Hecha a mano, la masa de las empanadas de La Estancia justifica de sobra una escapada al Cajón del Maipo.

Empanadas hay tantas como manos que las hagan. Las hay más caldúas, más aliñadas, más cargadas a la cebolla. Las de La Estancia se distinguen por su masa, que parece una galleta que se deshace en la boca. No es crujiente cuando la trituran los dientes, porque tiene esa doble textura que por fuerza es más quebradiza y por dentro mojada. Algo que no muchos restoranes o fabricantes logran de buena forma. Bueno, acá sí lo consiguen y el secreto es sencillo: en La Estancia se hace todo a mano.

Para explicar la receta, una de las cocineras hace el ademán del uslero. Acá no se usan máquinas, las masas se hacen a mano, a la antigua. Y como este local de look híbrido y algo kitsch -donde conviven duendes y hadas con pósters de Marilyn Monroe y Elvis Presley- queda en El Canelo, en el Cajón del Maipo, el paseo se convierte en mucho más que salir a comer.

Las dos mejores son la de pino, que lleva carne picada, aceituna, pasa y huevo, y la de queso, que es al horno. La primera tiene el aliño preciso y las pasas le dan un toque de dulzor que hace más suave el pino. Los cachitos de la masa son para aplaudirlos. Y la de queso es sencilla, de hecho en el local cuentan que usan un queso de marca nacional que se encuentra en todos los supermercados. Pero como es al horno y no frita, es más contundente pero menos pesada. Con bastante queso, que se funde muy bien con la pared interior de la masa. Rica, rica.

Ubíquese en esas mesas de la ventana, donde se ven los cerros del Cajón y en las que pega al sol hasta que se esconde y baja la temperatura. Y si llueve, mejor aún. Tras las empanadas pida unos de los kuchenes y deje pasar la tarde. Con diez lucas come de sobra.