Brigitte Kattan: La coreógrafa que baila con el "monstruo"

Ignacio Tobar

Viernes 23 de febrero de 2018

Ella es una mujer feminista, empoderada, mamá perruna y que hace mucho -dice- “deserotizó” su cuerpo. Tras Viña 2018 tomará un avión a México para trabajar con Mon Laferte. “Vivo el hoy, después veré”, dice Brigitte Kattan.

En 2015 Brigitte Kattan aún no se teñía el pelo ni se tatuaba el cuerpo. Era, por decirlo, otra Brigitte. Pero algo pasó. Su amigo Mauricio Bustamante murió. Se conocían desde los 15 años. “Era uno de mis mejores amigos y murió de cáncer. Antes de morir me preguntó cuáles eran mis sueños en la vida, qué me atrevería a hacer, qué quería ser.

Fue una conversación súper fuerte en el hospital, que a mí me cambió la vida. Yo le prometí que iba a hacer todo lo que yo quería en la vida que estuviera en mis manos, lo que yo quisiera ser. Él me dijo ‘lo único que no vas a comprar es tiempo’. Fue muy sabio”, recuerda revolviendo el té que le han traído en el Hotel O’Higgins.

Hoy Brigitte tiene 28 años, su pelo es un original arcoiris donde se impone el rosado, entre su ropa se asoman tatuajes. Está en Viña porque por segundo año es la coreógrafa del festival. Es otra Brigitte. Cumplió su promesa. “Imagínate, Mauricio estaba en las últimas, él me decía ‘jamás creí que me costaría lavarme los dientes’.

Me acuerdo que yo le decía que quería tener el pelo rosado, y él me dijo ‘qué estás esperando’. Y yo creía que iba a ser complicado para mi trabajo y fue lo contrario. Entonces me di cuenta que cuando uno es honesto con uno mismo, todo fluye. Tienes que hacerte cargo de quién eres. Entonces me hice tatuajes, me cambié el pelo. Esa conversación me liberó. Hasta hice una obra en base a esa conversación, esa conversación me hizo viajar, me fui a Europa un mes y medio, a Turquía, sola. Esa conversación me empoderó”, sentencia.

Por estos días su vida corre, va y vuelve sin cesar de la Quinta Vergara. Ha llegado a ensayar más de 16 horas. Es el ritmo de una bailarina en Viña. “Somos 27 bailarinas que trabajamos para las competencias y la apertura. Yo fui bailarina en 2015 y después me llamaron en 2017 para ser la coreógrafa. Además este año vengo aparte con Stefan Kramer y con Augusto Schuster, con quien trabajo hace una década”, cuenta.

-¿Duermen las bailarinas en Viña?
-La rutina es ruda. Estamos muy cansadas. Y además está el tema del frío.

-El que no ha ido a la Quinta Vergara no sabe lo que es el frío.
-Sí. A no ser que estén en Holanda en invierno. Es la misma sensación. Arriba se siente mucho, entras en calor pero no llegas a sudar, te suda la cara por las luces, pero el frío es un factor fuerte, la garganta te quema. Nosotras bailamos descalzas o en tacos, cuando respiras sales y quedas como congelado por dentro, porque entras al choque saliendo de bambalinas.

-¿El Monstruo se da cuenta cuando un bailarín se equivoca?
-Cuando uno acusa el error con la cara. O cuando están todos para un lado y tú para el otro, aunque es poco factible, en la danza contemporánea se ocupa como un recuso creativo. Por eso si te equivocaste vas al fierro con el error. Hay que morir en el error y si se puede corregir hacerlo de inmediato. Este año tenemos un súper ballet, sólo mujeres. Álex Hernández lo decidió así. Así como en el fútbol los equipos son exclusivamente de hombres, aunque también hay fútbol femenino, pero no mixto, acá somos sólo mujeres.

-¿Cómo baila Augusto Schuster?
-Augusto es de esos artistas con lo que uno sueña trabajar. No le dices “ven, párate aquí”. Él aporta, crea, nos leemos súper bien. Y baila increíble, yo conocí al Augusto a los 13 en Amango. Le pregunté si era bailarín, pero era cantante. Para la edad y la época bailaba muy bien, tenía ritmo, se crió viendo videos de Michael Jackson. Le encanta la danza.

coreografa

-¿Cómo será el homenaje a Nicanor Parra en la Quinta Vergara?
-Es un trabajo colectivo. A mí me gusta Parra de mucho antes, es un honor trabajar en un homenaje para él. Inspirados en su poesía haremos danza contemporánea.

-¿Por qué bailamos mal los chilenos?
-No siento que sea así. Creo que es un tema de que a los tres años te sientan y no te paras nunca más, es un tema cultural. Cómo pretendes que una persona sentada tantas horas al día tenga movilidad. Yo iba al colegio en la mañana y trabajaba en la tarde para pagarme la escuela de danza. Hay que romper el canon.

-De chica empoderada
-Creo que sí. Más que como mujer como ser humano. Me declaro totalmente feminista, lucho sí o sí por nuestros derechos donde pueda y donde esté. Es importante que nos entendamos como iguales, como bailarina a veces te vistes con menos ropa, pero no es para un otro, es para ti. Las bailarinas tenemos una conexión con el cuerpo muy distinta. Tiene que ver con deserotizar el cuerpo. Ahí está la clave, no tiene por qué ser erótico usar un short. Si quieres cambiar las cosas, parte por ti. Cuando me acosan en la calle yo enfrento al acosador. Tenemos que cambiar. Por ejemplo, a la mujer nunca le dijeron “tú puedes decir que eres caliente”. En cambio a los hombres sí. Debe haber igualdad de oportunidad y derechos.

-Ser libre…
-Absolutamente. Tenemos trancas de la dictadura todavía. Tabúes, no decir las cosas. Necesitamos hablar. No me obligues a mí a hacer lo que tú crees.

-¿Si CHV se vuelve a adjudicar Viña seguirás de coreógrafa?
-No sé, no me programo más allá de tres meses. No proyecto nada. Termina el festival y me voy a México a trabajar con Mon Laferte. Siempre fue mi sueño, mi ex pololo tocaba con ella, nos seguíamos por Instagram y cuando ella me vio en Viña el año pasado me llamó y ahora tiene un proyecto grande.

-¿Eres una persona afortunada?
-Creo que hay que tomar decisiones y asumir las consecuencias. Y trabajar. No tengo miedo a perder nada. Si quieres cambiar, salir de tu oficina, hazlo, porque no pasa nada. Pero acepta las consecuencias. Yo hoy estoy siendo la coreógrafa de Viña, no soy la coreógrafa de Viña, ¿cachai la diferencia? Soy Brigitte, soy mujer, soy madre perruna de la Ofelia, soy hija, soy lo que sea que soy y estoy siendo.

-¿Y cómo vives en términos económicos?
-Horrible, endeudada total. Soy extremista y me paso. Vivo el hoy, después veré. Vivo sola, que ya es bien difícil en Santiago. Es mi libertad, mi privacidad, mi decoración, mi desorden. Me saco la cresta trabajando para tener lo que quiero y no lo que puedo. Yo creo en las personas y los momentos y no en las paradas. Porque nadie sabe nada.