El sonido de una papa frita

Gabriel León

Martes 10 de octubre de 2017

¿Importa cómo suena una papa frita al morderla? ¿Da igual el color del tazón en el que beberán su café por la mañana? ¿Influye en algo el peso del envase del yogur? Es interesante verificar cómo nuestros sentidos se integran de manera insospechada para modular nuestras experiencias sensoriales, particularmente al comer. Hace algunos años Charles Spence -sicólogo experimental de la Universidad de Oxford- se preguntó cómo el sonido de la comida afecta a la percepción de su sabor o calidad. Sentado en un bar se le ocurrió un experimento: poner a voluntarios a comer papas fritas y hacerlos que escucharan cómo crujían al morderlas.

Pero había un truco: los voluntarios escucharían el sonido a través de unos audífonos y, sin que ellos lo supieran, se modificaría levemente, haciendo a las papas fritas más o menos crujientes ¿El resultado? Las que crujían más eran percibidas como más frescas y ricas, a pesar que eran exactamente las mismas (de esas que vienen en un envase cilíndrico). La integración sensorial, es decir, cómo suena o de qué color es la comida, resultó ser tan relevante como su sabor.El café servido en una taza blanca se siente más fuerte que el servido en una negra y un envase de yogur más pesado los hará sentirse más satisfechos que la misma cantidad comida desde un envase más liviano. Estos cambios pueden alterar de manera considerable nuestra apreciación de la comida o el vino.

Hace algún tiempo se le pidió a un grupo de voluntarios que probaran un vino blanco y describieran su sabor. Palabras como “cítrico”, “vainilla” y “frutal” fueron las más mencionadas. Luego le presentaron a los voluntarios uno tinto; esta vez las palabras mencionadas fueron “chocolate”, “madera” y “tabaco”, aunque sin saberlo estaban probando exactamente el mismo, pero teñido con un colorante rojo sin sabor. Así que ya lo saben: no solo prueben su comida; escúchenla y véanla.