Cada 14 de julio se celebra el Día Nacional de Francia. La fecha recuerda la Toma de la Bastilla, una revuelta ciudadana que tuvo lugar en París en 1879 y que marcó el inicio de la Revolución Francesa. Pero más allá de la historia, esta fiesta es una buena excusa para celebrar a la comida de ese país.

Considerada una de las más importantes del mundo, en 2010 la Unesco la incluyó en la lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad. ¿Razones? Es deliciosa- elaborada con productos de calidad que se potencian mediante el uso de caldos, salsas y técnicas de larga cocción- y, además de ser muy antigua, se relaciona con un acto cultural.

Aunque generalmente se asocia con sofisticación y elegancia- o sea, precios caros- muchos platos típicos se preparan con productos económicos. Como el bouef bourguignon, un guiso de carne cocida en vino por tres horas, con champiñones, tocino, zanahoria y hierbas. O el famoso ratatouille, plato campesino de tomates, berenjenas y zapallo italiano.

En Santiago hay varios lugares para disfrutar esta cocina. Uno de los mejores es Le Bistrot, en Providencia, que ofrece sabrosos platos como confit de pato, choritos a la marinera con papas fritas y adictivos crêpes suzette. A sólo pasos de ahí está el Baco, reconocido por sus deliciosas preparaciones galas, como el mencionado boeuf bourguignon o el auténtico steak tartar: carne cruda con pepinillos, mostaza, perejil y una pizca de limón.

A unas cuadras se encuentra La Brasserie, que por estos días cuenta con un imperdible menú con trufa fresca. También está el Normandie, un clásico que ofrece uno de los mejores conejos a la mostaza de la ciudad. Otro es Le Petit Bernard, cerca de Lastarria, que se destaca por su cocina de autor. ¿Lo más nuevo? El Franchute del Barrio, en Franklin, que ofrece un menú de tres tiempos a $8 mil, con preparaciones como sopa de cebolla y cerdo a la mostaza.