La semana de los picados

Julio Salviat

Domingo 25 de febrero de 2018

Me soplan que Christian Garin y Nicolás Jarry leyeron lo que escribí de ellos hace dos semanas, cuando les reprochaba que teniendo tantas condiciones no despegaran en sus carreras tenísticas. Dicen que se picaron tanto, que decidieron cerrarme la boca. Y lo consiguieron.

Desde que era juvenil y estaba catalogado entre los mejores del mundo que Garin no llegaba a una final de torneo. Lo consiguió en el Challenger de Morelos, en México, y sólo se rindió ante el tercer preclasificado y 210° en el ranking, el estadounidense Dennis Novikov. Antes había despachado al australiano Marinko Matosevic (334°); a otro gringo, Evan King (179°), al ruso Dimitri Popkov (254) y al también australiano Thanasi Kokkinakis (215°). Con excepción de Matosevic, todos estaban sobre él en el escalafón mundial.

Lo de Jarry resultó más espectacular todavía, aunque solamente llegó a semifinales. Desde que se hizo profesional nunca había estado de lunes a sábado sin perder un set. Eso hizo en el Abierto de Rio de Janeiro, un campeonato que atrajo a figuras que están entre los 50 mejores del mundo.

Para llegar tan alto, el nieto de Jaime Fillol venció a dos españoles especialistas en arcilla: Guillermo García López (67°) y Albert Ramos (¡19°!), y al uruguayo Pablo Cuevas (33°). Su verdugo fue el segundo mejor jugador de la escuadra argentina, Diego Schwartzman, que ocupa el lugar 23 en el escalafón. En el mes más corto, Jarry tuvo el recorrido más largo. Y siendo el jugador más alto de Sudamérica (1,98 m), perdió con el más bajito de los tenistas profesionales (1,70m).

Un tenista se consolida cuando logra una regularidad que le permite vencer a los que están más abajo en el ranking y superar a algunos que están más arriba. Jarry (de 22 años) y Garin (de 21) lo consiguieron con creces. Y parece que encontraron el rumbo.

La próxima semana voy a retar a Colo Colo, a ver si mejora.