Ley de Inclusión Laboral: La historia de perseveración de Matías Bravo

Arturo Figueroa Bustos

Viernes 28 de julio de 2017

A poco más de un mes de la promulgación de la Ley de Inclusión Laboral, Matías Bravo cuenta lo que tuvo que vivir para encontrar un trabajo estable sin ella. Con sus discapacidades físicas, hoy es el jefe de Servicios Financieros de un supermercado Líder en La Florida.

Perseverante y picota. Se define así, porque ante un no, Matías Bravo (28) hace todo, pero todo, para revertirlo y obtener un sí. Sin una Ley de Inclusión Laboral, buscó y rebuscó hasta que, hace unos seis años, consiguió un trabajo estable.

Desde el 8 de junio de este año, Chile tiene una legislación que exige a todas las empresas privadas y organismos públicos con más de 100 trabajadores que al menos el uno por ciento sean personas en situación de discapacidad. “Es tremendamente positiva la ley, pero hay que avanzar mucho más”, dice él.

Bravo nació con artrogliposis múltiple, es decir, con problemas severos en todas sus extremidades. “Desde que tengo uso de razón he ido a la Teletón”, subraya quien, tras años de batallar, superó el bullying, sacó el colegio, entró a la educación superior, consiguió pega y formó una familia. Si la inclusión necesitara de un rostro símbolo, él sería un excelente candidato.

-¿Qué tan difícil fue encontrar pega?
-Me costó bastante. Fui a muchas entrevistas de trabajo a lugares donde cumplía con todas las aptitudes pero en los que siempre me decían cosas como que la infraestructura no estaba acorde conmigo. Recuerdo que fui a una entrevista en la Torre Titanium y me decían que cómo lo iban a hacer conmigo si había una evacuación de emergencia.

-Como que te estaban haciendo un favor al no contratarte.
-Claro, algo súper raro si yo, de hecho, llegué a la entrevista por mis propios medios y podía subir y bajar escaleras solo. Ahora, yo en el currículum nunca puse que tenía una discapacidad porque me conozco y jamás postularía a un trabajo que evidentemente no podría hacer. Pero notaba que yo llegaba y me miraban con una cara de qué hago con él, lo entrevisto y le digo gracias por venir.

-Así estuviste por años.
-Durante un tiempo sólo pude conseguir trabajos esporádicos. Me costó generar estabilidad. Notaba que no me daban el pase, en el fondo, por la discapacidad y punto.

-¿Y cómo llegaste a Wallmart?
-A través de la unidad laboral de la Teletón hice cursos de contabilidad y otros por el estilo y un día me llamaron para preguntarme en qué área me interesaba postular, porque había varias vacantes en Wallmart. En ese momento no sabía nada de ellos ni de su cultura internacional de inclusión, la verdad. Conocía los Líder, nomás. Les gusté, hice una inducción y me contrataron. Lo mejor es que nunca he tenido un trato distinto o especial acá.

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-Hay empresas que hacen ciertas cosas para mejorar su imagen corporativa o por mera caridad. En tu caso, has podido hacer una carrera de varios años aquí.
-Llevo casi seis. Llegué como ejecutivo y ahora soy jefe de sucursal. Imagínate lo que se puede lograr con sólo una oportunidad. Una. Antes vivía con mi vieja y mi hermano, pasaba en la casa. Ahora tengo a ocho personas a cargo aquí, tengo una familia y la puedo sacar adelante.

-¿Cómo lo dices? ¿Personas con capacidades distintas, en situación de discapacidad o discapacitados a secas?
-Para mí es lo mismo, tratan de que suene más bonito no más. Más que enredarse en los conceptos, lo que importa es que haya respeto. A mí me tocó una niñez súper dura, porque los niños pueden ser súper crueles. Entonces, para lo que tuve que escuchar…

-¿Qué te pasó?
-Me molestaban mucho por las manos. Hoy mis amigos, súper en buena y en confianza, me dicen que soy como Piñera: que tengo los brazos cortas pero igual agarro harto. Con eso me río, pero en segundo, tercero básico, con los cabros de El Monte jugábamos a los vaqueros y me pusieron pistola chueca, porque no podía apuntar con el dedo como todos. Lloraba, me daba mucha lata. Más grande, cuando vivimos en Cauquenes, me pasaba otra cosa: me enamoraba y las chiquillas obviamente no me pescaban.

