La nadadora Eliana Busch y su triunfo en Budapest a los 83 años: "Uno solo quiere superar sus marcas"

Cristian González Farfán

Jueves 24 de agosto de 2017

Hasta 1965, Eliana Busch era una destacada nadadora. Entonces se casó y cambió la piscina por la equitación. Medio siglo después, su hija le contó que existía un Mundial de Natación para adultos mayores. Así que fue a Budapest y volvió con cuatro medallas.

Budapest, capital de Hungría. Eliana Busch tiene 83 años. Es chilena y nadadora. Se lanza a la piscina y completa sus primeras pruebas en el Mundial Master de Natación, que acoge a deportistas de hasta 90 años.

Al otro lado del hemisferio, en Viña del Mar, su entrenador Javier Pérez mira la transmisión por YouTube. Supervisa los movimientos de su pupila. Piensa en qué elementos corregir a miles de kilómetros de distancia. No tiene otra alternativa. Pérez juntó dinero para poder viajar a Hungría, pero no le alcanzó. Eliana está acompañada solo por sus hijos Mario y Paulina Fuentes Busch.
“Acá todas las delegaciones tenían a su entrenador, todos los recursos están a disposición para las nadadoras de mi edad, pero el mío no pudo. Hubiera sido sumamente importante tenerlo acá. Y pensar que hay dirigentes que vienen a puro pasear”, cuenta la octogenaria nadadora desde Budapest.

Aun sin su coach, Busch superó a potencias mundiales, que cuentan con todos las facilidades habidas y por haber. Ganó cuatro medallas: dos de bronce (200 metros combinado y 400 libre) y dos de quinto lugar. En este Mundial no solo se premia a los tres primeros lugares.

Medio siglo sin agua

Eliana Busch fue una destacada nadadora a nivel nacional y sudamericano hasta los 31 años. En 2013, y por mera casualidad, encontró en la Plaza Victoria de Valparaíso dos revistas Estadio, una de 1950 y otra de 1952, con su fotografía en la portada. “Fue una sorpresa para mí, la revista Estadio fue muy importante en la difusión de todos los deportes, y tenía a connotados periodistas como Míster Huifa y Don Pampa”, recuerda.

Hasta antes de su retiro, había empezado a practicar equitación. “De hecho el año 65 salí campeona en salto ecuestre y en nado libre”, dice Busch.

Pero dejó de nadar. Se casó. Optó solo por la equitación. Anduvo a caballo, con intermitencias, por medio siglo. Hasta que su hija Paulina le contó un secreto.

-Mamá, hay un Mundial Master de Natación, ¿por qué no participas?

“Yo no tenía idea que existían estos torneos”, reconoce Busch. Y se animó. Después de 50 años sin nadar competitivamente, se tiró a la piscina.

Recomenzó a principios de 2016. Nadó en la piscina municipal de Viña, donde conoció a Javier Pérez, hoy su entrenador en el Deportivo Hahave (“pez volador” en lengua rapanui) de la Ciudad Jardín. “A ella la echaban de todos lados por su edad, es muy difícil encontrar personas de 80 años que naden; sí haciendo yoga, baile entretenido, gimnasia. Cuando la conocí tuve que googlear para saber quién era y quedé impresionado. Y eso que llevo diez años como entrenador de natación”, revela Pérez.

La rutina de entrenamiento de la deportista, agrega su coach, se extiende por “dos horas durante seis días a la semana, salvo los domingos. Tiene una facilidad increíble para nadar. Sin duda, su pasado como equitadora la ayudó”.

Por Eliana, Pérez (38) solo siente admiración. “Lo único es que como usa tapones para protegerse los oídos a veces no escucha las instrucciones. A veces le pido que nade crol y nada mariposa, jajá”.

eliana busch nadadora revista estadio

“Usar traje de baño era pecado”

En Montevideo, hace apenas tres meses, Busch logró clasificar al megaevento en Budapest. Nunca pensó que volvería con cuatro medallas en el cuello a Viña del Mar. “Acá estuvimos solos contra el mundo. Por eso mismo verla ganar una medalla solo era una velada esperanza, pero terminó siendo una hazaña”, cuenta su hijo Mario Fuentes Busch, gerente técnico de la Federación Ecuestre de Chile, que posó orgulloso junto a su madre medallista y a su hermana Paulina -también nadadora- tras bajarse del podio.

-Señora Eliana, ¿a qué edad empezó a nadar?
-Empecé a nadar cuando tenía seis años, en el Club Alemán, que quedaba en Carlos Antúnez con Los Leones. Luego pasé a la Universidad Católica, pero me cambié. No podíamos sacarnos fotos en traje de baño porque un cura nos decía que era pecado. Así que me cambié a la Chile. Hay que recordar que la Piscina Escolar de la Universidad de Chile, la que queda en Mapocho, era la única temperada en Chile. Las condiciones eran muy diferentes. Si hubiéramos entrenado en mejores condiciones, habríamos tenido mejores resultados internacionales.

-¿Extrañaba el agua? 50 años sin competir en una piscina no es poco.
-No, porque me acostumbré a los caballos. Me mantuve bien, las piernas fortalecidas. De hecho, yo no tengo artritis gracias al deporte; solo dolores normales. Tú me escuchas hablar y yo no hablo como una anciana, porque tengo muy buena memoria.

-¿Pensaba que podría ganar medalla?
-Uno solo quiere superar sus marcas. Mi especialidad siempre fue crol (estilo libre), pero igual las entrené todas. Hacer la prueba combinada es súper exigente, y al final nadé el equivalente a dos vueltas al Estadio Nacional. No me voy a tirar flores, pero quedé muy contenta, es muy meritorio.

-¿Qué conclusiones saca de su participación en Hungría?
-Que estamos muy lejos. En Budapest los complejos deportivos son impresionantes, todo con aire acondicionado. En los torneos que se hacen en Chile el ambiente es muy caluroso, como un sauna. Por eso entiendo tanto al nadador Donato Neglia, cuando alegó por la piscina del Nacional. Fue valiente. Ser deportista en Chile es muy difícil. El Estado no entiende que a través del fomento del deporte se evitarían muchos gastos en salud.