Donde Chile: entran dos y paga uno

Ignacio Tobar

Miércoles 02 de agosto de 2017

Esta picada en el corazón del Persa Biobío ofrece exagerados platos con cerros de papas fritas y gigantescos trozos de carne. Pero la abundancia no siempre es una virtud.

Con apenas unas cuantas mesas, Donde Chile -en el corazón del Persa Biobío- convive con vendedores de muebles, anticuarios que venden “barateli” y una serie de restoranes con espíritu casero, con énfasis en los que ofrecen comida peruana. Acá, papá e hijo se llaman Chile y lo que ofrecen es una gama de gigantescos platos a diez lucas y uno incluso más exagerado, a 13 mil.

Con uno comen dos, de sobra. Se puede elegir una pechuga entera de pollo con un cerro de papas fritas, o un costillar dantesco rebañado en merkén, bien picantito. Y además hay plateada, carne al horno, cazuela y pastel de choclo. Todo en tamaño XL, todo a diez lucas.

El bullicio en el local es igual de generoso. Los garzones gritan a viva voz los nombres de la larga lista de espera cuando alguna de las mesas se desocupa. Acto seguido, le ofrecen a los recién llegados gel desinfectante de una botella que deja muchas dudas y luego traen a la mesa unas marraquetas y una mayo con ajo.

“Acá todo es de primera”, asegura el mozo. Y el plato llega caliente, abundante de papas, que más parecen al horno que fritas. La pechuga de ave tiene el sabor del pollo a las brasas, jugosa y salada. Rica. Los comensales batallan contra los gigantes que tienen en frente, se chorrean las mesas y al cabo de unos minutos todos parecen preguntarse “pero qué necesidad hay de tanta abundancia”.

La carne al horno es más seca y prioriza su tamaño por sobre su sabor, le falta dedicación, más minutos de cocción. Menos pirotecnia y más sazón. Pero no es mala, ojo, es bien buena, aunque no despunta en un restorán que tiene algo de espejismo. Ni se le ocurra comer antes de recorrer el persa, porque de Donde Chile se sale casi a gatas y con ganas de volver a casa.