Chile según Warnken: "La elite dejó de creer en el valor de la palabra"

Ignacio Tobar

Jueves 15 de marzo de 2018

A punto de partir sus talleres literarios, Cristián Warnken entrega su diagnóstico de Chile, le recomienda al Presidente Piñera leer a Marco Aurelio y declara: “En la poesía está el ser profundo de Chile”.

Texto:Ignacio Tobar Fotografía: Gabriel Gatica R.

Bielsa. Marcelo Bielsa. En unos minutos más Cristián Warnken, insigne hombre de la palabra en televisión con programas como La belleza de pensar y Una belleza nueva, hablará del ex DT de la Roja, del día que lo equiparó con el poeta francés Mallarmé y de la inesperada conversación telefónica que tuvo con el argentino. Antes, en la entrada de su casa, detiene su 1,94 metros de altura y contempla la plaza frente a su casa en Vitacura. “Este barrio es una isla, los niños andan libres, frecuentan las casas, la reja siempre está abierta, tenemos cero seguridad”, dice. La plaza es la portada de su libro Aún no ha sido todo dicho, que reúne sus columnas publicadas en El Mercurio. Luego presenta a sus hijos que agitan la vida en la casa Ley Pereira donde pasa sus horas de lectura y escritura. Suban, dice y parece un gigante cuando pisa los escalones que conducen al segundo piso donde está su biblioteca de 6 mil libros.

La palabra, la poesía y las letras, cuenta, le llegaron por osmosis. Su padre fue hijo de una poetisa amiga de la Gabriela Mistral, se llamaba Patricia Morgan, que además fue cercana a la poeta uruguaya Juana de Ibarbourou. Por su mamá, otro ilustre, su hermano fue Enrique Lihn, a quien no hace falta presentar. Basta decir que es autor de un versos decisivo en la vida de su sobrino: “Porque escribí estoy vivo”.

El 4 de abril, el hombre que ha entrevistado a escritores, biólogos, filósofos, arquitectos, poetas, y un sinfín de personajes a nivel planetario, arranca con una nueva versión de sus talleres literarios Viaje a la palabra (viajealapalabra.cl). Abiertos, aclara, para todos, para eruditos y para los que no saben nada de letras. “El único requisito es el entusiasmo. No es barato, pero damos algunas becas”, advierte.

Pese al ADN, tiene claro cuál fue el libro que lo marcó: Los hermanos Karamazov. “Me acuerdo que paraba de emoción al leerlo. Lo he vuelto a leer por lo menos 10 veces para entender qué fue lo que me pasó, qué me marcó tanto. Creo que ahí entré al mundo de los rusos y Dostoievski fue un faro, un referente, no encontré a un escritor del siglo 20 que alcance las dimensiones humanas que toca”.

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-¿Lo leemos en Chile?
-Tiene lectores inesperados. Mi hijo Alonso me contó que un compañero de colegio suyo lo lee, de 15 años, lo lee un millenial. Yo recomiendo el que quiera ir al Mundial de Rusia, que lea a Tolstoi, desde luego, y a Dostoievski. Que se admiraron mutuamente, aunque son como el ying y el yang. Yo sé que Dostoievski llevaba un libro del Tolstoi al momento de morir y Tolstoi uno de Dostoievski en el mismo momento. Increíble.

-¿Así son tus clases, bajar de lo denso y lo inalcanzable a la cultura?
-No son clases tradicionales. Lo que yo conquisté en estos talleres es un espacio de libertad que no tenía en la universidad y el colegio, que están cada vez más estandarizadas. Me cree mi propia universidad, digamos. Estos talleres son un viaje, le quito ese peso académico. Más que una clase es una experiencia de la poesía, sobre todo en Chile que somos un país poético, con mala cultura poética. Un alumno me dijo que las clases son una ópera. Yo me transformó en juglar y salgo de esa imagen mía de serio con el fondo negro. Soy el capitán de un barco ebrio, para emular a Rimbaud, soy una especie de DJ que está haciendo mezclas, cruzo de lo escrito a lo oral. Más que crear escritores es muy importante crear lectores, u oidores de poesía.

-¿Por qué ese juego no está en la universidad?
-No está pero va a estar. Creo que esta era del post humanismo o era digital lo cambiará. El libro marcó toda la cultura por ser un objeto con comienzo, desarrollo y final. Hoy todo es fragmentado, como un collage. Mis clases tienen algo de eso, están hechas en un formato que tiene que ver más con este tiempo que con la clásica clase. No puedes hacer una clase del filósofo Nietzsche aburrida, tediosa y escolar, destruye el espíritu mismo de Nietzsche. La poesía tiene un origen oral que se ha ido olvidando. La poesía hay que oírla primero.

-Las lecturas que hizo Neruda de sus poemas las convertimos en gags de TV.
-Sí. Y esa voz es como un mantra, son voces especiales como la Mistral. Una de las grandes pérdidas ha sido la oralidad, la Mistral y Neruda y Violeta Parra se nutren de un contexto de oralidad muy viva, una chilenidad rica en refranes y dichos, un lenguaje propio.

