Los secretos del jardinero de la plantación de marihuana medicinal más grande de Latinoamérica

Sebastián Alburquerque

Jueves 22 de marzo de 2018

Pablo Meléndez es el Jefe de Operaciones de Fundación Daya, a cargo de una plantación que más parece Shangri La, el paraíso en la Tierra. Acá devela los secretos de este huerto que producirá la materia prima para medicamentos que se entregarán de forma gratuita a más de 2.500 pacientes en todo Chile.

Fotografías por Gabriel Gatica.

De lejos parece una cárcel. Entre las torretas de seguridad y la malla de kiwi cubriendo el enrejado que circunvala todo el perímetro, la plantación de marihuana de la Fundación Daya parece más un patio de Guantánamo que un huerto. Queda en la Séptima Región, en una locación secreta. “Cuando estés cerca te mando la ubicación exacta”, me había dicho unas horas antes Pablo Meléndez, Director de Operaciones de la fundación. Hay guardias día y noche, y cámaras de seguridad en todos los accesos del predio. Pero en cuatro años de funcionamiento nunca ha ocurrido ni siquiera algún incidente que valga la pena contar.

“Las torres son exigencias del gobierno nomás. Nunca hemos tenido ningún percance ni intento de nada”, dice Pablo.

Detrás de la reja se esconde la plantación de marihuana medicinal más grande de Latinoamérica, con más de 400 plantas, que pueden dar hasta 520 kilos de flores de marihuana seca por temporada. A diferencia de Shangri La, el mítico valle de felicidad permanente perdido en los Himalaya, esta plantación terrenal existe en la terrenal Región del Maule.

Son filas y filas de plantas de diez cepas de marihuana diferentes, que se extienden a lo largo de columnas por más de cien metros. Pero sería más correcto hablar de árboles que de plantas, con algunos ejemplares que superan los tres metros de altura y con troncos gruesos como brazos. En la mañana el olor puede ser tan denso que algunos trabajadores piden mascarillas. Pablo no. “A mí me encanta”, dice entre risas.

– ¿Cómo empezaste con el tema de cultivar?
– Empecé con ampolletas incandescentes, en el velador de mi casa, sin el permiso de mi mamá, cagado de susto, jajaja. Y acá estamos. Eso fue hace 12 años. Tenía 21.

– ¿Y te acuerdas cómo quedó esa primera planta?
-Podría decirse que siempre he tenido buena mano. Siempre encontré entretenido crearle un ambiente a la planta. Ahí empecé con un hobby que exploré harto. Nunca vendí un pito en mi vida, eso sí.

pablo melendez por gabriel gatica 02

Estamos a pocas semanas que se inicie el proceso de cosecha, y los trabajadores aumentarán a más de doble. Normalmente trabajan treinta personas en el cultivo, pero para la cosecha serán cincuenta, la mayoría mujeres.

“En la cosecha se necesita un grado de detalle y delicadeza amplio y las mujeres se destacan en eso y nosotros los hombres no, jaja. Y también hay un poco de responsabilidad social. Para encontrar trabajo aquí en la región hay que salir a otras regiones. Para los hombres no es un problema, pero las mujeres tienen los hijos, tienen la casa, entonces se les apoya un poco para que tengan un trabajo digno. Los sueldos aquí son diferentes a otros proyectos agrícolas, aquí el mínimo es $400.000 líquido y eso no se ve en otros proyectos. Eso es lo que puede ganar el agrónomo o el técnico agrícola, no los temporeros. En eso esta empresa quiere hacer una diferencia”, asegura Pablo.

Las matas no se pueden tocar y las fotos están prohibidas para los visitantes. En cada planta sobresalen las ramas cargadas de cogollos, que de vez en cuando se mueven porque un saltamontes la usó como trampolín. Es un cultivo orgánico, por lo que no se pueden utilizar pesticidas químicos. Los únicos bichos que no se han podido erradicar son los saltamontes, pero es tan poco el daño que causan en los cultivos que es más fácil dejarlos, que perder la certificación que asegura que se trata de un cultivo orgánico.

Orgánico y de clones. Cada una de las más de 400 matas provienen de clones de otras plantas, lo que asegura que todas tengan resultados similares de producción y de genética idéntica. Esta marihuana está cien por ciento destinada a la producción de medicamentos. Se cosecha, seca y sella al vacío, para luego ser trasladada a Laboratorios Knop, donde se produce el Cannabiol, un medicamento en gotas que sirve para tratar desde la epilepsia en niños a paliar los efectos del tratamiento contra el cáncer.

La Fundación Daya a partir de las próximas semanas proveerá de manera gratuita el tratamiento por un año a 2.500 pacientes de 15 municipios de todo Chile.

Además se está trabajando en una crema tópica para todo tipo de afecciones a la piel, en especial el eczema. “Hace menos de un año el ISP autorizó el ingreso de un medicamento que se llama TC100. Tiene un costo mensual de hasta $600.000 y el nuestro debería costar máximo $60.000. Será el medicamento en base a cannabis más barato del mundo”, afirma Meléndez.

pablo melendez por gabriel gatica

Pero plantar marihuana con el permiso del gobierno no ha sido fácil. Cada año el trabajo en la plantación se inicia con varios meses de atraso por trabas que pone el Servicio Agrícola Ganadero, ya que la fundación debe cada año postular para que le renueven el permiso. Hasta hace poco, el SAG también los obligaba a quemar todas las hojas y subproductos de la planta, con toda la contaminación que ello genera. Recién ahora pueden compostar las hojas.

– ¿Crees que se puede avanzar hacia la legalización?
– Mi opinión es que deberíamos haberlo hecho hace harto tiempo. La realidad acá en Chile es que durante estas semanas debiera aprobarse una modificación de la Ley 20.000 que permite que los usuarios de cannabis medicinal puedan evitar el ingreso de las policías y la incautación de sus plantas a través de un receta médica. Es lo mínimo que debiera hacerse. La ciencia tiene que imponerse por sobre los prejuicios, y la ciencia indica que esta planta tiene que estar en el corto plazo al acceso de todo ser humano que la necesite (nota de la redacción: ayer se aprobó en general el proyecto, que ahora pasará a la comisión de Salud).

– En Estados Unidos desde que se legalizó el consumo en algunos estados la industria ha explotado (se proyecta que sólo en California este año la marihuana moverá $3,7 mil millones de dólares). ¿Crees que podría pasar algo así en Chile?

– Sí. Bueno tu sabes que somos más neoliberales que los más neoliberales del mundo. Si es que esto algún día se destraba yo creo que se podría llegar a esos niveles de capitalismo. Claro, en Estados Unidos hay chicles, aguas saborizadas, osos de gomita, lo que te imagines existe. No me gustaría que fuera tan llevado al extremo, pero estamos en Chile, así que podría pasar. Nuestra idea es que esta planta, esta medicina, tiene que estar al alcance de cualquier persona.