Entrevista a Ricardo Darín: la estrella argentina que no descansa

Ignacio Tobar

Lunes 28 de agosto de 2017

El actor habla del estreno de La cordillera, de su cinta con Penélope Cruz y Javier Bardem, y del filme que prepara con su hijo. “Voy a descansar cuando me metan en el sobretodo de madera”, bromea.

“Como dicen los españoles, cuando llueve nos mojamos todos. El que piense lo contrario está equivocado”. Con esa sentencia, Ricardo Darín, máxima estrella del cine argentino, ilustra la humildad con que se toma la fama y el reconocimiento.

De hecho, el actor que acaba de estrenar en Chile el filme de Santiago Mitre La cordillera, rechaza su pertenencia al “Club del Millón”, apodo que la crítica trasandina le puso a quienes llevan más de un millón de espectadores al cine por filme, como le ocurrió a Darín con El secreto de sus ojos y con Relatos salvajes. “Quiero que me saquen ya de ese club, no tengo ni el carnet, jajajá. Es una mirada simplista darle el nombre de un actor a un análisis así. Es injusto con todos los que trabajaron en esas películas y que no son nombrados”, afirma al teléfono a La Hora con su gruesa voz de fumador.

Darín está en Buenos Aires. Dice que le hubiese encantado venir a presentar La cordillera, pero el tiempo es escaso. En los próximos días parte una temporada de teatro en Madrid, con Escenas de la vida conyugal (que ya presentó en Chile), y en paralelo rodará una cinta con Penélope Cruz y Javier Bardem, bajo la dirección del iraní Asghar Farhadi, ganador de dos premios Oscar.

¿A qué hora descansa Darín a los 60 años? “Nunca, jajajá. No descanso nunca, voy a descansar cuando me metan en el sobretodo de madera. Se me viene una temporada de paliza”, explica con humor.

-Es cierto que para el filme con Bardem y Cruz hablarás a señas con el director iraní, casi como los personajes de tu película Un cuento chino…
-Jajaja, sí, pero nos entendemos bien, te juro. Hicimos unos contactos por Skype en un idioma que es parecido al inglés pero que no llega a serlo. Pero nos entendemos igual.

-La cinta se centrará en el secuestro de uno de los hijos que tienes con Penélope Cruz.
-Sí, pero siento que la clave tiene que ver con el momento en que todo el mundo se convierte en sospechoso. Creo que ahí se cocina la película.

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No a Hollywood

En 2015, Ricardo Darín contó que rechazó un papel que le ofrecieron en el filme Hombre en llamas, protagonizado por Denzel Washington. Su confesión en el programa Animales sueltos se viralizó bajo el rótulo “el actor que le dijo no a Hollywood”. Hoy, que se apresta a rodar la cinta de Farhadi junto a dos estrellas del cine hispano, aclara que “en este caso, tanto Javier como Penélope son amigos. Con Javier somos como hermanos hace más de 15 años, nos vemos con mucha frecuencia. Y además hablamos la misma lengua. Entiendo a qué apuntás, pero en este caso además, si lo analizás con criterio, el director está un poco por fuera de lo que sería el establishment cinematográfico, está en la otra vereda. Fijate que cuando ganó el Oscar no pudo recibirlo porque no lo dejaron entrar al país”, cuenta.

El argentino hace una pausa y resopla sobre el tubo del teléfono como si encendiera un cigarrillo. Luego ahonda en su “tema” con Hollywood: “Acá lo que ocurrió está mezclado con el plano emocional. Porque esta historia la empezaron a estructurar Javier con Farhadi y Penélope. Y cuando decidieron que este matrimonio tenía hijos argentinos, seguramente, creo, que pensaron en mí. Lo digo porque Farhadi me dijo que había visto mi trabajo y porque con Javier buscábamos hace años un proyecto juntos”.

-Además de esos proyectos, ya trabajas en la adaptación del libro de Eduardo Sacheri, La noche de la usina, que estaría para 2018.
-Sí, compramos los derechos de la novela y estamos trabajando a destajo en el guión. Armamos una productora con mi hijo y dos amigos, gente joven que me convenció a meterme en esto… vos comenzaste preguntándome cuándo descansás y claro, nunca, imagináte que al trabajo de actor se me suma estar encima de distintas etapas de producción. No sé si voy a estar a la altura de las circunstancias, pero me entusiasma mucho la oportunidad de dejarle algo a mi hijo para más adelante. Es un lindo proyecto profesional y con un toque familiar… aunque no soy bueno para los números ¿eh?, si dependiera de mí iríamos caminando hacia un abismo tomados de la mano, jajajá.

