Andrés Ried: El profesor que explica por qué el ocio es tan bueno para el ser humano

Natalia Heusser

Jueves 16 de noviembre de 2017

El profesor de la Universidad Católica Andrés Ried reivindica el ocio, un concepto que según él ha sido desprestigiado injustamente. Y propone: las jornadas laborales debieran ser más cortas, los niños tienen que pasar más tiempo al aire libre y la gente debiera conectarse más con la naturaleza.

El 2009 Andrés Ried (48), profesor de la Pontificia Universidad Católica (PUC), estaba en los trámites internos para iniciar un doctorado y llamó a una de las coordinadoras del proceso. “Me preguntó en qué me quería especializar y le respondí que en ocio. Entonces me dijo qué bueno que hayan personas preocupadas de este asunto porque justo tengo problemas en los huesos. Ahí le precisé que era ocio y no óseo”.

A muchos les llama la atención que este profesor de educación física además sea doctor en ocio, un término que se asocia a la flojera, pero que está muy lejos de significar eso. “Al principio se ríen porque suena insólito o no me creen. Lo interesante de esto es que luego de las burlas se interesan por saber de qué se trata todo esto”, dice.

Ried es de Santiago, pero se instaló catorce años junto a su familia en Pucón en busca de una mejor calidad de vida. En esa ciudad, aparte de dedicarse a la docencia, ha podido desarrollar por completo el postítulo que adquirió en la Universidad de Deusto, España, pues por lo menos veinte horas semanales las destina a jugar futbolito con los amigos, a plantar árboles, a subir cerros y visitar enfermos en los hospitales a través de un colectivo de payasos en el que participa.

¿Cómo llegó a dedicarse a este tema? Ried se había desempeñado en distintas áreas, especialmente en cultura y deporte, y cuando quiso hacer un posgrado, descubrió éste que, a su juicio, aglutinaba y expandía estos intereses. “El ocio es el fundamento por el cual uno desarrolla actividades satisfactorias. Es una experiencia personal que se proyecta a lo social, donde uno aprende, es libre, pero además goza. Encontré que era un lugar increíble para tratar de explicar los enormes movimientos mundiales respecto al ocio, como el fútbol, por ejemplo”.

Por estos días, Ried está a cargo de una investigación sobre la experiencia de ocio en áreas silvestres protegidas, financiada por Fondecyt. “Se funda en la convicción de que las personas cuando hacen actividades de ocio en la naturaleza se recuperan de la fatiga, disminuyen sus niveles de estrés e incluso se reaniman físicamente. A diferencia de ver televisión, que no te restaura. De los resultados preliminares, descubrimos que acampar genera una consolidación de los lazos familiares y amistad porque se eliminan las jerarquías y se distribuyen las tareas. Junto a esto, se genera un vínculo con el lugar y un sentido de pertenencia al mundo natural”.

-¿Y entonces por qué se vincula el ocio a la pereza?
– De hecho, que te digan ocioso se considera un insulto. La pereza se asocia a la recuperación, cuando uno está agotado del trabajo y quiere descansar. Pero el ocio está lejos de ser algo no activo. Un montañista tiene que levantarse a las dos de la mañana para subir una cumbre, y en esa actividad de ocio hay esfuerzo. Entre las acciones que menos reportan satisfacción personal está ver televisión y echarse en el sillón, aunque son necesarias, no digo lo contrario. Pero se ha investigado que hay una mejor recuperación del cansancio haciendo cosas.

-¿Cuándo cambió la percepción que tenemos del ocio?
-Después de la Reforma y Contrarreforma del catolicismo, en la Edad Media, el ocio se descalificó como experiencia, se miró despectivamente y probablemente se asoció a la pereza. Y el trabajo comenzó a verse como una virtud esencial para la libertad del ser humano.

-¿Qué ocurre con este término en Chile?
-Aquí hay un fenómeno curioso. Somos de los países que más trabaja en horas, pero que menos produce. La mayoría está en su pega con el Facebook abierto, con una pestaña de juegos o en el chat. Esto distrae, pero no reactiva. Sin embargo hay empresas que han ido entendiendo el valor de las pausas activas, organizadas, planificadas para salir de espacios de concentración, como ocurre en grandes compañías como Google o Apple. En Chile de a poco se valora el concepto. A fin de año algunas empresas no están haciendo asados y optan por salir de Santiago, hacer caminatas o llevar a sus trabajadores a tirarse en rafting. O se van al Caribe a celebrar en un yate. Broma (…) Además del Facebook, en la oficina somos buenos para el café (…) Vengo llegando de España y ahí la hora del café es sagrada. La gente va a tomarse uno, conversa tranquilamente en la cafetería y nadie se siente sacando la vuelta.

-Entonces ¿sacamos la vuelta cuando tomamos café?
-Sí, porque tenemos trabajos que no nos satisfacen completamente. Pero es necesario sacar la vuelta, es muy impotente distraerse para no agotarse. El problema es que acá tenemos la idea de que sacar la vuelta es como a escondidas y en España se hace como una actividad formal. La diferencia es que allá no se toman siete cafés y a escondidas. Allá se respeta este tiempo y cuando preguntar por alguien que está en eso no responden ay, no sé dónde anda, como acá.

-¿Cuántas horas hay que dedicarle a lo que a uno le gusta?
-Yo diría que hay que reducir las jornadas laborales a 40 horas semanales porque eso permitiría más encuentros con la familia, con tu afición y más tiempo para dedicarte a las cosas que te hacen feliz. Mi ambición es trabajar la mitad de la semana y la otra mitad la dedicaría al ocio; sería maravillosa una sociedad que pudiera funcionar así.

-¿Cuáles son las actividades de ocio más comunes?
-Jugar fútbol en el caso de los hombres, o ver televisión y salir de compras al mall, una actividad que ha ido creciendo mucho y que puede ser discutible. El mall te brinda cine, comida, puedes caminar y comprar, pero es una actividad de ocio que depende mucho del consumo.

-¿Qué pasa con los niños y el ocio?
-No lo hemos estudiado en Chile. En otros países se ha detectado que los niños están disminuyendo drásticamente sus experiencias al aire libre, lo que es preocupante. Lo anterior se produce por tres razones: por sobreprotección de los padres que temen a que el niño se ensucie o se caiga; por el uso excesivo de pantallas, que se evidencia en las pataletas gloriosas que hace el niño cuando se las quitas; y por el proceso de urbanización. Los daños proyectados en esta línea son muy grandes.

-¿Qué tipo de daños?
-Surge la obesidad, la incapacidad de relacionarse con el mundo natural y la falta de socialización. Hay un fenómeno tremendo llamado kids of the room, que son menores que pasan la mayor parte del día encerrados en sus piezas con el teléfono, la tablet, el computador, internet y televisión.

-Con tanto colegio tampoco queda tiempo para disfrutar.
-En ese sentido la jornada escolar completa tiene muchas críticas. El colegio tiene a los estudiantes cautivos hasta las 16 horas, en vez de generar actividades de elección que sean enriquecedoras. La idea es que exploren y aprendan distintas cosas, pero el niño finalmente está estructurado y nunca toma decisiones. Entonces, ¿cómo les pedimos que participen en política si nunca han elegido?