Progreso sin alma

Julio Salviat

Domingo 13 de agosto de 2017

El progreso es cruel y despiadado. No sabe de sentimientos ni tradiciones. Ríen las retroexcavadoras mientras demuelen trozos de historia, mientras los nostálgicos lloran la pérdida de terrenos y casas de alto significado sentimental.

Dos situaciones se presentaron en la semana en relación con recintos importantes en el devenir del deporte. Y ambos, curiosamente, en la comuna de Independencia.

Hinchas de Universidad Católica vieron cómo se deslavaba el recuerdo del viejo estadio vecino a la Plaza Chacabuco y al Santa Laura. Agrupados en la Corporación “Católica para la Gente”, encontraron apoyo en la Municipalidad para restaurar la piedra fundacional que se mantuvo semi escondida en el conjunto habitacional que se construyó en los años 70 en el lugar donde durante tantos años se celebraron los goles del Huaso Infante o se lamentaron los que le hacían al Sapo Livingstone.

Fundado en octubre de 1945, el estadio fue demolido en junio de 1971. En la piedra que recordaba su fundación y se esculpió el nombre de los hermanos Solari, que donaron el terreno, y ahora hay una placa que tardará más en borrarse.

Cerca de ahí, en la calle Zañartu y signada con el número 1131, está la casa que albergó la reunión que dio origen a Colo Colo. Allí funcionaba en 1925 el bar Quitapenas, cuyo nombre fue tomado por el que se alza frente al Cementerio General, en Recoleta. Y fue ahí donde el 4 de abril de ese año se esbozó la estrategia para que un grupo importante de jugadores se desligara de Magallanes para fundar lo que al poco tiempo se convertiría en el club más popular del país.

Una inmobiliaria lo quiere demoler. Socios del club Social y Deportivo Colo Colo lo quieren salvar. El alcalde los mira con simpatía. De Bienes Nacionales depende que sea declarado patrimonio nacional y siga en pie. La incertidumbre avanza.

Y ahí están, otra vez enfrentados como enemigos irreconciliables, el progreso y la historia. El negocio y el amor.