Cuando Chile celebraba el 12 de febrero como el "18"

Cristian González Farfán

Lunes 12 de febrero de 2018

Recién en 1837, el 18 de septiembre se consagró como única fiesta nacional. Antes, hubo feriado hasta en tres fechas distintas.

Por Cristian González Farfán

Santiago, 12 de febrero de 1818. Plaza Mayor, actual Plaza de Armas. Todavía no hay cemento, asientos ni se levanta la estatua del caballo de Pedro de Valdivia. Tampoco hay gente tomando helado para capear el calor. Ni humoristas callejeros. En la vereda norte se erige la Casa de Gobierno, el edificio de las Cajas del Tesoro Público y el Cabildo. Del lado poniente asoma la Catedral. El portal Fernández Concha y sus puestos de comida rápida, en cambio, aún ni figuran en los planes.

Mientras el director supremo Bernardo O’Higgins proclama la independencia de Chile en Talca, la ceremonia se replica en la principal plaza de Santiago ante una multitud. El pueblo y las autoridades leen el documento que, al menos simbólicamente, decreta la separación definitiva de la corona española.

De ese suceso han transcurrido 200 exactos años.

“A veces se nos olvida que ese Santiago era muy distinto al de hoy. Chile era un territorio en guerra, empobrecido, con un 80 por ciento de analfabetos, donde lo visual cobraba mucha relevancia. Era una ciudad que estaba casi los 365 días a oscuras, porque no había luminaria”, dice la historiadora Paulina Peralta, autora del libro ¡Chile tiene fiesta! (LOM), en el que aborda el origen de las fiestas cívicas.

No siempre el 18 de septiembre fue la fiesta nacional por excelencia. Antes de 1837, Chile llegó a tener dos y hasta tres fechas distintas de celebración. El 12 de febrero -día que evocaba tanto la Batalla de Chacabuco como la jura de la independencia- era una de ellas. El 5 de abril, hito de la Batalla de Maipú, se festejó hasta 1824.

12 febrero chile

¿Cómo era el 12?

“Las tres fiestas cívicas no tenían grandes diferencias”, asegura Paulina Peralta, para quien estas jornadas conformaban uno de los tantos mecanismos de la clase dirigente para construir nación. “La aristocracia chilena no provocó la crisis de la monarquía española: el poder les llegó accidentalmente. Entonces al organizar las fiestas nacionales había mucho de invento, de ensayo y error, no tenían muy clara la película”, propone la historiadora.

Según el libro, tanto en el 12 de febrero como en los dos hitos restantes, la Plaza de Armas de Santiago concentraba los festejos. “Las autoridades iluminaban la ciudad con velas. Además, los particulares debían pintar de blanco sus casas y embanderar, para dar la señal de un lugar ordenado y limpio”, dice Peralta.

El rostro de la plaza cambiaba, de forma pasajera, durante las fiestas. Pirámides y obeliscos adornaban los tablados que se montaban para la ocasión. De manera que la elite podía “solemnizar actos relevantes para la historia de la república”, cita la autora. Ahí mismo los organizadores usaban fuegos artificiales que “tomaban la forma de objetos o figuras, tales como soles, castillos y volcanes”.

Además de arreglar las calles, la clase dirigente realizaba espectáculos artísticos, musicales y teatrales, más allá de la Plaza de Armas. La noche del 12 de febrero de 1827, por ejemplo, “la Municipalidad de Santiago gastó 22 pesos en la música contratada para tocar en el óvalo de la Alameda”, reseña Peralta, para quien las fiestas implementadas por la elite de la naciente república “no eran muy diferentes a las de la época colonial. No crearon algo muy novedoso”.

La originalidad, según la docente, radica en que “el mundo popular se apropió de estas fiestas”. Así se explica la presencia de chinganas y ramadas, tanto en el centro cívico como en los arrabales de la ciudad, especialmente en un llano al sur cuyas tierras coinciden con el actual Parque O’Higgins.

“Es posible decir que los 12 de febrero ya había ramadas”, apunta Peralta. El aporte de las clases populares lleva a la autora a postular que las conmemoraciones cívicas perduran hasta hoy como “fiestas oficiales con tintes carnavalescos”.

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¿Por qué se dejó de festejar el 12?

Recién en 1837, el presidente conservador José Joaquín Prieto y su ministro Diego Portales firmaron un decreto que consagró al 18 de septiembre como única fiesta nacional, y relegó a las tinieblas del olvido al 12 de febrero.

Desde la década anterior se venía formulando una inquietud de los gobiernos sucesivos por el exceso de días festivos del calendario chileno. “Hasta hoy la elite tiene una obsesión por la ética del trabajo, a favor de la productividad y de regular el ocio”, opina Paulina Peralta.

El factor económico, ante todo, conspiró contra el “12”. El Cabildo de Santiago, encargado de costear las fiestas, era una institución “quebrada”, a juicio de la autora. La ausencia de un presupuesto hasta 1830 determinó que los montos gastados variaran según la circunstancia. El 12 de febrero de 1826, sin ir más lejos, el municipio invirtió 2.400 pesos, y al año siguiente apenas 224 pesos. “En 1826 la fecha coincidió con el regreso de las tropas que anexaron la isla de Chiloé al territorio chileno. Por eso se hizo ese gasto extraordinario”, explica la especialista.

En 1830, el Cabildo estableció un límite de 300 pesos para gastar en cada fiesta cívica. El monto, sin embargo, fue rebasado en varios años venideros: solo los fuegos artificiales exigían una inversión de 300 pesos. Así, imposible cumplir.

Otra razón de peso que mutiló al 12 de febrero tuvo que ver con su fecha en el calendario. De acuerdo a Peralta, era común que en esa época veraniega, en el contexto de una sociedad rural, los encargados de organizar los eventos partieran al campo a trabajar en sus “faenas agrícolas”.

libro chile tiene fiesta

Ello habría consolidado al 18 de septiembre como exclusiva fiesta cívica, pese a solo ser el hito de la primera junta nacional de gobierno de 1810, fiel al rey Fernando VII. “En esa época se empleaban muchas metáforas. Era usual decir que la primavera era la luz versus la oscuridad. En Chile el invierno es crudo, la gente se guarda temprano, y en septiembre se empezaba a dejar el proceso de hibernación y la gente se encontraba con los vecinos.

-Paulina, ¿hemos celebrado en la fecha equivocada?
-No me atrevería a decir eso. ¿Dejamos de celebrar el 18 y celebramos el 12? Hay que entender que la fiesta es pasado y presente, y el 18 de septiembre está súper incorporado en nosotros los chilenos. Apoyaría la idea de revivir el 12 de febrero, siempre que haya un debate. No hay que olvidar que la jura de la independencia fue algo simbólico. El revés de Cancha Rayada ocurrió un mes después de eso. Chile siguió en guerra por más de una década después de 1818.