Millonaria

Patricio Corvalán

Miércoles 20 de diciembre de 2017

Ni siquiera en tierra firme puedes olvidarte del naufragio. Eres inmigrante. Arrancas de tus propias guerras, de tu hambre o tu miseria para intentar recoger en otros lados las sobras de un paraíso que no es tuyo, y te incrustas en otro infierno, el que te refriegan cada vez que te miran en menos, cuando te insultan en la calle. Cuando te ignoran.

De algún modo, Izaskun lo vivió en carne propia. Viajó hace seis años desde Chile a Barcelona para terminar un doctorado, pero ni su pasaporte español pudo salvarla de las esquirlas por venir de un mundo raro. Eran pequeños detalles: en la universidad le hablaban en catalán sabiendo que no entendía y sus rasgos algo moros la marginaban de entrada ante la mínima esperanza de un trabajo.

Fue en otros como ella que encontró los primeros oídos donde apoyarse. Sentirse escuchada -dice ahora, aceptada después de tanto tiempo- es la tabla que te salva del naufragio.

Por una cuestión de empatía, Izaskun se enroló en la Organización Refugiados Bienvenidos, que se preocupa por que cada inmigrante tenga un hogar que lo reciba. Mientras eso sucede, Izaskun lo acompaña y lo escucha para que le cuente su historia, como acaba de hacerlo con Mamadou, un chico de 21 años proveniente de Guinea-Bisáu y que tardó siete en llegar por tierra a España para pedir asilo.

Han sido muchas las tardes en que con ella Mamadou se ha desahogado. “Sentía que debía hacer algo -dice ella en un video que se ha viralizado-. Conversar. Contarse la vida como amigos. Uno ve las noticias, pero hasta que conoces a alguien y te cuenta su historia no sabes exactamente qué es lo que ocurre”.

Izaskun entrega sus días como voluntaria para que otros se distraigan del infierno. “Pero no significa que no recibas. Siempre recibes. Conocer otras vidas me ayuda a ampliar mi visión del mundo y a poner en perspectiva lo que considero problemas que luego son muy menores”, dice.

Escuchando a tantos como ella, Izaskun de algún modo se ha vuelto millonaria.