Jean Jacques Pierre-Paul, el médico haitiano que escribe poesía en español

Luis Valenzuela

Jueves 06 de julio de 2017

Jean Jacques Pierre-Paul es médico y el primer haitiano conocido por escribir poesía en español. En su isla natal trazó viajes ficticios, que luego tomaron forma real en Cuba, Chiloé y Las Cruces, donde reside hace cuatro años.

Hasta las seis de la tarde, todos los jueves y algunos viernes, Jean Jacques Pierre-Paul trabaja como médico en un box de un hospital de Estación Central. Sus pacientes en su mayoría son chilenos, pero de vez en cuando se encuentra con haitianos. Sus compatriotas en esta época tienen una complicación frecuente: los sabañones.

“El frío de Santiago se siente en los huesos. El dolor de la hinchazón es inaguantable y eso le ha pasado a muchos haitianos. Hace falta más de un invierno en Chile para adaptarse”, dice.

Cuando acabe la charla, subirá a su camioneta y tomará la Ruta 78 con dirección a Las Cruces. Sin la bata médica, aparece el poeta que ha publicado cuatro libros, los dos últimos con versos concebidos en español. Su casa está a cinco minutos a pie de donde duerme Nicanor Parra, aunque no lo ha visitado.

“Al llegar a Las Cruces, hace cuatro años, Parra ya no salía casi nada. No alcancé a ver al poeta que caminaba, que iba a Cartagena a comprar el diario. Ahora es difícil, hay que ser amigo de la familia para verlo. Tal vez si voy me reciben, quién sabe”, añade.

Pierre-Paul nació hace 38 años en Jacmel, polo creativo del Caribe ubicado a 90 kilómetros de la capital de Haití, Puerto Príncipe. Hijo de campesinos y con nueve hermanos en diferentes puntos del continente, fue formado en escuelas públicas. La isla la dejó para continuar sus estudios de medicina como becado en Cuba. Fue en Santiago de Cuba que el poeta de ese país Reynaldo García Blanco (Premio Casa de las Américas 2017) le enseñó a escribir poesía en español.

“Me ayudó bastante a sentir las emociones en español. Yo venía escribiendo en créole y en francés. Si pienso en francés y lo escribo en español, eso es una traducción. Escribir poesía en español me tomó diez años, no es lo mismo que escribir una ficha médica”, dice.

A Chile lo trajo un magister en salud pública, que cursó en la Universidad de Valparaíso. Sabía de la dictadura, Iván Zamorano y Pablo Neruda, de quien tradujo a su idioma natal Arte de Pájaros. “Venir fue una decisión que con mi esposa tomamos bruscamente, estábamos a punto de ir a España”, acota Pierre-Paul, padre de dos hijos.

De eso han pasado ocho años. Vivieron los dos primeros en Estación Central y uno en Quellón, Chiloé, antes de radicarse en Las Cruces. “En Santiago perdí la sensación de que el mundo era mi casa, tenía que adaptarme mucho a todo. Un amigo me recomendó el litoral central y me pasó las llaves de su casa, en El Tabo. Al tiempo me compré la casa en Las Cruces, pues encontré el encantamiento que busco”.

-¿Sabías del Litoral de los Poetas?

-No sabía. Cuando empecé a ir a la biblioteca conocí otros poetas. Son cerca de veinte que dan vuelta por el litoral, entre quienes viven establemente y los que no. En todo caso, para mí el único sentido del Litoral de los Poetas es por los poetas vivos, no encuentro ninguna gracia llamarlo así por los poetas que no están. La poesía debe estar viva, no muerta.

-¿Cómo convive su trabajo como médico con la poesía?

