Chileno conquistó el Everest por la ruta del Tíbet

Cristian González Farfán

Miércoles 07 de junio de 2017

El montañista eligió un camino distinto al de Nepal para llegar a la cima. La experiencia fue al límite: casi pierde sus dedos y se quemó la cara. “Se ve la curvatura de la Tierra”, explica.

El termómetro marcaba 42 grados bajo cero cuando Hernán Leal (50) clavó la bandera chilena en la cumbre del Monte Everest. Solo un sherpa lo acompañó en el recorrido final hasta la cima el pasado 20 de mayo. El habitante de los Himalaya le prohibió a Leal que se sacara la máscara de oxígeno y los guantes.

“Corría el riesgo de perder los dedos. Se me congelaron los guantes. Pero tenía que tomar agua. Subimos solo con un litro. Lo hice y se me quemó la cara. Igual como puede pasar con una tarde de sol, me quemé la cara, pero de frío”, cuenta Leal a La Hora desde Katmandú, Nepal.

“Es impresionante estar ahí, se ve la curvatura de la Tierra”, recuerda el empresario y líder de la Expedición Fastco Everest 2017, quien camina derecho a la conquista de las siete cumbres más altas del planeta, llamadas “Seven Summits”. Ya suma el Aconcagua (6.962 m.), Kilimanjaro (5.895), Denali (6.190) y ahora el Everest (8.848).

La expedición de Leal -que contó también con el experimentado Ernesto Olivares, quien en el campo 3 decidió regresar por problemas de salud- eligió una ruta alternativa para alcanzar su objetivo: el Collado Norte, que pasa por el Tíbet, territorio en permanente conflicto con el gobierno chino que administra la región.

“La ventaja de esta ruta era que no tenía grietas ni avalanchas, a diferencia del camino de Nepal, donde te agarra una avalancha y no puedes ni rezar, porque simplemente no alcanzas. En cambio, por el Tíbet caminas por el filo de la montaña, es más manejable, pero estás más expuesto a un viento de baja sensación térmica. Y hay algo más: el gobierno chino prohíbe el rescate aéreo si te ocurre algo, y tienes que bajar a pie al campo base”, explica el deportista osornino que viene “de una familia de clase media y estudié en la Católica de Valparaíso con crédito fiscal”.

Según el empresario, que llegará el viernes por la noche a Santiago, la ruta tibetana contó con un elemento místico del que no se pudo desatender. “Uno de nuestros ayudantes fue un monje budista, o sea, en todo momento teníamos oraciones, fue muy místico, era realmente muy especial para mí”, cuenta el montañista.

Leal y su equipo tuvieron que cambiar sobre la marcha muchas veces. “Las condiciones del clima pueden variar en ocho o diez horas, no es como en Santiago”, ejemplifica. Cada uno de los tramos programados de partida se fueron retrasando.
“Llegamos a dormir dos noches en el campo 2, a 7.800 metros. En el campo 3 dormimos en una carpa con un viento terrible y con 30 grados bajo cero, en una terraza, donde mirabas para abajo y era caída libre, un precipicio. Teníamos pensado un plan para salir de la carpa en el caso de que el viento siguiera así”.

DERECHO A LA CIMA
En la recta final hacia la cumbre, su compañero Ernesto Olivares decidió volver. “Partner, no siento mi pie derecho”, le dijo Olivares, quien hasta ayer aún permanecía en observación en Katmandú. Leal, en tanto, optó por seguir. Debía sortear tres escalones hasta alcanzar la cima; en la ruta por Nepal, la que no siguieron, sólo hay una pared rocosa: el famoso escalón de Hillary, que colapsó tras el último terremoto de 2015.

“El 30 por ciento de los expedicionarios no alcanza la cumbre. El 10 por ciento muere en el intento. Pero no hay registro de la tasa de amputados. Allí en la cumbre, un paso mal hecho te puede significar la muerte. Era impactante ver los cuerpos tirados mientras bajábamos. El sherpa que me acompañaba, me los mostró. Además, logramos bajar con un poco de oxígeno que había en una botella que la gente tiró en el camino”, afirma.

Con su cuarta gran cumbre en el bolsillo, Leal espera conquistar las tres restantes a fines de 2018: Elbrus (5642 m., Rusia), Vinson (4.897, Antártica) y Carstensz Pyramid (4.884, Indonesia). Pero además tiene otro objetivo: hacer otra cumbre sobre los 8.000 en los Himalaya: “Me quedaron gustando los 8.000. Solo cuatro montañistas en el mundo han hecho los Seven Summits y un ‘ochomil’ más”.