Quitapenas: el bar donde nació Colo Colo se derrumba

Cristian González Farfán

Viernes 04 de agosto de 2017

Se suele confundir con el que existe en Recoleta, pero el Quitapenas original estuvo en calle Zañartu, en Independencia, y acogió la primera reunión del naciente club en 1925. Socios y el CSD intentan salvar la casona, que está a punto de desaparecer por una solicitud de demolición.

-«Por esta puerta se entraba…»

A Enrique Argomedo (67), socio albo desde 1962 y director del Club Social y Deportivo Colo Colo, no le falla la memoria. Cuando niño solía ir al Quitapenas con dos de sus tíos, y entraba por la misma puerta que hoy mira con nostalgia. El Quitapenas de Recoleta, por entonces, ni siquiera existía. El bar original siempre fue el de calle El Panteón, hoy renombrada como Profesor Zañartu, en Independencia. En ese, y no en otro lugar, se reunieron por primera vez los rebeldes que se separaron de Magallanes para luego crear Colo Colo.

“Yo siempre supe que el de Independencia era el verdadero Quitapenas. Veníamos puros colocolinos, no recuerdo haber visto a alguien de la U o de la UC”, dice Argomedo, nacido y criado en el barrio. Pero la misma puerta que él cruzaba por los años 60 hoy está clausurada. Tiene varios fierros encima. La fachada del primer Quitapenas sigue en pie, pero, al parecer, no por mucho tiempo más.

El 7 de julio pasado, la Sociedad Inversiones Inmobiliarias S.A., dueña del inmueble que abarca la vereda norte de calle Zañartu, desde la biblioteca pública hasta el hospital Roberto del Río, presentó a la Dirección de Obras del municipio una solicitud de demolición para el paño completo. Incluida la vieja casona que acogía al bar restorán Quitapenas.

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elquitapenas

Es abril de 1925. David Arellano sale indignado del estadio de Magallanes, ubicado en Avenida Independencia 1499. Inicia su recorrido hacia el sur con sus hermanos Alberto y Francisco, y otros tres jugadores albicelestes, molestos por la nula disposición de los dirigentes del club a profesionalizar la actividad. En el camino se suman cinco miembros más del plantel y completan once, como un equipo de fútbol. Es tarde. Doblan hacia la izquierda por calle El Panteón y se detienen en el número 1126-1131. Entran al Quitapenas, a pasos de la entrada principal del Cementerio General.

“Luego de desechar la idea de unirse a otro club planearon fundar un nuevo equipo”, reseña el historiador Sebastián Salinas en su libro Por empuje y coraje, los albos en la época amateur (1925-1933). Los periodistas Edgardo Marín y Julio Salviat, en De David a Chamaco, postulan que en el Quitapenas se elabora “la primera estrategia” de la naciente escuadra. En esa reunión, probablemente al calor de unos brebajes, se le pide a Juan Quiñones, uno de los rebeldes, asumir la presidencia. Y se les da tarea para la casa: pensar “en un nombre y en un uniforme para el nuevo club”, citan Marín y Salviat. El resto sigue así: Colo Colo se funda oficialmente el 19 de abril de 1925 en el Estadio El Llano.

Es julio de 2017. A pocos metros de donde se construye la estación Hospitales de la Línea 3 del Metro, agoniza el ex Quitapenas. Las micros del Transantiago, que circulan por Zañartu debido al cierre parcial de Avenida Independencia, emiten bocinazos que apagan el pregón de los comerciantes callejeros.

Por la misma vereda donde David Arellano y los suyos caminaron hace 92 años, camina Mario Mejías. Él arrendó el espacio desde el 2002 bajo el nombre de restorán Los Tres Puentes. En mayo le clausuraron la patente; en junio entró por última vez. Un conflicto con la inmobiliaria lo despojó de su fuente laboral. “Siempre supe lo de Colo Colo, pero nunca quise aprovecharme de esa historia porque no es mía”, señala Mejías, mientras mira en el celular la única foto antigua que existe del frontis del Quitapenas original, y la compara con la imagen actual.

“Después cambió la numeración, yo estoy ahora en el 1127, pero las cruces que rodean la puerta son las mismas”, indica.

Varios 19 de abril, cuenta Mejías, vio a hinchas albos celebrar el aniversario del club en su local, desechando al Quitapenas de Recoleta, al que acusa de “engañar” al pueblo colocolino. “A veces ellos dicen que en el Recoleta se sentó David Arellano y eso es mentira. Es como decir que Bernardo O’Higgins es de Rancagua, o que Arturo Prat es de Iquique, o que Gabriela Mistral es serenense. Yo no hago eso”, refuta Mejías.

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Marcelo, el popular Marcelo de Cachureos (69), era vecino del Quitapenas. “Vivía en Amalia Errázuriz, entre Carrión y Gamero, allí nací yo”, dice al teléfono.

“Cuando tenía cuatro años mis tíos jugaban en un club de barrio que se llamaba Imperial. Y los partidos eran al lado del Cementerio General, detrás del Hospital San José, ahí había una cancha de fútbol. Me llevaban. Después de la ducha pasaban al Quitapenas, que tenía piso de tierra. Me hacían cantar arriba de la mesa y me pagaban con una Orange Crush”, recuerda entre risas el animador.

