Ni justiciero ni superhéroe: Emilio Suthertland repasa el impacto de "En Su Propia Trampa"

Felipe Morales

Jueves 17 de agosto de 2017

Ad portas de la séptima temporada de En su propia trampa, Emilio Sutherland repasa el impacto del espacio y las falencias de la justicia. “Hay gente que prefiere funar a los delincuentes a través de la TV y no denunciarlos. Eso revela que algo no está funcionando”, dice.

Es imposible no asociar a Emilio Sutherland con la popular frase “te pillamos po’ compadre”. “La gente es muy cariñosa, y muchos de quienes se me acercan en la calle, la lanzan a modo de saludo. A mis hijos los tiene un poco chatos, me dicen ‘que cambien la talla’, pero entiendo que es parte del éxito obtenido por En su propia trampa”, comenta el rostro de Canal 13, quien este domingo regresa con el séptimo ciclo del programa.

-Todo un récord en una industria televisiva cada vez más inestable.
-Creo que el impacto de En su propia trampa radica en que su temática sintoniza con los problemas cotidianos de la gente. Y hay elementos que aportan a que este contenido, que suele ser crudo, sea entregado de una forma más amena. Por ejemplo, el humor. Hay capítulos muy dramáticos a los que se les incorporan pequeñitas cápsulas de entretención para no convertirlo en una tortura. La vida es así, tiene su lado oscuro, turbio, pero también tiene su lado más alegre. Además algunos personajes son dignos de la literatura, y todo eso, de algún modo, se refleja en pantalla.

-Aún así el programa también recibe críticas. Por un lado se cuestiona que no enfrente a “los peces gordos” y, a la vez, que cae en el sensacionalismo.
-Acojo las críticas de buena manera… uno siempre tiene que aprender. Pero en el caso de los peces gordos, peces chicos, nosotros hemos denunciado varios peces gordos. El último, un diplomático importante de la embajada de Corea en nuestro país. Fue expulsado de Chile y recientemente condenado (por acoso a menores). Para nosotros esos son logros importantes, y por supuesto que creemos que hay temas como la colusión que son repudiables. Pero también estamos conscientes que hay peces chicos que hacen mucho daño a la gente en el día a día, y ahí centramos el interés. Son pirañas que llegan a causar incluso la muerte de una persona, y pucha que es importante también dar a conocer esos casos, porque sirven para que otras personas, en situaciones similares, estén preparadas (…) En todo caso, la gente está su derecho de criticar, opinar, decir lo que piensa. Nosotros estamos con la conciencia tranquila de que estamos haciendo un programa útil, que le sirve al público. Didáctico.

-El programa te puso en primera plana, y hasta se te toma como un justiciero televisivo. ¿Cómo impacta eso en tu vida cotidiana?
-Siento que no he cambiado un ápice en mi actuar. Ahora me saluda más la gente, pero más allá de eso todo sigue igual. Sigo echando las mismas chuchás de siempre, no me creo el cuento. Los que me conocen saben que soy más introvertido, en una fiesta no soy la mesita de centro, soy el que hueón que se come el asado piola en un rincón.

-¿De dónde sale entonces esa fuerza para enfrentar a los delincuentes?
-De la adrenalina del momento, y el ponerse en el lugar de los afectados. No enfrento a alguien por el simple hecho de hacerlo. Conozco a sus víctimas, lo que han causado, y eso te da una carga emocional extra.

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-¿Te da miedo que algo se descontrole?
– Por supuesto, pero es parte de esto. He estado cagado de miedo en más de una ocasión, como cuando nos dispararon en la población Parinacota. Con otro periodista nos abrazamos y dijimos ‘hasta aquí no más llegamos’. Favorablemente, seguimos acá.

-¿Te cuidas más ahora?
-Comparado con la primera temporada sí (risas) pero tampoco estoy con un grado de paranoia. No tengo una guardia especial que me proteja. Ando en todas partes solo, y si hay que arrancar, arrancamos. Pa’ eso juego fútbol todos los fines de semana. En ese sentido, mi mejor guardaespaldas ha sido la propia gente. En algunas situaciones críticas, me han defendido frente a delincuentes (…) Pero pese a todo, creo que Chile aún es un país de sueño, de lujo en relación a otros países latinoamericanos. Ojalá no perdamos eso.

-¿Te parece extraño que parte de la audiencia te tome como un superhéroe, casi como un salvador televisivo?
-Nosotros nunca hemos querido tener ese rol. No soy ni justiciero, ni superhéroe, ni policía.

-Pero hay personas que prefieren que llegue En su propia trampa antes que Carabineros o la PDI. Plantean que si sale en la tele los van a tomar en cuenta
-Eso nos ha dicho el público, y en verdad es algo que me preocupa. No es síntoma de una sociedad sana. Si la gente prefiere que la televisión fune a alguien, pero no denuncian a los delincuentes, no se crearán las instancias para que sean realmente sancionados. Pero de paso eso revela que la gente está demandando que la justicia, los tribunales, sean más eficiente al cumplir su labor.

-Con tus años de carrera, y con lo visto en En tu propia trampa, ¿crees que la justicia está al debe en Chile? ¿El reclamo de la gente está en línea con lo que sucede?
-La gente es sabia, la gente sabe que ni la justicia, que ni los policías, que ni los tribunales funcionan tan bien como serían deseables. Que faltan recursos, que falta eficiencia, que falta conocimiento de repente para que hagan mejor su labor.

-¿Te molesta que te digan Tío Emilio?
-Me va a molestar cuando me digan ‘tata Emilio’ (risas). Para nada, insisto, creo que son muestras de cariño. La gente se acerca mucho, me entregan datos, piden que los ayudemos. Lamentablemente no todos los casos los podemos tomar. Y lo de tío Emilio también prendió porque mi apellido es difícil de pronunciar, de recordarse. He perdido horas de mi vida deletreándolo.

-En tu propia trampa está atento a los errores y fraudes que cometen chilenos para desenmascararlos. Bajo esa lógica, ¿estás más atento de no cometer errores para que nadie te saque un trapito al sol?
-Trato de ser un niño bueno, y hago lo posible de predicar con el ejemplo. Me cuesta hacer trampa, porque además que si me pillan, obviamente me apuntarán de inmediato con el dedo. Por mi forma de ser, soy de los que piensan que no hay que hacer a otros lo que no quieres que te hagan a ti.

-Hay rostros de diversos canales a los que les pagan su sueldo como si fueran empresas y no personas naturales a modo de descontar impuestos. ¿Ese no sería un buen tema para analizar en el programa?
-No es mi situación, yo soy un simple empleado del canal. Son situaciones que debería investigarlas el Servicio de Impuestos Internos. Insisto, creo que hay que predicar con el ejemplo y en su momento reclamé y dije ‘no po’’. Yo denuncio al hueón que caga con dos pesos, con dos lucas a otra persona, por qué voy a estoy a estar haciendo lo mismo. Lo rechacé. No puedo opinar sobre lo que hacen los otros rostros, cada uno sabe si puede dormir tranquilo o no en la noche. Yo no lo haría (el pago a través de empresas), y ya no lo hice. Duermo tranquilo, y en todo momento he pagado todos mis impuestos, aunque me cuesta y me duela.