Los fanáticos del Club Nacional de Taca Taca se preparan para competir en el extranjero

Luis Valenzuela

Jueves 28 de septiembre de 2017

Todos los martes, desde hace cuatro años, los cultores chilenos del fútbol de mesa juegan durante horas en el subterráneo de un bar. Pero eso ya no satisface del todo a los miembros más fanáticos del Club Nacional de Taca Taca, que se preparan para competir en el hasta ahora desconocido circuito internacional.

La pelota posa sobre la goma del pequeño y rígido jugador. Sobre él, las miradas fijas de las duplas. Las ocho manos, firmes, sobre las manillas y, luego, la confirmación verbal: “¿Listos?”. Tras el ritual, la pelota se desliza sobre la madera del taca taca. De un lado a otro, con golpes secos y de efecto, hasta que sobreviene el ruido sobre el metal que avisa del gol. La euforia del juego y las cervezas ayudarán a que el volumen suba durante la noche en Providencia. Tanto, que no tardará en aparecer un inspector municipal con mala cara. Pero su visita pasará completamente inadvertida para los cerca de cincuenta parroquianos.

Esas escenas se vienen repitiendo todos los martes, después de las 20.00 horas, desde hace cuatro años. Se amontonan en torno a tres mesas, dos de ellas en un pequeño y caluroso subterráneo. El de la esquina de Antonio Varas con Providencia es el tercer bar que ocupan desde que se constituyó el Club Nacional de Taca Taca, una entidad con personalidad jurídica que suma cincuenta y siete socios.

La génesis fue en 2014, cuando Felipe Rivera (36) y Jorge Barriga (35), volvieron un hábito desafiarse a jugar. “Yo tenía un taca taca en mi trabajo y Jorge también, en su antigua hostal. Como era mi proveedor, siempre jugábamos. Y queríamos hacerlo más seguido. Pasaron los meses y quedamos en juntarnos, con más amigos, un día martes. Yo llegué con un grupo, pero Jorge no pudo ir. Nosotros jugamos igual y Jorge fue a la semana siguiente. Ahí hicimos el primer torneo, con amigos de ambos. Quedamos en que cada uno llevaría un amigo. Y así esto empezó a crecer, porque cada semana éramos más”, dice Rivera, el presidente de la entidad que el propio Barriga aún integra, como tesorero.

La secretaria, Sara Méndez, insiste en las propiedades terapéuticas del fútbol de mesa, la denominación más universal del taca taca. “Esto implica como una pausa laboral, un momento de esparcimiento, es un desestresante natural. Es muy adrenalínico. Muchos de los que vienen nos cuentan que jugaron cuando niños, entonces es como retomar lo lúdico”, afirma.

Sara, trabajadora social de profesión, tenía una mesa en su casa cuando niña. “Éramos dos hombres y dos mujeres. Mis papás tuvieron la genial idea de comprarnos un taca taca. Jugué entre los siete y los once años. Era buena. Después no jugué más hasta que un vecino me invitó al club. En ese tiempo eran quince personas solamente”, dice.

La infancia se repite como hilo común, aunque otros jugadores partieron en la universidad. Tefy y Roberto, una de las duplas más jóvenes en el bar, comenzaron a practicar en la Universidad de Chile. Ella estudiante de auditoria y él de ingeniera comercial, se unieron para un torneo nacional organizado por una marca de gaseosa. También hay un comerciante iquiqueño, una pareja de pololos, una periodista y un diseñador de este diario, entre otros. El panorama es diverso, tanto en edades como en condiciones físicas. Una cuarta parte son mujeres, si bien solo dos las inscritas.

-Jugaba en el barrio, en la adolescencia. El año pasado me picó el bichito nuevamente y busqué donde jugar. Así encontré el club, donde practico regularmente. Quiero ser competitivo en torneos internacionales. A futuro, pretendo preparar a mis hijos de cinco y seis años para que practiquen este deporte. Y en una década llevarlos a torneos internacionales conmigo”, cuenta René Ortega, constructor civil de 38 años.

Hace un mes, con recursos propios, diez integrantes del club viajaron a Cochabamba, a disputar el Campeonato Internacional Pro Tour Bolivia 2017. Al igual que en su primera expedición, a Mendoza en marzo de este año, las horas de juego fueron inútiles. Las mesas profesionales resultaron ser muy diferentes a las criollas: las manillas tienen forma rectangular, como de raqueta de tenis. El zapato del jugador, mientras, es similar a la de un destornillador de paleta.

“Fue así que conocimos por primera vez la mesa Tornado T3000, que es de fabricación norteamericana”, acota Sara Méndez. “Por esa dificultad, en Bolivia realizamos un juego súper defensivo. Con decirte, que tapamos goles como enfermos. Fuimos un espectáculo: se acercaban a ver como los chilenos atajaban los goles”, añade Julio Campos, publicista y colaborador de la directiva.

club nacional de taca taca

La International Table Soccer Federation (ITSF), entidad con sede en Nantes (Francia) que aglutina y norma el fútbol de mesa a nivel mundial, solo reconoce cinco fabricantes en el mundo. Por eso el club busca recaudar fondos para importar un modelo que se instalará en el Club Social Juan Ramsay, en Santiago Centro. “Estamos en una campaña de donaciones (www.facebook.com/clubdetaca). Regateando mucho, nos cuesta un millón y medio importar una. Acá el socio puede venir a jugar cuando quiera, pero allá existirá un control mayor del uso”, cuenta Campos.

Cuando la mesa aterrice en Chile, el clan de tacataqueros deberá acostumbrarse a su ergonomía y a normas desconocidas. Existe el tiempo muerto y la pelota debe pasar por la defensa y el mediocampo antes de anotar. Por eso los encuentros pueden extenderse por más de una hora. A fines de octubre, la selección chilena probará su bagaje en Lima, en la primera Copa América de la especialidad.

“El presidente de la Asociación Argentina de Fútbol de Mesa, Rafael Colaso, nos permitió entender este mundo profesional. Y mandó una carta para que nos admitieran, pese a que no teníamos nada. Allá tienen tanto avance, que el presidente se dedica exclusivamente a su función. Es su trabajo. Acá somos 100% autogestionados. Cobramos una luca por los torneos recreativos y es toda la entrada de dinero que tenemos. Ojalá esta noticia la lea Farkas”, admite Felipe Rivera.

Son la una de la madrugada, el campeonato recreativo no ha terminado, pero el grupo suelta las manillas para despedir a uno de sus miembros apodado El Vecino. El sudoroso homenajeado promete abrir un club en la Novena Región y suenan un par de discursos. Después de ese acto de camaradería cobrará más sentido la reflexión del presidente: “Ninguno de nosotros era amigo, nos conocimos por el taca taca. Tenemos como una lealtad, no sé como llamarlo, es una especie de nobleza acorde al juego. Tú te calentai, toda la hueá, perdiste. Pero te das la mano con el jugador y se acabo la rivalidad: sigue la buena onda”.