El Chimbotano: Misterios del Perú

Sebastián Alburquerque

Viernes 22 de septiembre de 2017

El pollo asado peruano es infinitamente superior al pollo asado nacional. ¿Por qué? Una mezcla de especias y una técnica aplicada que, en El Chimbotano, manejan a la perfección.

Primero que todo una advertencia: si no ha probado nunca el pollo asado peruano, prepárese, porque nunca más podrá comer pollo asado que no haya sido correctamente adobado y especiado como lo hacen en las pollerías de ese país. En general, es mucho más sabroso que la versión nacional, pero si hay una pollería que destaca por sobre las otras, esa es El Chimbotano, en San Pablo con General Bulnes.

El restaurante se remodeló por completo en las últimas semanas, y lo que antes era un local sin ventanas, con paredes que se mezclaban entre un inhóspito color damasco con grasa pegada, ahora luce luminoso, con mesas cómodas y, ahora sí, con ventanas. Lo mejor de todo es que mantuvo sus precios.

Eso sí, conviene más pedir para llevar porque por doscientos pesos extra, uno puede elegir qué presa llevarse. La mayoría de los clientes prefiere pechuga, por lo que al sentarse en la mesa, si uno pide expresamente pechuga, puede que se excusen y digan que no queda. Bueno, así es la vida.

Se pidió un cuarto de pollo con papas fritas y ensalada ($4.900). El primer mordisco es clave: explotan los sabores del carbón, el comino y todas las otras especias misteriosas (¿Ají panca? ¿Ajo? ¿Cerveza? Quién sabe) que hacen que el pollo asado peruano sea superior. A pesar de asarse sobre el carbón, el interior es jugoso, delicado. Se llega a deshacer de tierno.

Las salsas son, como sabe cualquiera que haya pisado algún restaurante peruano, demencialmente ricas (y lamentablemente difíciles de replicar en casa). La vinagreta de ajo, suave y ligera. La de ají rocoto, engañadoramente picante y adictiva.

Si no conoce el pollo asado peruano, debería conocerlo en El Chimbotano. Y si lo conoce, debería ir al Chimbotano igual.

El Chimbotano. San Pablo 2405, Santiago