Así son las bibliotecas dentro de la cárcel, un camino a la reinserción

Carola Julio

Martes 15 de mayo de 2018

Más de 17 mil préstamos al año, en 46 recintos penitenciarios, es la realidad de las bibliotecas en los penales de Chile.

Como esta hay 46 bibliotecas carcelarias en todo el país, todas parte de un plan que comenzó hace algunos años a cargo de lo que entonces era la Dirección General de Bibliotecas, Archivos y Museos (ex Dibam), hoy el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural. Y los número no están nada mal. Sólo el año pasado tuvieron sobre 17 mil solicitudes de préstamos de libros en todos los recientes del país.

Miguel Rivera, encargado del Plan de Intervención en Recintos Penitenciarios de la ex Dibam cuenta que el proyecto nació con unas tímidas clases de alfabetización digital en las cárceles y en 2015 se lanzaron con un plan de bibliotecas como tal en los recintos penitenciarios.

“Hemos ido ganando terreno”, dice Rivera sobre estas bibliotecas que funcionan en forma similar a cualquier otra de carácter público.

“Nos juntamos con gente que había hecho talleres, ex internos, profesores de las escuelas en un claustro para definir qué era lo que más se leía”, explica.

Añade que se puso el énfasis en que los textos sean agradables, de fácil lectura y que tengan que ver con los oficios que tienen los internos.

Una “medicina”

Según las estadísticas que maneja el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural los títulos más solicitados son del tipo de autoayuda y novelas chilenas.

“La aplicación más práctica es mejorar la calidad de vida dentro de las cárceles, es como una medicina natural”, concluye Rivera.

Para Claudia Bendeck, directora nacional de Gendarmería de Chile, leer es una ayuda a la reinserción de los reclusos.

“La lectura tiene un valor en sí misma, que dice relación con el aprendizaje y con el desarrollo y crecimiento personal, ya que implica acceso a información, cultura, nuevos conocimientos. En el caso de los espacios de lectura en recintos penitenciarios es una herramienta que evidentemente nos permite complementar y fortalecer los procesos de intervención de las personas privadas de libertad, siempre con la reinserción como objetivo”, dice.

Colina 1

En la cárcel de Colina 1 lo más pedido por el momento es La historia secreta de Chile (de Jorge Baradit) y El secreto (de Rhonda Byrne). Pedro Engel también está entre los top, igual que en varios otros recintos penitenciarios.

Colina I tiene una de las bibliotecas más completas de los penales chilenos y con sólo entrar en ella se percibe un cambio el ambiente. En realidad estar en ese espacio es sentir un poco de libertad donde no existe.

Mientras una pareja de internos juega ajedrez, hay otro par que lee revistas y uno que se enfoca atentamente en un texto. Es Eduardo Miranda, el lector estrella de la biblioteca que ni se arruga para mencionar una lista de filósofos casi desconocidos. En dos años ha leído unos 30 libros y eso que llegó a sus cuarenta y tantos años, casi sin saber leer. Su texto favorito es Breve historia de la Filosofía de Humberto Giannini, pero no tiene ningún problema en saltar también a Rivera Letelier. Y dice que no lee textos políticos porque “no le gustan los políticos”.

Cuenta que con estos títulos se ha dado cuenta de que la vida cambia, que la gente cambia. Miranda pasa leyendo unas cuatro a cinco horas diarias en la biblioteca. Pero los textos populares en la cárcel no le gustan. Piensa que son más de lo mismo y por eso prefiere textos que salgan de lo común.

Pedro Aránguiz, encargado de la biblioteca de Colina 1 cuenta que son una de las bibliotecas que tienen más préstamos a nivel nacional y con orgullo sostiene que salen de la biblioteca 20 ejemplares diarios, más 20 consultas en sala, en promedio. Cuenta, mientras recorre la biblioteca, que, por ejemplo, el libro de Gary Medel (Simplemente Gary, de Cristián Arcos) les encanta.

Los internos llegan por el boca a boca a mirar los libros y tienen que sacar un carné que les permite circular con cierta libertad hacia y desde la biblioteca. “Esto los saca de la realidad que están viviendo”, concluye Aránguiz.