Pierde la vergüenza

La Hora

Domingo 19 de marzo de 2017

Internet está poblado de frases de autoayuda. Buscamos “vergüenza” y destacan dos: Nunca te preocuparías por lo que la gente piensa de ti si supieras qué tan poco lo hacen / La vergüenza sólo sirve para perder oportunidades.

¿Es tan así? Rosana, la española famosa por canciones como Si tú no estás y A fuego lento, podría haberse perdido varios capítulos de su vida si no hubiera cruzado el umbral de la vergüenza para pasar de ser una respetada creadora de hits para otros, en las sombras, a una intérprete de tomo y lomo, bien expuesta. Aunque todavía se resista a tanta fotografía.

Los biógrafos del cineasta Alfred Hitchcock dicen que en el colegio era tan tímido que eso mismo lo convirtió en un personaje: con los años aprendió a vestir la vergüenza de un particular sentido del humor, que terminó aplicando a algunos pasajes de sus películas de suspenso.

No se trata de perder la vergüenza y, oh magia, la vida se convierte en una ruleta de aventuras y episodios felices y exitosos. Pero la mochila que uno carga sí se puede volver más liviana.

“La vergüenza muchas veces imposibilita que las personas realicen algunas actividades o se atrevan a hacer cosas nuevas, solo por miedo a qué va a decir el vecino, el familiar o el compañero. Por eso es habitual que se autoimpongan límites -que en ocasiones son muy estrictos- y que para los otros no tienen la misma connotación o importancia”. Nos lo dice la sicóloga y académica de la Universidad Mayor Dominique Karahanian.

Quien quiera encontrar un decálogo para superar la vergüenza podría encontrar varios en Google, pero para la profesional el tema se puede resolver de un modo mucho más simple (que no deja de ser difícil para un vergonzoso, cabe decir): “Para superar estas situaciones, se pueden ensayar con personas cercanas ciertas conductas sociales, como mirar a los ojos, saludar a un desconocido o hablar en un grupo (…) Al contactarse con otros y exponerse a situaciones que en mi fuero interno me provocan sensación de inseguridad o temor, la sensación de vergüenza se va debilitando”.

¿A quién no le gusta alguna canción? Pero entonarla en la ducha antes de ir al trabajo es una cosa y hacerlo en un karaoke, con amigos o con desconocidos observando, otra. Quizás es el momento de dar ese paso, para luego dar otros, ¿no?