El sueño de una noche de verano

Gabriel León

Martes 09 de enero de 2018

Las noches calurosas del verano hacen que dormir sea una tarea compleja. Las ventanas abiertas algo ayudan, pero los ruidos (y zancudos) que se meten en la pieza dificultan la tarea ¿El resultado? Muchos que duermen poco, pasan el día somnolientos y contando las horas para intentar una pestañada. Lo que nos lleva a una interesante pregunta ¿Por qué tenemos que dormir? ¿Qué extraño impulso nos lleva a pasar varias horas al día inactivos, sin hacer nada aparentemente productivo y -eventualmente- al acecho de depredadores?

Todos los animales duermen (incluidos los peces) y, si bien algunos duermen muy poco, todos lo hacen ¿Cuál es el punto? Existen varias hipótesis sobre la necesidad de dormir, vinculadas a la posibilidad de “resetear” el cerebro después de un día de trabajo, limpiarlo de toxinas acumuladas o bien darle tiempo para consolidar los recuerdos y que estos sean más estables en la memoria. Y si bien no sabemos a ciencia cierta por qué dormimos, es posible que investigando los patrones de sueño de diferentes animales logremos acercarnos un poco a la respuesta. Por ejemplo, los elefantes solo duermen dos horas al día, y a veces ni siquiera de corrido ¿Qué adaptaciones les permiten vivir así?

A principios del siglo 20, científicos franceses hicieron experimentos con perros, a los que les impidieron dormir por varios días. Luego tomaron una muestra de líquido de sus cerebros y la inyectaron en el de perros bien descansados, los que se pusieron a dormir en el acto. Hay “algo” que se acumula en el cerebro durante el día y que nos lleva a dormir. Al final del día, los científicos que trabajan en esto se preguntan; ¿qué es tan importante para que los animales arriesguen todo -comer, aparearse, no ser comido- con tal de dormir? Esa es la pregunta que le quita el sueño a muchos.