Adictos al amor

Gabriel León

Martes 13 de febrero de 2018

“Cuando estás enamorado, es como si alguien estuviera acampando en tu cerebro”. Hellen Fisher, antropóloga y experta en las bases biológicas del amor, resume de esta manera los hallazgos de sus investigaciones de varias décadas.

Fisher (y otros investigadores) postula que el amor es una respuesta evolutiva que habría aparecido en nuestros ancestros -los primeros homínidos- hace unos cuatro millones de años y que habría sido muy útil para criar a los hijos en equipo, maximizando las probabilidades de subsistencia. Gracias a los avances en los sistemas de análisis del cerebro, se ha podido espiar qué ocurre en la cabeza cuando uno se enamora. Y también cuando a uno le han roto el corazón.

Los estudios revelan que cuando se muestran fotos de la persona amada a individuos que están profundamente enamorados, se activan zonas del cerebro muy similares a las que se activan en los estados de adicción.

Los individuos que están en las etapas iniciales del amor muestran algunos síntomas asociados a las adicciones (como euforia, deseo y tolerancia).

El rechazo romántico también tiene efectos en el cerebro, pues desencadena una serie de respuestas, incluyendo la activación de regiones del cerebro vinculadas con el dolor físico. Fisher propone que estrategias similares a las usadas para tratar adicciones podrían servir para superar una desilusión amorosa.

En aquellos que logran tener una relación de pareja más larga, se activan en el cerebro regiones relacionadas con el apego. Esta segunda fase comenzaría alrededor de los ocho meses de relación y junto con la primera etapa del amor romántico apasionado sería la base de las relaciones humanas de largo plazo. Una especie de adicción natural con una fuerte base evolutiva.