Usan hojas secas de frambuesa como ayuda en partos naturales

Natalia Heusser

Jueves 25 de mayo de 2017

Una joven ingeniero agrónomo realiza un estudio para que este producto se use en embarazadas, pues tonificaría el útero.

Cuando Varinnia Sánchez (30) estaba en el último año de la universidad viajó con sus compañeros a Villarrica. Ahí encontraron a un productor de frambuesa que estaba almacenando las hojas del fruto porque su señora se las vendía a una persona que las enviaba a Europa. Según le comentó, en esa parte del mundo estas “sobras” eran usada con fines terapeúticos. “Me puse a averiguar este tema y supe que en Alemania y Suecia eran utilizadas en casas de parto. Me pregunté por qué acá eran consideradas subproducto y ese fue el punto de partida de mi búsqueda. Además, había trabajado como asistente de matrona y tenía noción del aspecto médico”, señala Sánchez a La Hora

Así esta joven ingeniero agrónomo, con mención en ciencias vegetales, se interesó por este particular producto y hoy realiza una investigación que ayudaría a personas que sufren de dolores menstruales y a embarazadas que están a punto de dar a luz.

Resulta que el té de la hoja seca de frambuesa se llama tisana y contiene fragina, una sustancia que entrena el tono muscular del útero, que provoca que se acorte la fase activa del alumbramiento, disminuyendo el tiempo de dolor. “Efectivamente hemos visto que disminuye en tres horas el trabajo de parto en ocho de cada diez casos que toman este tratamiento, el que se comienza quince o veinte días antes del nacimiento. Para decirlo en palabras simples, es como que se hicieran abdominales con el útero, entonces alcanza una mayor fuerza y retiene mayor energía para cuando comiencen las contracciones. La idea de todo esto es ir rescatando estas técnicas que han utilizado nuestros antepasados y que nosotros, por una vida más rápida y más práctica, hemos dejado de lado. Me parece que lo natural es un súper buen punto de partida a quien le funcione y así, quizás, se pueda prescindir de un producto farmacológico. Hay que destacar que las hojas se usan secas porque frescas pueden causar problemas de salud”, dice.

Hace un año y medio que inició el estudio y ahora trabaja en el proceso de estadísticas. Pero Sánchez es cautelosa en cuanto al tratamiento, el que debe ser evaluado caso a caso. “A cada mujer se le elabora un historial, donde se anota el número de embarazos que ha tenido, se le pregunta si se ha sometido a una cesaría con anterioridad y se analiza la morfología y el tamaño del bebé. No es lo mismo un útero embarazado por primera vez, que uno que ha pasado por tres embarazos. En base a esa información voy variando la dosis que va en cada una de las bolsas de hojas personalizadas que entrego. En ellas va etiquetada la cantidad de agua en la que se debe disolver el saquito”, explica.

En paralelo Sánchez talleres de yoga al parto, charlas de lactancia a las que van matronas y médicos. “En esas instancias me han preguntado por la investigación, ya que provoca curiosidad”, precisa.

Para Anita Román, presidenta del Colegio de Matronas y Matrones de Chile el procedimiento que realiza Sánchez es experimental y se deben esperar los resultados. “Yo creo que al igual que otras hierbas, la hoja de frambuesa también podría ayudar a mantener la hidratación de la gestante. Si bien no conozco las propiedades de esta hoja en específico, es importante estudiarla desde un laboratorio porque muchas de esas aguas de hierbas pueden tener sustancias que provoquen una dilatación que puede ser anormal. A pesar de eso, es bueno que se hagan investigaciones en esta línea. Todavía estamos en un terreno de prueba, el que en un el largo plazo podría favorecer con productos naturales el proceso de parto”, afirma.

Mujeres tienen un invernadero donde tratan las cosechas

En el 2014 Walewzka Navarro, junto a otras diez mujeres de su familia, empezaron con un emprendimiento llamado Deshidratados El Boldal. El proyecto consiste en secar hojas de hierbas, las que venden en ferias de su comuna de Romeral, en la región del Maule, aunque en el último año han expandido el negocio. “La primera experiencia no fue muy agradable porque nos decían que vendíamos la maleza que todos tenían en sus casas. Nos iba tan mal que no alcanzábamos a costear los pasajes en micro. Para nosotras es un trabajo difícil porque todo el proceso es muy limpio, a diferencia de lo que se pueda pensar. Primero cercamos las plantas para que no sean invadidas por animales. Después de la cosecha limpiamos bien las hojas y las ponemos sobre grandes camas que están instaladas en un invernadero cubierto. Para obtener el producto final nos demoramos hasta tres días”, señala.

Ahora la iniciativa creció y hacen envíos a hierbaterías de la comuna de Providencia y trabajan junto a la ingeniero agrónomo Varinnia Sánchez. “Un pedido de 6 kilos puede llegar a costar $80 mil. Hemos visto en este tiempo que la gente cada vez más está volviendo a lo natural”, declara.