-Impresiona tu humildad, considerando tu estatus de estrella.
-Te lo agradezco… pero yo creo que nos hemos mal acostumbrado, nada más.

Ricardo Darín en La Cordillera (K&S FILMS).
Ricardo Darín en La Cordillera (K&S FILMS).

Perversa

Antes de hablar de su rol de presidente argentino en La cordillera, Ricardo Darín hace un llamado: “me escriben en Twitter desde Chile y me dicen que faltan copias, quizá sería bueno que pusieran la película en más salas”. El jueves pasado se estrenó el filme en el que encarna a Hernán Blanco, mandatario que en plena cumbre de presidentes debe lidiar en paralelo con su convulsionada vida privada y con las decisiones que podrían cambiar el rumbo de su país.

-¿Te atrajo interpretar a un presidente latinoamericano corruptible en una época en que todos están bajo sospecha?
-No, no fue eso lo que me enganchó. Me gustó lo de la exposición pública de un alto funcionario y su vida privada. Es decir, cómo hace un tipo de esas características para operar, no sabemos mucho de sus problemas íntimos. Era una linda oportunidad de espiar por el ojo de la cerradura y saber cómo es ese mundo por dentro, quién toma las decisiones. Es complicado hablar de política, cada vez que puedo paso.

-Para evitar polémicas como la que tuviste con la ex Presidenta Cristina Fernández cuando criticaste el aumento de su patrimonio.
-Sí, es complicado, vos lo sabés tanto como yo y como todos los que vivimos en esta zona del planeta, pero no es para esconderse. Uno tiene que tener derecho a decir lo que piensa, sin ofender, sin maltratar a nadie.

-¿Cómo se siente estar en los zapatos de un presidente?
-Estamos acostumbrados a creer que hay una persona que nos puede salvar o que nos puede hundir. Nos olvidamos de los equipos. Yo me pregunto ¿harán siempre lo que quieren, harán lo que les dicen sus equipos de trabajo, o una mezcla? Es un rol difícil porque afecta a millones de personas. Y la realidad siempre supera a la ficción.

-En Twitter hasta te diste el tiempo de contestarle a quienes no les gustó el final de La cordillera. Es muy abierto, se quejaron.
-Me permito a veces de noche, medio trasnochado, contestar algunos tuits. Me parece divertido cuando se hace con humor, ironía pero no me gusta la falta de respeto. No tolero la mala leche de alguien que se sienta en una computadora para denostar y agredir a los demás. Porque sabemos que en muchos de los casos no tienen la más puta idea de cómo se hacen las cosas. Pero en general la gente es amorosa. Y respecto del final de la película… bueno, todo el mundo tiene derecho a opinar. El que completa una obra de arte es el espectador. En Twitter sólo se me suelta la cadena cuando olfateo o veo la mala leche. No lo tolero. Pero esa interacción es revitalizante, cuando, por ejemplo, alguien te pone “estaba deprimido y vi tal película y eso me sacó del pozo y me ayudó”. Son cosas a las que yo no puedo hacer oídos sordos, porque te das cuenta que tu trabajo, en algunos casos, ayuda.

-Dijiste que si fueras presidente, la educación sería el eje de tus políticas públicas.
-Dije que a corto plazo lo primero sería salud, alimentación y vivienda. La emergencia no merece discusión. Y a largo plazo, la educación. Si uno quiere dar vuelta el destino, si pretende fomentar un futuro luminoso, hay que centrarse en la educación, que es lo único que nos separa de lo bestia. Leer, estar instruido, tener conocimientos, que los chicos tengan la posibilidad de desarrollar sus capacidades. Por eso necesito, pido, exijo e imploro por igualdad de posibilidades para los niños. ¿Por qué un chico que nace en un barrio pobre no tiene las mismas chances de uno que nace en Amsterdam, teniendo a lo mejor diez veces más capacidad que el otro? Me parece que es una decisión geográfica y socioeconómica muy perversa. Entonces si nosotros no le damos a los chicos las mismas posibilidades originales, igualitarias, es porque hemos perdido la batalla definitivamente.