Henrik Von Appen, esquiador chileno: Las dos vidas del hombre invierno

Luis Valenzuela

Martes 30 de mayo de 2017

Cada otoño, el especialista deja de ser un nómade y cursa un semestre de ingeniería comercial. Luego, en su horizonte vuelve a aparecer la nieve, con los Juegos Olímpicos de Invierno 2018 como principal objetivo.

Henrik Von Appen (22) pasa abrigado la mayor parte del año. Como esquiador profesional, en el invierno se concentra en su actividad deportiva, tanto en Europa como en Sudamérica. “Son 200 días fuera de la casa. Y sí, estoy siempre pasando frío”, bromea.

La ventana otoñal la tiene en Santiago, donde cursa ingeniera comercial en la Universidad de Chile. “Llegué a fines de marzo, estuve afuera desde noviembre. Estoy tratando de sacar la carrera, pero avanzo más lento. Solo puedo estudiar un semestre al año. Tengo una carga académica alta: estoy con siete ramos. Estudiar me ayuda a ser deportista. Así me logro desconectar del esquí, que es un problema que tienen todos los atletas”, cuenta a La Hora.

Su aterrizaje en la capital, además, supone un brusco cambio de ritmo. En Europa reside en Italia, región del Valle de Aosta, zona montañosa de baja densidad poblacional.

-¿Cómo es tu vida cuándo estás fuera del país?esquiador
-Vivo en un pueblo de 400 habitantes. Y me toca viajar por lugares perdidos de todo el mundo. La vida de un esquiador es de hacer mucho la maleta y moverse de un lado al otro. Es mucho equipaje, son 20 pares de esquí, además de muchos accesorios. Por todo eso dicen que este deporte tiene la mística del lobo solitario. Es muy individual, uno se turna para tener sus dos minutos a solas con la montaña.

-¿Cómo son esos minutos?
-La aceleración provoca mariposas en la guata. Es una especie de incomodidad, pero que no molesta tanto.

Seleccionado nacional desde 2011, Von Appen participó en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014 y ya suma tres mundiales. La última cita planetaria fue en febrero, en Suiza, donde finalizó en 18° en la prueba de descenso, resultado histórico para un deportista nacional. “Ese mundial me vino como anillo al dedo, venía de un momento difícil”, apunta, en alusión a la caída que sufrió a fines del año pasado en Santa Caterina, Italia. “Recuperé mi confianza con pasos pequeños, partiendo de lo básico”, añade el especialista, quien tiene a La Parva como centro de operaciones.

-¿Cómo proyectas tu participación en los JJ.OO. de Pyeongchang, en Corea?
-Vamos a hacer entrenamientos en Sudamérica de julio a octubre. Al final de temporada nos iremos al sur, para hacer una buena transición. Para aguantar hasta febrero es crucial estar físicamente muy bien. Te entrenas por años, repitiendo los movimientos muchas veces. Y al final todo eso se lleva a dos minutos de bajada. Es un deporte donde la mente es crucial.

-¿Qué meta te marcas?
– Me pilla un poquito joven. . Pero creo que un top 20 puede ser una buena meta. Para eso es crucial llegar bien posicionado, en esto uno nunca sabe, medalla puede caer para cualquiera. Probablemente, voy a competir en descenso, súper gigante y combinado.

-¿Sientes el apoyo de compatriotas en los lugares tan aislados?
-Me ha tocado muchas veces, en Noruega y Austria por ejemplo, toparme con chilenos que me escribían preguntando por entradas. Acá es un deporte elitista, pero en Europa es popular. Y ellos lo viven así. Allá están los fans más locos que tengo, más que lo que están en Chile