Tus alas

Patricio Corvalán

Jueves 08 de marzo de 2018

A veces, me asustan tus alas. Aunque ya se vean firmes. Te imagino en el vuelo y de pronto me aterra que tropieces con una nube dura, algo que te insinúe que no puedes, que no debes, que te frene y te desencante.

Pero me gustan tus alas. Porque son fuertes. Porque te sueño volando y es como si los mismos dioses que me premiaron poniéndome a tu lado te mostraran que no hay nubes ni límites y que el vuelo sólo aterriza cuando tú decidas que ha acabado.

Me seducen tus alas. Por inquietas, por vencer los pesares de siglos sin despliegue, por dejarse ver iluminadas. Me encantan tus alas, porque están dispuestas para la lucha y el reto, porque no se doblan ni doblegan, y se levantan como escudo y como estrella.

Envidio tus alas, porque no las tengo, porque todo lo que hemos hecho por negarlas ha sido por la soberbia torpeza de los miedos. Y porque, pese a ello, estás volando.

Me entusiasman tus alas. Atrevidas, traviesas, insaciables. Porque aletean profundas y, aunque tema que despeguen y me dejen, levantan el viento inquebrantable del reclamo y la justicia hasta lograr lo que es negado.

Tus alas no se cansan. Sería tan fácil la renuncia, para los que no podemos despegarnos de la tierra, que sorprende el arrebato y la locura, volando tanto a contraviento y a pedradas.

Me asombran, me sorprenden y me intrigan. Por lo que cubren y lo que alcanzan. Por lo que dibujan desde arriba, secreto abismo que estás en los cielos, desde donde me ves más pequeño y olvidado.

Seguimos siendo crueles, no hay remedio. Aún existe excusa para esgrimir lo innecesario. Nos llenamos la boca con pequeños gestos, pero tus alas porfiadas a lo lejos ya no escuchan. Libres, rebeldes, de nadie. Se han ido, solas, y emocionan, aunque nunca regresen ni estemos a la altura de tu vuelo.