Gracias por todo, profesor Pizzi

Carlos Fuentealba

Miércoles 11 de octubre de 2017

Es normal que tras un fracaso deportivo, los hinchas más viscerales se apuren en buscar a un culpable. En el fútbol el concepto de responsabilidad opera de manera mucho más vinculante que en la política y si a alguien no le va bien, se tiene que ir no más. Está bien que así sea y no hay mucha discusión en torno a aquello. Sin embargo, no me puede resultar indiferente la partida de Juan Antonio Pizzi, en medio de críticas destempladas y enjuiciamientos baratos. “Un inepto que tuvo suerte” se atrevió a escribir un colega, cuyas ansias de figuración no le permitieron ponderar su insolencia. Una lástima.

El rosarino asumió su responsabilidad, como correspondía, agradeció al grupo de jugadores y dio un paso al costado. No se esperaba otra cosa de un caballero como él.

Como tampoco se esperaba que nos diera tanto. Porque yo no me olvido que Pizzi asumió el mando de un camarín quebrado, tras una humillante derrota en Montevideo, en el que ya estaban presentes asperezas internas que probablemente ahora se multipliquen. No me olvido de la vergüenza que sentíamos los hinchas frente al descaro de Jorge Sampaoli, que luego de destaparse todos los dineros mal habidos que pactó con Sergio Jadue (saludos a Miami), negoció su onerosa salida de Chile mintiendo públicamente por televisión, frente a un periodista que por entonces sonreía mucho y preguntaba poco.

Por esos días el fiscal Gajardo allanaba Quilín y parecía que, una vez más, el esplendor deportivo se desbarrancaría víctima de los “conflictos políticos-federativos” (eufemismo para no investigar la corrupción). Nadie esperaba nada de Pizzi.

Pero sin enamorar a nadie- el de Bielsa, no es su estilo- “Macanudo” supo navegar por aguas muy tormentosas y llevó a Chile a conseguir una segunda Copa América- la Centenario- que no estaba en los cálculos de nadie. No me olvido de las tapadas de Bravo en Nueva Jersey ni de la espontánea fiesta popular que se vivió esa noche.

Y así como le agradezco a todos los jugadores por estos diez años de fantasía, también le agradezco a Pizzi, por los triunfos inolvidables (México, Uruguay, Portugal), por haber estirado la ilusión hasta ahora y, sobre todo, por haber demostrado que vale la pena ser decente, aunque todo se caiga a pedazos.