La ruta para conocer las obras de Luciano Kulcweski, el Gaudí social chileno

Carola Julio

Lunes 18 de diciembre de 2017

Uno de los más prolíficos arquitectos del siglo pasado vuelve a brillar a través del rescate patrimonial privado y público.

Fundador del Partido Socialista, amigo de Salvador Allende, alumno, amigo y asesor de Pedro Aguirre Cerda. Luciano Kulczewski es la sombra viviente de un Santiago obrero, esforzado y al mismo tiempo elegante y mágico.

El arquitecto, de raíces francesas-polacas, revolucionó silenciosamente las construcciones de la primera mitad del siglo pasado, dando vida a un estilo único que le valió el apodo del Gaudí chileno. Sin embargo, y a pesar de su importancia, muchas de sus obras fueron demolidas y el legado desperdiciado. Hasta ahora. Rutas patrimoniales, hoteles y una fanaticada de la obra social y estética del arquitecto están yendo tímida, pero no menos eficaz, al rescate.

Patrimonio chileno es una agrupación de varios jóvenes que organizan rutas patrimoniales. Ellos han realizado una especialmente en honor del arquitecto y tienen otras en donde también destacan su obra. En uno de sus recorridos icónicos, la ruta de las gárgolas, se puede visitar parte del eclecticismo del personaje, conociendo su gusto por el diseño gótico.

Diego Escobedo, uno de los guías del grupo, rescata el valor del arquitecto e invita a sorprenderse con los detalles.

“Yo te diría que Kulczewski es quizás el arquitecto más inconfundible de los que dejó su huella en la capital. Su estilo es fácilmente identificable, y asombra hasta el día de hoy, no sólo a los aficionados a la arquitectura. En Patrimonio Chileno siempre que pasamos por la Casa Taller, invitamos a la gente a hacer un ejercicio súper simple: estirar el cuello, y quedan anonadados con la cantidad de bicharracos, grutescos y pequeños detalles ornamentales y simbólicos que dejó Luciano K”.

De Kulczewski se tienen más incertidumbres que certezas y en torno a él se tejen los mitos más inverosímiles de la ciudad. Amo y señor de un Santiago oscuro y repleto de personajes de ficción, como sus gárgolas, sus diseños de fierro forjado y las firmas y detalles de sus construcciones, de su obra solo hay un par de verdades: que sus planos guardados en la Universidad de Chile fueron robados y que, en gran parte por esto y en otra por el mito en torno a él, no se sabe cuántas casas construyó porque no todas las firmó.

Dentro de las que sí se sabe y que tienen un resplandor nuevo está el Hotel Luciano K, uno de los edificios más famosos del arquitecto, llamado “La Gárgola”, en calle Merced 84. Su dueño, Rodrigo Giadalah, cuenta que el proceso de reconstrucción del edificio no fue fácil, y que en cada rincón se podía respirar a Kulczewski.

“Tratamos de conservar la mayor cantidad del edificio, casi todas las puertas típicas art decó, puertas de madera que tenían unos vitraux que a pesar de que estaban rotos, los hicimos de nuevo”, asegura el ingeniero comercial.

Y agrega que “veíamos que tenía mucha historia. Es de 1928, art decó. Tenía el primer ascensor que funcionó en un edificio habitacional en Chile y además tenía otras características importantes como la terraza en el último piso. También puedes encontrar los pisos de parquet originales y algunos que hicimos nuevos, pero replicando los originales”.

“Cuando le dijimos al calculista que íbamos a hacer esta remodelación, le explicamos que queríamos botar la menos cantidad de paredes y construir la menos cantidad para que se acercara lo más posible a la original y él nos dijo que las remodelaciones que hiciéramos sobraban, o sea, que no íbamos a tener ningún problema estructural, porque Kulczewski a pesar de no contar con un calculista, había diseñado las paredes. Si tenían que medir diez centímetros, las había hecho de treinta”, comenta riéndose.

Dentro de la ruta destacada del arquitecto, podemos encontrar el barrio Virginia Opazo, un verdadero oasis cerca del Metro República que fue declarado barrio patrimonial, su casa taller, Luciano Kulczewski o Casa de Los Torreones, en la calle del mismo nombre, una casona de tres pisos de estilo neogótico medieval, la Casa Calpe o Edificio El Cuervo, en plena Alameda (Alameda #155).

También está el Colegio de Arquitectos y el acceso al funicular. Además hay un par de villas edificadas por él en Ñuñoa, Providencia e Independencia. Y quién sabe cuántos edificios más, muy adecuado a la personalidad de un camaleón de la arquitectura.

“La arquitectura lejos de ser una ciencia, es un hecho fundamental en las vidas humanas: dar vivienda, dar cohesión a la familia, dar un hogar donde se desarrollen las vidas humanas; alegrías, tristezas, penas, todas cobijadas dentro de un ámbito… Y además es un arte… reúne, así, estas dos condiciones que son sublimes”, soñaba el propio Kulczewski.

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