-No siempre ha sido un complemento, al principio tuve que aprender a manejar estos dos mundos, a conciliar. Como médico hablo de temas que entiendo y como poeta hablo porque no entiendo la vida. Vivir poéticamente no lo tomo como vivir en un mundo idealizado, en la utopía. Es vivir aquí con los pies sobre la tierra, el lugar del poeta está entre los humanos, sin los demás no existe. El mundo no hay que enfrentarlo, hay que iluminarlo. No existo sin los demás, todos somos abismos hasta que la belleza nos salva. Por lo tanto las dos experiencias, medicina y poesía, ratifican esta necesidad de valorar al otro.

-¿Qué te sucede cuando vas a Santiago y aprecias la magnitud del fenómeno de la inmigración en las calles?

-La inmigración cambia la historia de cualquier país. Santiago de Chile se está haciendo cosmopolita. Al mismo tiempo, eso es un cosmopolitismo no deseado, porque la gente se siente invadida. Crecimos con este miedo, de que el otro es un peligro para nosotros. Transformarse a una ciudad cosmopolita genera un choque, algunos lo ven como algo normal y positivo, y otros ponen resistencia.

-¿Cuál son la resistencias que enfrentan tus compatriotas?

– La sociedad chilena no está preparada para este tipo de migrantes. Yo tuve la oportunidad, porque venía de otro camino. Yo miro mis compatriotas y veo una frustración enorme. ¿Qué futuro tiene un profesor haitiano que llega Chile y no habla español? Tiene que olvidarse que es profesor y eso genera una frustración eterna. Ese es el error que comete el migrante haitiano. Algunos dejaron la universidad, con la idea de trabajar y estudiar en Chile. ¿Pero si estás trabajando con el sueldo mínimo cómo vas a estudiar y trabajar? Pueden estudiar y trabajar si tienen alguien que los ayude, si viven con sus padres por ejemplo, pero cómo vas a trabajar y estudiar viviendo solo.

-¿Cómo es el racismo de la sociedad chilena? ¿Cuál es su medida?

-He visto que el chileno es más racista por imitación que por necesidad. ¿Qué necesidad tiene una persona que nunca ha visto personas de mi color de reaccionar mal? Brasil es uno de los lugares del mundo con más conflictos raciales, porque ha sido parte de su historia. Pero en Chile, el que me ve, reacciona por imitación, por lo que ha visto o escuchado.

-¿En qué se parecen Chile y Haití?

-Somos sociedades construidas sobre un fenómeno devastador, que es la explotación del hombre por el hombre, basada en la teoría de una dominación forzada. El colonialismo nunca termina, ninguna dominación brutal termina realmente porque deja secuelas eternas. Es un dolor humano inolvidable. Lo que queda son sociedades construidas sobre prejuicios y miedo al otro. Después, hay diferencias en cuanto al tipo de gobierno, unos con más dictadores que otros, pero todos deberíamos ser cazadores de dictadores porque hemos tenido una historia parecida de dictadores, malos gobiernos y corrupción.

-¿Va a cambiar el imaginario de Chile con la poesía y narrativa que generen los sujetos migrantes?

-Yo creo que va a existir una poesía de encuentro, de los múltiples mundos que se están juntado en Chile. Eso será enriquecedor para la cultura chilena. Los fanáticos creen que la identidad es inalterable y eso es un error, porque nada es inalterable en este mundo: no existe la destrucción de la identidad, toda cultura debe pasar por estos fenómenos.

-Jean Beausejour simboliza bien estos encuentros.

-Él es un ejemplo de un intercambio de tres mundos, entre su origen mapuche, haitiano y chileno. Beausejour no es un ser sin identidad, pero dentro de su identidad chilena ha sido un punto de encuentro. Y eso es lo que no entienden los fanáticos de la identidad. Vamos a empezar a tener hijos de inmigrantes en la Selección y esto se va a notar más. Esto se debe ir notando en las demás áreas, en la educación y la ciencia, para generar un cambio en la mentalidad. El fútbol mueve masas y, claro, se va a hacer más visible cuando llegue alguien como mi hijo a la Selección Chilena.

AniversarioLas 50 Mujeres más influyentes de Chile
Presentado por: