El monje budista que vino a caminar 45 KM entre Lonquén y Santiago

Carola Julio

Lunes 02 de octubre de 2017

Gyoro Nagase ha dedicado gran parte de su vida a caminar por un mundo mejor y estuvo en Chile como un homenaje al cantautor.

Es pasado el mediodía en el camino a Lonquén Sur. No hace ni frío ni calor. Gyoro Nagase ha caminado varias horas con un grupo de unos quince seguidores. Viajan rumbo a Santiago desde el memorial de Lonquén, donde han hecho una pequeña ceremonia para homenajear a Víctor Jara.

El monje toma su tambor y comienza a recitar un mantra. Camina rápido y a paso firme. A su alrededor, todos tienen hambre y más encima están atrasados con la agenda. Deben llegar a Santiago a un acto, en el Estadio Víctor Jara. Lacónico en sus palabras, austero en su ropa, el monje es un bloque caminante. De Pronto, Nagase considera que es hora de almuerzo, y se detiene a comer un sándwich y algo de fruta. Un fotógrafo le pide que camino un poco para tomar unas fotos, y él se molesta. Es su hora de descanso, y el hombre tiene la mecha corta. Por largo rato, se sienta junto a su almuerzo y no hay manera de hacerle una entrevista.

Alguien del grupo se acerca y lo persuade de contestar algunas preguntas. Lo que averiguamos es lo siguente: Nagase es monje budista japonés y custodio de la Pagoda de la Paz en Inglaterra desde 1985. Camina hace unos cuarenta años para criticar centrales nucleares, pedir paz, velar por la sonrisa de la gente y, en esta visita a Chile, recordar a Víctor Jara.

Son aproximadamente 200 monjes quienes practican la filosofía de Nagase. Forman parte de Nipponzan Myohoj, un movimiento religioso que emerge del budismo. Han construido Pagodas de la Paz alrededor del mundo desde 1947. Su misión: la paz ¿Cómo? Caminar y protestar por ello. “Su propósito es la acción”, dice Nagase. No la palabra. No es tratar de convencer a alguien. Según él, el hecho de caminar tiene un fin en sí mismo.

Una de las primeras actividades de Nagase en Chile, hace un par de semanas, fue visitar el Museo de la Memoria. Ahí conoció a la viuda de Víctor Jara y recorrió el museo. “Fue emocionante, no tengo palabras para describirlo. Fue sobrecogedor, abrumador conocer a Joan Jara”, sostuvo el monje.

¿Por qué Victor Jara?, se le pregunta. El monje responde: por su sonrisa. “Quiero rendir un homenaje en respeto a la memoria de Víctor Jara. Me parece algo muy natural de hacer”, dice.

El camino

Tras el mal rato, el monje sonríe. Cálida y generosamente muestra una discreta risa que se escucha parecido a su mantra. Habla de la vida, de su trabajo como custodio, de lo impresionado que está de nuestro país. Se sienta, en calma. Cuenta que ha participado en varias caminatas en el sur y ahora esta. Que visitó y caminó por el lugar de la masacre de Pampa Irigoin y quedó conmovido. Que estuvo en un conversatorio por la paz en Villa Grimaldi. Que esto también lo conmovió. Comparte mirando a los ojos. Parece un niño ilusionado. Cuenta anécdotas. Se estremece con lo que ha pasado en Chile.

Al final hay una sola pregunta que vale la pena hacer y siendo él un monje budista, pareciera ser la única importante.

-¿Cuál es el significado de la vida?
-No lo sé.

Con la misma sonrisa se despide. El camino de la paz lo espera.