-¿Cuándo nos alejamos de la poesía, fue la dictadura?
-La poesía misma se ha ido cerrando en sí misma. Se vuelve más intelectual y se aleja de ese público que lo escuchaba antes. Gabriela Mistral escribía rondas y canciones de cuna para que las mamás les cantaran esas canciones a los niños. Y son poemas extraordinarios. Nuestra sociedad puso toda la energía en el crecimiento económico. Toda la épica del país ha estado en crecer, en dejar de ser pobres.

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-Y nos volvimos pobres de espíritu.
-Lo más probable es que lo estético, lo poético, lo inútil comience a ser visto como algo irrelevante. Es el divorcio de la alta cultura y lo popular. Puede sonar pretencioso pero diría que en la poesía está el ser profundo de Chile.

-¿Por qué es tan importante la poesía?
-Te contestaría con una frase del místico alemán Angelus Silesius que decía “la rosa es sin por qué, florece porque florece, no le importa si es mirada”. La poesía es sin por qué, pertenece a la dimensión de la gratuidad, del don completo. Eso no significa que no pueda transformar la vida de las personas. Es la dimensión del canto en el sentido profundo. Breton decía que en la poesía las palabras hacen el amor. Donde no hay palabras hay un terreno propicio para la violencia, la angustia y el sin sentido.

-¿Cómo está Chile en esa línea?
-No quiero ser pesimista pero evidentemente que en términos de la elite que dirige el país, salvo contadas excepciones, no pareciera que ni la cultura ni la poesía ni el espíritu ocupen un lugar central, salvo como un adorno. En el Chile antiguo tenías a Andrés Bello haciendo un discurso en la Universidad de Chile, un poeta, estudioso de los clásicos. La elite dejó de creer en el valor de la palabra. Pero hay movimientos subterráneos que están cambiando. Las editoriales independientes están lanzando libros de poetas y se agotan.

-¿Qué libro podría cambiar o ayudar a reflexionar al Presidente Piñera?
-Las meditaciones de Marco Aurelio, emperador romano. Le recomendaría este libro porque era un filosofo estoico al que se le murió la mujer, varios hijos, cuando era muy joven y le tocaron guerras brutales, vio morir a su hermano, enfrentó pestes, epidemias, catástrofes, como tsunamis y terremotos, como lo que le pasó a Bachelet, pero le tocó todo junto. Y mantuvo la templanza y mantuvo al imperio porque había estudiado filosofía y tenía dos maestros. Una filosofía para la vida, no abstracta. Es interesante su doble faz. Pero siendo oposición no hay que esperar que el otro pierda, eso es fatal, es un cálculo tonto, no porque al otro le vaya mal a ti te va a ir bien.

-El sabio profesor Gastón Soublette podría ser consejero de Piñera?
-Que sea presidente, jajajá. Que lidere un consejo de sabios de la tribu y que Piñera lo escuche, jajaja, ahí hay que hacer couching. Como la política está en crisis, la figura que viene será la del político filósofo. La figura perfecta del futuro es la del político taoísta.

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-¿Por qué te dolió tanto la partida de Marcelo Bielsa?
-Era la figura del maestro. Aunque lo acusaban de autista y loco, me gusta su austeridad, su lejanía de la farándula, su sencillez, su inteligencia, yo decía que en la política chilena nos faltó un Bielsa.

-Quedamos huérfanos con su partida
-Hubo un quiebre, algo se fracturó. Chile había encontrado un maestro que era capaz de dirigir a gente joven, pero representaba lo mejor del pasado. El profe, le decían, y nosotros durante mucho tiempo veneramos a los profesores. Yo lo comparé con el poeta francés Mallarmé que se concentra en el poema y no está perdiendo tiempo en entrevistas. Bielsa se concentra en el partido, ese es un poema, no lo jodan porque no da entrevistas. Y me llamó por teléfono esa vez. Y es impresionante cómo habla, así redactado como los argentinos. Un tipo superior, su profundidad y su inteligencia. Su salida adelantó simbólicamente una crisis.

-¿Qué visión tienes del feminismo?
-Me parece extraordinario que la mujer haya ganado libertades, el voto, y todo lo que ha ido ganando. Pero me parece peligroso que la causa de la mujer sea monopolizado por grupos radicalizados y fanáticos que finalmente que son una nueva beatería. Los grupos iluminados, dueños de la verdad, son peligrosos. Hay que tener ojo de pasar de un machismo brutal a un feminismo radical.

-La dictadura de las minorías.
-Sí. Pequeños fascismos de minorías. Debilitar la figura del hombre y del padre al extremo creo que es complicado, contra natura.

-¿Sientes que tus programas en TV educaron y le salvaron la vida a muchos jóvenes que se educaron inesperadamente?
-Cuando lo hice nunca tuve mucha conciencia del impacto que tuvo en tanta gente. Hace un tiempo llamé a Sebastián Lelio y le dije “soy Cristián Warnken, no sé si te acuerdas de mí”. Y me contestó: “cómo no, si La belleza de pensar fue una escuela, una fuente”. Yo mismo me sorprendo. Ahora quiero revitalizarlo de manera digital, estoy buscando auspiciadores y darle una vitalidad a otrocanal.cl, donde están las entrevistas. Queremos hacer nuevas entrevistas.