IMG_2969El Quitapenas de Zañartu siempre le sacó partido a su pasado albo. “Se hablaba de que ahí se fundó el club”, cuenta Marcelo de Cachureos.

Enrique Argomedo, en tanto, recuerda “fotografías de los jugadores en las paredes, incluso una vez vi a Gastón Guevara (ex defensor albo) en el bar”.

“Yo incluso instalé una placa recordatoria que me la robaron después. También fui al Consejo de Monumentos, en Vicuña Mackenna 94, para ver si lo declaraban patrimonio”, complementa Mario Mejías.

Menos consenso existe en otros detalles del bar, sobre todo en lo relativo a sus dueños. Según el blog de crónicas urbanas Urbatorium, del historiador Criss Salazar, los más recordados propietarios del Quitapenas de Zañartu fueron Emilio Burroni y Maina Villalba. Pero la hija del matrimonio, Maina Burroni, tiene otra versión.

“Mi papá nunca administró el Quitapenas de Zañartu”, afirma enérgicamente Burroni. “Mi padre sí hizo el Quitapenas de Recoleta”, prosigue ella, en el mismo tono.

Según su testimonio, “el Quitapenas de Zañartu pertenecía a un señor que se llamaba Agustín Biggini y él murió poco tiempo después de que mi padre le compró el nombre”.

De acuerdo a Maina Burroni, Biggini decidió vender el nombre tras el cierre temporal de la entrada del Cementerio General que daba a calle Zañartu, próxima al primer Quitapenas.

“Nunca más pasaron funerales por esa puerta del cementerio, entonces don Agustín empezó a perder clientela”, asegura la hija única del matrimonio Burroni-Villalba. A esa altura, añade, ya se había abierto otra puerta del camposanto: la de Avenida Recoleta. “Mi papá inauguró el Quitapenas de Recoleta por el año 62 o 63. Yo nací el 58 y tenía como cuatro o cinco años”, detalla.

“En el primer Quitapenas ocurrió la fundación de Colo Colo, eso sí. Ahí cerca había una cancha de fútbol y estaba Magallanes. Se pelearon y fundaron Colo Colo”, agrega Burroni.

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Rodrigo Campos (38) es socio de Colo Colo. Como quizás otros hinchas albos, siempre creyó que el equipo de sus amores se había ideado en el Quitapenas de Recoleta. Tras descubrir que el bar original se ubicaba en Zañartu, partió raudo a su encuentro. De voz de Mario Mejías, el citado ex arrendatario del local, Campos supo que la casona estaba en riesgo de demolición.

“Creo que es necesario preservar el edificio porque tiene un incalculable valor para los colocolinos, aunque reconozco que es una lucha bien romántica”, dice Campos, quien ya se contactó con directivos del Club Social y Deportivo para solicitar el apoyo a la cruzada por salvar el inmueble.

De hecho, el Área de Patrimonio del Club Social y Deportivo Colo Colo, a través de su encargado Pavel Piña, comenzará a realizar gestiones durante la semana próxima para intentar evitar el peor desenlace.

“Hemos reunido un par de antecedentes para poder juntarnos con Bienes Nacionales y ver qué opción tenemos para mantener vivo el bar. Sabemos que estamos contra el tiempo. Preservar el Quitapenas ha sido una idea desde hace mucho tiempo, pero ahora recién se le está dando el énfasis necesario al patrimonio cultural del club. El área se encargará de que, por ejemplo, no se demuela la casa de los Arellano o de Carlos Caszely”, ejemplifica Pavel Piña.

En la Corporación de Cultura y Patrimonio de Independencia también están atentos. El encargado de Patrimonio de dicha entidad, Dante Figueroa, respalda la preservación del inmueble.

“Acá en la comuna hubo plano regulador recién desde 2014 y lamentablemente, como no hay muchos estudios en la comuna, no se incluyó al Quitapenas dentro de los hitos que había que proteger. La idea es que podamos hablar con el alcalde Gonzalo Durán para saber qué haremos con este patrimonio. Sería una negligencia para mí no alzar la voz en este momento”, explica rotundamente Figueroa. IMG_3021

Sergio Castillo, asesor urbanista del municipio, asegura que “siempre nos ha preocupado el patrimonio, lamentablemente el edificio no está protegido, estamos un poco de manos atadas, pero si los hinchas o vecinos quieren reunirse, las puertas de la Municipalidad están abiertas”.

En el Departamento de Edificación del municipio, en tanto, indican que el permiso de demolición está en observación como cualquier otro, y que lo que se evalúa es el respeto a la norma urbanística. El plazo no suele pasar más allá de un mes para subir o bajar el pulgar.

Dante Figueroa cree que el Quitapenas no puede “morir sin pena ni gloria”. Si los intentos por detener el derrumbe son en vano, él propone “comprometer a las autoridades a salvar algo aunque sea: una placa, un monolito, una réplica, algo que dé cuenta del hito”.

Mario Mejías, el último administrador, se aferra al conservar al menos la fachada “porque Colo Colo es importante para la historia del país”. Rodrigo Campos, el socio que lidera la campaña, piensa en una muerte digna, sin sufrimiento.

-Sé que es casi imposible evitar la demolición, pero le hago un llamado a todos los colocolinos a hacer un acto de despedida del bar. El Quitapenas es un patrimonio sentimental para todos nosotros.