Luciano Cruz-Coke: el ministro regresa

Marietta Santi Montalva

Miércoles 17 de mayo de 2017

Después de siete años dedicado a la política, estrena hoy la comedia Los vecinos de arriba. Y se siente más actor y más político que nunca.

“La parte artística la tenía en falta. La política y el teatro son dos vertientes de mi vida que, si bien pueden parecer en oposición, me nutren y me hacer ser quien soy”. El que habla es Luciano Cruz-Coke, actor, vicepresidente de Evópoli y ex Ministro de Cultura, que hace siete años renunció a su carrera artística para dedicarse a la política. Pero hoy vuelve a subir al escenario para protagonizar a un hombre inmerso en una crisis de pareja en la obra Los vecinos de arriba, coproducción entre Centro Mori y Acertijo.

Quien fuera uno de los mejores antagonistas de la TV chilena, recordado por sus roles en Fuera de Control y Amores de Mercado, se ve contento de regresar a los escenarios. “La última obra que hice fue Moscas Sobre el Mármol, dirigida por Alejandro Castillo. Hice funciones en Santiago a Mil en 2010 y en febrero me llamó Piñera a ser ministro”, recuerda.

Luego de muchos intentos que no llegaron a puerto, entre los que se cuentan montar una obra de Sam Shepard, el momento se dio fácil: “Me llamó Nicolás Saavedra y me invitó a participar. Yo estaba en Nueva York acompañando a mi suegra en una feria de arte, y me tomó de sorpresa”.

Como le gustó el texto del catalán Cesc Gay, guionista y director de la película Truman, su esposa Javiera García Huidobro lo animó. Más encima, el director es Alejandro Goic. “No le di muchas vueltas, no lo pensé mucho, tenía ganas”, reconoce.

-¿Cuáles son las fortalezas de Los vecinos de arriba?
-Es una especie de Quién le Teme a Virginia Woolf pero en comedia negra, teatro de texto, realista. Se trata de una pareja que está en crisis, a punto de estallar, cuyo detonante es la pareja de arriba, que los obliga a enfrentarse a sus demonios.

-¿Y tu personaje?
-Julio es un músico frustrado que vive una relación donde hubo mucho amor, pero se ha desgastado, entre otras cosas, por las frustraciones de tratar de adaptarse a un tipo de vida que no corresponde a su realidad. Él ha postergado el enfrentamiento con sus problemas, volviéndose un tipo ensimismado.

-¿Cómo ha sido el regreso a ensayar?
-El proceso ha sido muy disfrutado, muy gozado. Si no se hace teatro con gente agradable o con quien tienes afinidades o algún grado de amistad, mejor no hacerlo. Compartes emociones, miedos, sensibilidades. Lo echaba de menos.
POLÍTICO Y ACTOR SIEMPRE

Cruz Coke confidencia que antes de asumir como ministro estaba cansado: “Entre la producción teatral, el cine de vez en cuando, las teleseries, conseguir plata para el teatro Lastarria 90 y estudiar un magister en Comunicación Política, me había convertido en una especie de funcionario, no estaba disfrutando mucho”.

Por eso, cuando salió del ministerio siguió con la política y generó un emprendimiento privado, una oficina de asuntos culturales y gestión social. Lo llamaron de la TV, pero con cuatro hijos (5 ahora), no se veía haciendo nocturnas ni fines de semana.

-Desde fuera parece que el teatro y la política chocaran.
-Uno no es una persona con una sola arista. La política para mí es muy importante y, dentro de los proyectos que hemos hecho, está la creación de Evópoli, algo que no existía. La política tiene un lado muy áspero, es de pelea y tiene el grave problema que no permite encontrar verdad en otras posiciones, porque uno tiene que tomar una trinchera. Y el arte es todo lo contrario, es esencialmente relativo, esencialmente cuestionador, genera preguntas en vez de respuestas.

-¿Actor y político?

-A estas alturas de mi vida, cuando uno ya ha definido ciertas opciones, la política sin duda va a estar, pero el teatro también tiene que estar. Mi vida, a través de mi trayectoria como actor, el ministerio y el mismo trabajo de mi mujer, está relacionada con la cultura y el arte.

-Se piensa que el arte es patrimonio de la izquierda.
-Por eso fue un desafío poner en la mesa una respuesta a la cultura desde la centro-derecha, algo que no existía. Me parecía injusto que las personas de derecha de la cultura no pudieran mostrar un ideario y llevarlo adelante. Nosotros pusimos en la mesa el proyecto del Ministerio de Cultura que se está discutiendo, sin hacer tabla rasa sino tomando la posta dejada por los gobiernos anteriores.