Luis "Junior" Cruzat: el sobrino del ex campeón mundial de boxeo que sueña a lo grande

La Hora

Jueves 21 de septiembre de 2017

El púgil de 16 años llega a los Suramericanos de la Juventud de Santiago con un invicto de 57-0. Irse a Las Vegas y ser campeón del mundo es su meta.
Por Gabriel Arce

Aunque sea difícil considerar a un boxeador de 16 años como experimentado, a veces los registros hablan por sí solos. Luis Cruzat, sobrino de Carlos Cruzat, ex campeón mundial en peso crucero de la Asociación Internacional de Boxeo, tiene un apellido que no le pesa y un legado que lo sabe llevar a cuestas.

Hace menos de un mes fue la última pelea de Luis “Junior” en Alto Hospicio, Iquique, en un frente a frente que ganó por nocaut en el segundo round al representante de Perú. Con eso concretó un registro de 57-0 en su historial, de las cuales 28 vieron al oriundo de Fresia levantar los brazos tras vencer por K.O. Ese impactante récord, según cuenta el propio púgil, no tiene que ver con el apellido, “sino que con el corazón”.

El pequeño Cruzat vive sin descanso entre Santiago, Fresia y Estados Unidos según su carrera lo requiere. “Siento que nací para esto, mi tío y mi papá fueron boxeadores así que los guantes los llevo en la sangre”, dice el joven deportista que por estos días prepara un intenso régimen para llegar a tono a los Juegos Suramericanos de la Juventud de Santiago 2017 que comienzan este 29 de septiembre. En el certamen corre como carta segura de medalla para Chile y esto, lejos de amedrentarlo, lo anima.

Entrenó de mañana, fue al médico de mediodía y en la tarde regresó al Centro de Entrenamiento Olímpico para rematar en el ring por la tarde. Ahí Luis recibe a La Hora, junto a la primera pieza de los deportistas que se hospedan en el Comité Olímpico. “Duermo con tres compañeros acá. Llevo un mes preparándome para los Suramericanos aquí”, cuenta.

86

Del Sur a Las vegas

“Comencé a entrenar en Fresia a los siete años y a los ocho fue mi primera pelea”, relata el joven boxeador de 1,71 metros y 57 kilos. También jugó fútbol, atletismo y básquetbol. Dice que este último casi lo convence, pero que una subida al ring bastó para decidirse. “Estar en el cuadrilátero es otra sensación. La adrenalina me atrapa y cuando cruzo las cuerdas me transformo, ahí soy otra persona”.

Este año estuvo cuatro meses en Las Vegas, Estados Unidos. Ahí lo pulió el cubano Ismael Salas, forjador de 20 campeones mundiales, quien lo bautizó como el Flaco de Oro. “Allá mejoré mi derecha y la cintura porque era muy tieso. Es otro estilo de boxeo y el nivel es muy superior”, afirma, sabiendo que a pesar de la competencia, él supo estar a la altura.

Futuro dorado

De Norteamérica trajo consigo el título “Estrellas del futuro”, torneo que consiguió venciendo al local Vincent Avina, quien era poseedor de los “Guantes de Oro” de aquel país. Hoy, a siete días de su debut por los Suramericanos, el objetivo del púgil es uno solo. “Voy a pelear todos los días de competencia porque voy por el oro. Sé que lo voy a conseguir. Regresé a Chile por esto y desde el año pasado que espero este momento”, dice esperanzado.

En febrero próximo planea volver a Las Vegas. Ahí debe tomar una decisión: debutar como profesional o disputar los Juegos Olímpicos juveniles de Buenos Aires 2018. “Mi sueño es ser campeón mundial, quizá en Superwélter”, afirma la carta chilena. La manera de lograrlo, una sola: “ de un derechazo al hígado, igual que mi tío”.