El último voy & vuelvo de Nicanor Parra

Ignacio Silva

Martes 23 de enero de 2018

A los 103 años falleció el antipoeta, considerado una voz primordial del siglo XX. Sus restos descansarán en su casa del balneario de Las Cruces.

En 1969, casi medio siglo antes de su deceso, Nicanor Parra escribió un poema en el que fantaseaba con el momento de su muerte. El texto, publicado en el libro Obra gruesa bajo el título Últimas Instrucciones, dejaba a sus cercanos las pautas de cómo debían proceder en su día final. “Vélenme con los siguientes objetos: un par de zapatos de fútbol, una bacinica floreada, mis gafas negras para manejar, un ejemplar de la Sagrada Biblia”, rezan unos de los versos del antipoema, en el que Parra además exigía con su irreverencia habitual que su velorio fuera en su hogar de La Reina y no en el Salón de honor de alguna universidad.

Fue precisamente en esa casa, ubicada en Julia Bernstein 272-D y en la que el antipoeta vivió durante tres décadas antes de refugiarse en Las Cruces, que Parra falleció a las 2.00 horas de este martes. Ahí también, como siguiendo su voluntad, será donde el clan Parra lo velará hasta primera hora de este jueves, en una ceremonia íntima y reservada exclusivamente para familiares y amigos cercanos.

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“Se está cumpliendo con todo, tal cual él lo pidió. Ustedes lo van a ver después”, comentaba Nano Parra, cuequero y sobrino del hombre que vivió 103 años y que cambió la poesía del siglo 20 en 1954 con la publicación de Poemas y antipoemas.

El rito, de hecho, no sólo incluirá los objetos que el mayor de los Parra exigió en Últimas instrucciones, sino también un ataúd con una inscripción que recuerda uno de sus artefactos más icónicos: “voy & vuelvo”.

ANTIRRESPONSO

Desde su construcción en 1958, la casa en La Reina de Parra fue uno de los escenarios importantes dentro de la cultura local. Allí, por ejemplo, se hospedó durante un par de semanas Allen Ginsberg, escritor y nombre principal de la generación beat americana. Allí fue también donde Parra crió a sus hijos, se refugió durante la dictadura, dio forma a los artefactos y creó material como las Bandejitas de La Reina, la obra centrada por un corazón con piernas llamado Mr. Nobody que luego se conocería casi como logotipo.

El escenario este martes, eso sí, distaba de esa carga histórica.

Cerca de las diez de la mañana, cuando se supo de su deceso, la entrada de tierra que da comienzo a la empinada colina donde se ubica la construcción recibía a los primeros familiares con un aspecto desprolijo. Había, de hecho, montones de ramas, maleza y basura apiladas a cada uno de los lados de su portón principal. La anécdota tuvo un vuelco surrealista hacia el mediodía, cuando un camión municipal y una pala mecánica llegaron a limpiar el lugar.

Antes de eso, el ambiente era de solemnidad. Hasta la casa, de hecho, sólo habían llegado familiares que, cada vez que arribaban eran recibidos por una guardia de Carabineros especialmente dispuesta en la propiedad. También ingresó un religioso que sólo estuvo adentro durante 45 minutos.

De curiosos o fanáticos, poco. Puede que sea por el complejo acceso a la propiedad (que sigue una numeración antigua), pero fuera de los vecinos del lugar, el único que llegó durante la mañana fue un ciclista que dejó una rosa en el portón.

De autoridades, menos. En esas primeras horas sólo llegó José Manuel Palacios, alcalde de la comuna que, fuera de estar durante unos instantes en el responso, anunció una medida: junto al clan Parra tomará las medidas para que, durante los próximos meses, la casa de calle Julia Bernstein se convierta en un museo consagrado a la memoria del antipoeta.

La ausencia de autoridades, eso sí, tenía un fundamento. “Lo que pasa es que venga Piñera, venga Bachelet, venga quien venga, no aceptan a nadie que no sea de la familia”, explicaría luego Bernardo Barrientos, presidente del centro de ex alumnos del INBA y uno de los pocos no cercanos a Parra que pudo entrar a la casa. “A mí me aceptaron ingresar sólo por el cargo que tengo. Estuve ahí, al lado de él”.

MÚSICA AMBIENTAL

Dentro de todas las veces que ironizó en torno a su muerte, Nicanor Parra se lo tomó con particular humor en la frase que completa la bandeja desechable del artefacto Carta del suicida. “Chao, no soporto la música ambiental”.

“Pero a mi tío hay que despedirlo cantando y bailando una cueca”, plantea Nano. “Las cuecas las va a tocar mi mamá, está todo predispuesto para eso”, agrega.

El plan ya tiene forma. Luego del responso en La Reina, el jueves en la mañana el clan Parra partirá a Las Cruces, lugar donde durante la tarde se realizará una misa abierta a todo público. “Ojalá llegué harta gente, no hay problema si llegan 500 mil personas”, dice el cuequero.

Luego de eso, según aseguró el abogado de la familia, los restos de Nicanor serán sepultados al interior de la propiedad que tenía en el balneario. Nano lo explica: “la idea es cumplir con todo lo que quería. Porque dice que si lo dejan bien, tranquilito, no va a molestar a nadie más”.