-Te tomaban como el amigo.
-Claro, el amigo buena onda. ¿Te cuento algo? En Cauquenes, con mis primos jugábamos fútbol todos los días y al choque; me trataban como uno más del lote. Eso me gustaba y me ayudó en mi desarrollo. En cambio, como a los doce me inscribí en un club amateur de fútbol. Terminó el torneo y nunca jugué; siempre iba a entrar y al final no entraba a la cancha. Me iban a dar una medalla por la participación y no la recibí: me dio impotencia.

-Nunca quisiste ser un pobrecito.
-Es así. De todas formas debo decir que soy uno de muchos que le debemos todo a la Teletón. Lo digo por mí y también por mi familia. Los profesionales brindan apoyo sicológico a los papás y eso hizo que mi madre pudiera sobrellevar todo. Tuvieron que contenerla, porque ella lloraba a mares cuando me veía de pequeño. Ahora no lo ves, pero además nací con los dos pies hacia adentro, tengo como ocho operaciones, que las piernas, la cadera, las manos. Imagínate a mi mamá en esos años sola, porque mi papá se asustó y se alejó un tiempo. Entonces ella batallaba sola conmigo. La ayudaron a estar más tranquila.

-Ya no estás en Teletón.
-Me dieron de alta alrededor del 2012, con ceremonia y todo. Yo hago prácticamente todo solo hoy: me baño, me visto, me traslado, con ayuda de algunas prótesis pero tengo independencia. Lo último que vimos fue la posibilidad de hacerme una operación a las manos, pero esa cirugía, que me las iba a dejar estéticamente normales, podía dejarme cierta inmovilidad. Decidí que no me las iba a operar, porque ya sé usarlas así.

-¿Cómo conociste a Nancy, tu mujer?
-Por internet.

-¿En serio?
-Con Badoo. Recién había entrado a Wallmart y en mis ratos libros usaba la aplicación por recomendación de un amigo. Conversábamos por ahí hasta que un día nos juntamos. Ella tiene cinco años más que yo y dos hijos que los quiero como si fueran míos. Viven con nosotros. No sé si llamarlo suerte, pero con ella soy una persona feliz.

-Has logrado surgir. Hay muchos que no.
-Portazos uno va a recibir siempre. Soy perseverante y picota, pero creo que el apoyo de la familia es fundamental. Si una persona sin discapacidad se desmotiva cuando busca trabajo y no encuentra, imagínate lo que puede ser para uno. Hay que aprender a perseverar.

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-¿Qué le falta a la Ley de Inclusión Laboral que se acaba de promulgar?
-Primero, creo que el mero hecho de que una ley como esta se haya promulgado es tremendamente positivo. Hay cosas que mejorar obviamente: creo que hay muchísimas más personas con capacidades distintas que pueden aportar que ese uno por ciento que exige la norma. Además, cuando tú le das un trabajo a una persona con una discapacidad va a tener un compromiso y un sentido de responsabilidad superior con esa empresa.

-¿Y qué le falta a la ciudad?
-Respecto de infraestructura encuentro que falta harto. Algo tan básico como el estado de las veredas es súper importante que se arregle, no sólo por el tema de las sillas de ruedas: yo de repente me tropiezo en una vereda cuando está dispareja y me imagino a la gente con una discapacidad visual. Ahí, entonces, hay un rol del Estado que tiene que ejercerse. Sí debo decir que para personas como yo, el Transantiago ha sido un aporte. Imagínate tener que pagar con monedas, que cómo me afirmo, que el vuelto, que tienes un pie puesto en la micro y el chofer parte…

-En Chile hoy tenemos personas con discapacidad que brillan en distintas áreas, como el deporte por ejemplo. ¿Cómo lo ves?
-Al igual que ellos, no tengo límites ni me los pongo. Tengo objetivos, no límites. Quiero seguir creciendo, asumir cargos más importantes y poder darle todo a mi hija, tener mi casa propia, mejorar nuestra calidad de vida. Y, terminar en el instituto mis estudios de Técnico en Administración de Empresas, que opté por congelarlos para privilegiar los tiempos con mi hija. Me iba bien, no me eché ningún ramo pero me pareció lo correcto. Más adelante me gustaría convalidar para sacar una ingeniería, quiero profesionalizarme. Uno cuando chico sueña cosas y yo quería ser futbolista y presidente. Luego, la vida te va dando matices, guías para dónde ir.

-Bueno, en Ecuador este año ganó las elecciones presidenciales Lenín Moreno, que es parapléjico y anda en silla de ruedas.
-¿Viste? Voy a estudiar lo de mi candidatura entonces.