han sido un lugar como de terapia, donde la gente va y habla con el peluquero. Le cuenta su vida, sus problemas y lo convierte en un asistente social en torno a un sillón”, relata Cristián.

Este ingeniero, que no se dedicó a la peluquería, detalla que el negocio familiar que heredó es un referente mundial: “Nos dimos cuenta de que la gente conoce a la Peluquería Francesa en el extranjero”.

-¿Existen peluquerías como la Francesa en otras partes?

-Hace dos años fui a recorrer peluquerías de Francia, Inglaterra y Holanda, porque son referentes mundiales. La más famosa del mundo se llama Schorem, está en Róterdam, Holanda, y es una copia de la Peluquería Francesa. Hace siete años un publicista contrató a unos compadres tatuados, y cachó que el negocio era bueno. Así se instaló con esta barbería, que es muy parecida a la nuestra. El problema es que nadie se sale un poco de copiar el modelo, a las peluquerías hay que agregarle algo propio, un sello personal, por último cambiar el uniforme.

-¿Cómo llega a cumplir 150 años una peluquería?

-A los clientes hay que atenderlos a todos por igual, sea un caballero, un niñito o un abuelito. La gama va desde el niño, que lo van a pelar para bautizarlo, hasta al abuelito que está en las últimas y que lo trae la hija y que termina pasándolo chancho. Es un mundo sentarse en esos sillones, que te pongan un paño caliente y que te empiecen a afeitar. No hay que disfrazarse tanto para ser un buen peluquero.

-¿Qué diferencia a la Peluquería Francesa del resto?

Este oficio se realiza con las manos, pero es diferente, porque las técnicas que se ocupan son distintas. El tipo de corte que se viene a pedir aquí es distinto, porque es el corte más tradicional, aunque hay variantes. Yo diría que los peluqueros de aquí igual han tenido que ir adaptándose a los cambios, porque la gente está pidiendo cortes modernos.

Reinvención

Tal y como sucede con el tiempo, la peluquería también ha tenido que adaptarse a los cambios y, en vez de resistirse, logró combinar el presente con la tradición. Actualmente, en el salón trabajan seis peluqueros, cinco son chilenos y uno es venezolano.

La trascendencia que ha tenido este lugar en la historia de Chile lo ha convertido en un referente popular: es parte del imaginario social de la nación. A tal punto ha marcado el inconsciente del chileno que el salón incluso apareció en una telenovela de TVN, exhibida el 2017.

“La Colombiana está inspirada en la peluquería, y me parece muy bien, porque es parte de la realidad. Grabaron algunas escenas acá y se llevaron algunos referentes para seguir trabajando. De alguna manera esto refleja la identidad de un barrio, de un momento histórico que nos toca vivir hoy día, y eso es bienvenido. Yo creo que la diversidad nos hace bien a todos”, opina Cristián.

Otro aspecto social de la peluquería y que ayudó a mantenerla vigente, pero a la vez conservar su encanto, fue la adición del Boulevard Lavaud. Esta innovación de Cristián Lavaud consistió en la creación de un restaurante patrimonial, para el que recolectó una serie de objetos históricos ligados a la historia del barrio y del país.

“Yo creo que esta apuesta loca, de meterle a la peluquería un café, que se transformó en lo que se ve ahora, termina provocando cosas. Mucha gente se va llorando, porque le pasan cosas acá. En la medida que esto fue creciendo empecé a contar esta historia, mientras empezábamos con cafés y muffins”, cuenta Cristián.

“Después el menú se fue ampliando y mientras crecía también empecé a incorporar historias y me encontré con cuestionas maravillosas, personajes históricos que venían al barrio y se dio este lugar, que la gente de todas partes venía a conocer”, añadió.