Los peligros que enfrenta el desconocido monito del monte

Natalia Heusser

Viernes 11 de agosto de 2017

Ha perdido gran parte de su hábitat, hay pocos estudios sobre él, bajó en su categoría de protección y es perseguido por parecerse a los roedores.

El monito del monte es el único sobreviviente del orden microbiotheria, un grupo muy antiguo de marsupiales y se cree que su aspecto no ha variado mucho en 60 millones de años, por eso es considerado un patrimonio natural.

Este pequeño animal, poco conocido, tiene un rol ecológico importante. Ayuda a la recuperación de los bosques degradados, ya que es capaz de consumir cientos de frutos por noche, depositando semillas de al menos 16 especies vegetales nativas, entre ellas el maqui, la murta, el arrayán, el arrayán espinoso, y la quilineja. Además, es el dispersor legítimo del quintral, una planta parásita que sirve como fuente de alimento para los picaflores durante el invierno.

Su tamaño es reducido, pues desde la cabeza hasta el comienzo de la cola mide entre 8,3 y 13 centímetros, las mismas dimensiones que puede alcanzar solo su cola. Su distribución abarca desde el sur de la región del Maule en la Reserva Los Queules, hasta la isla de Chiloé. Un 80% de ellos está en Chile, pero hay un 20% en los bosques de Argentina.

Desde el 2007 que el biólogo Francisco Fontúrbel (37), investigador asociado a la Pontifica Universidad Católica de Valparaíso, estudia al monito del monte y ha detectado varios problemas que lo rodean, entre ellos la pérdida de su ambiente.

monito del monte 3

Según explica, hace un tiempo Chile adoptó para esta especie las categorías de amenaza de la International Union for Conservation of Nature (IUCN) por lo que el monito figura como “casi amenazado” (near threatened) pero hasta 2011 estaba clasificado como vulnerable. Esta rebaja en la clasificación se debió a que aumentaron las investigaciones y porque se descubrieron más poblaciones.

“En mi opinión igual está amenazado por la destrucción del hábitat y eso no es menor. A pesar de ello, no hay políticas ni acciones de conservación dirigidas a proteger al monito o su hábitat. Lo que más me preocupa de la especie es lo poco que sabemos de ella. Si bien en 10 años se ha estudiado y han aparecido artículos científicos al respecto, aún tenemos grandes vacíos de conocimiento. Conocemos bien lo que pasa en unos pocos sitios, sabemos un poco de otros tantos y del resto del área de distribución no sabemos nada. Hay una gran extensión de territorio donde se supone que el monito está, pero nadie ha ido a buscarlo. Y mientras tanto los bosques siguen siendo reemplazados por cultivos, vacas o casas y nadie dice nada, porque nadie tiene idea que está ahí. He conversado con mucha gente de campo en el sur y no lo conocen, algunos han escuchado hablar de él pero nunca lo han visto. A veces uno va con trampas y captura algún individuo en las parcelas y la gente se sorprende. Si esta especie no se conoce, es difícil poder apreciarla en la dimensión que merece algo tan único, y por lo mismo no hay una estrategia país para protegerla”, dice Fontúrbel.

Entre el 2008 y el 2009 este especialista incorporó monitores (ver foto superior) en 16 animales del sector Cascadas (cerca del volcán Osorno) y en el 2014 instalaron dispositivos en otros 10 individuos en la Reserva Costera Valdiviana. “Dado que los transmisores son pequeños y la batería también, el funcionamiento duraba entre 2 y 4 semanas. En el primer caso, la idea era estudiar las conductas básicas de movimiento del monito y describir el uso del hábitat, todo esto fue parte de mi tesis de magister. Hasta ese momento se ignoraban estos datos y fuimos los primeros en usar esta tecnología para rastrear sus movimientos. Esto dio, después de muchísimo trabajo en terreno, información detallada de las ubicaciones del animal a lo largo del día. En 2014 el monitoreo fue acotado al periodo de más actividad del monito (de las 11 de la noche a las 5 de la mañana), para conocer sus rutas entre remanentes de bosque nativo y plantaciones de eucalipto, y para ver si se movían influenciados por el alimento (plantas con frutos)”, señala.

Respecto a la información que ha podido recabar, la densidad poblacional del monito se estima en 21 individuos por hectárea. “Sin embargo, es peligroso extrapolar esa cifra al resto de los lugares donde no sabemos nada. Se piensa que la población ha disminuido como consecuencia de la destrucción de su hogar, porque el monito es una especie arbórea y no puede vivir sin bosque, pero no se tienen datos duros que apoyen o refuten eso. Son proyecciones ‘al ojo’ que se hacen con lo que se sabe”, agrega.

Fontúrbel indica que existen varios mitos en relación al monito y varían de una localidad a otra. “Un estudiante de posgrado de nuestro grupo estuvo trabajando en la costa de Osorno y hablando con la gente se dio cuenta que en algunos lugares consideraban al monito como una señal de mala suerte y lo mataban cuando encontraban uno. En otras localidades vecinas, en tanto, creen que es augurio de buena suerte. En algunos lugares se dice que tiene propiedades medicinales, pero ignoro cuáles. Es más común que la gente lo confunda con un ratón, especialmente con el ratón de cola larga, que es portador del virus del hanta”, concluye.

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Refutan la creencia de que existen tres tipos de monitos

Hace algunos años apareció una información que aseguraba que existían tres tipos de monitos del monte. Sin embargo, hace una semana esta teoría fue refutada por un grupo de científicos. “Si bien esto generó revuelo y discusión, creo que es mejor seguir hablando de solo una especie. La evidencias que se tomaron para determinar que habían tres monitos del monte eran circunstanciales y no es suficiente”, explica el biólogo Francisco Fontúrbel.

En general este animal tiene un tracto digestivo muy simple, por lo que al comer frutos no daña las semillas. Por lo mismo además absorbe poco alimento y necesita estar comiendo constantemente. “Estudios fisiológicos recientes han mostrado que su capacidad de regular la temperatura corporal es un intermedio entre los reptiles y los mamíferos y su capacidad de hibernar le confiere una gran ventaja en condiciones ambientales adversas”, dice Fontúrbel.