Camila Silva: la ñuñoína que enseña a vivir sin dejar desperdicios

Luis Valenzuela

Jueves 19 de abril de 2018

La compra de productos y la basura que éstos generan están llenando a las ciudades de desechos. Camila Silva busca minimizar la generación de desperdicios y aquí cuenta cómo lo hace para que otros intenten replicarlo.

A primera vista, la cocina de Camila Silva (29) no presenta ninguna particularidad sobresaliente, salvo que una de las repisas se encuentra completamente ocupada con frascos de vidrio rellenos con cereales, frutos secos y especias. Solo una ojeada exhaustiva repararía en que por ningún lado hay un basurero.

La última vez que la ñuñoína botó una bolsa con desechos, como gran parte de la población chilena hace a diario, fue antes de cambiarse a su actual casa. “Fueron cosas que salieron por mudanza, en octubre del año pasado” puntualiza.

Su estilo, que se ha convertido una tendencia en los últimos años, se conoce a nivel mundial como Zero Waste. Básicamente, consiste en reducir lo máximo posible la producción de basura. En su caso, explica, fue un proceso natural antes que la adopción de una moda.

“Del tema del medioambiente empecé a preocuparme en la Universidad, estudié diseño industrial y ahí nos enseñaron un montón sobre los materiales y sus impactos. También aprendí de las energías renovables y eso marcó un interés en mí. Empecé con el tema del reciclaje, a buscar materiales en los cachureos de los vecinos. A recolectar papeles, botellas y latas. Después, cuando tuve a mi hija Pascuala, empecé a ponerle más energía a este cuento. Cuando me fui a vivir con Pancho, mi pareja, empezamos a vivir con la premisa de comprar cosas que se pudieran reciclar. Ese fue el origen”, dice Camila.

-¿Qué siguió después?

-Pensábamos que lo estábamos haciendo bien. Pero igual botaba un saco gigante de desechos al mes, eso me impactó. Reciclar no era el camino. Así, me propuse ir un paso más allá y no generar basura. Ahí partió la bola de nieve: hasta que el año pasado sacamos el basurero, eso fue el gran paso.

Reducir y reutilizar

Salvo un envase de cabritas que su hija recibió de regalo, con el que confiesa no saber dónde dejarla, los desechos que genere irán a una compostera que hace unos meses instaló en su patio. “Trato de llevar al mínimo la basura, porque siempre habrá, el tema es cómo manejo los residuos. Por eso compostamos”, dice.

-¿En qué consiste el proceso?
-Vas juntado los desechos de las verduras y las frutas en unos recipientes que están perforados para que las lombrices puedan respirar. Hay que ir poniendo de forma aleatoria desechos orgánicos y desechos secos, como cartones y hojas secas. Eso las lombrices lo transforman en humus, que sirve como abono para las plantas.

-¿Cómo se vio impactada tu alimentación con estos cambios?
-Una de las primeras cosas fue ver cómo comíamos. El 2014 había empezado una dieta vegetariana y eso me ayudó a evaluar cosas. Como que si quiero una hamburguesa de garbanzos sean garbanzos lo que tenga y no harinas y aceites que no me interesa comer, como los tienen las que uno compra. Con eso fue increíble cómo se redujo la basura. Otro cambio fue dejar la toalla nova y las servilletas, que eran la mitad del basurero. Tampoco uso film plástico más por costumbre que por otra cosa. Hace seis meses que no voy al supermercado. Solo he ido por emergencias y pierdo mucho tiempo mirando las etiquetas.