La larga disputa por la invasión de edificios en San Miguel

Natalia Heusser

Lunes 25 de septiembre de 2017

La comuna tiene un plano regular más exigente desde 2016, pero muchas obras fueron aprobadas antes.

En el 2005 María Victoria Loyola juntó a un grupo de vecinos y creó la Organización de Defensa del Patrimonio Urbanístico y Habitacional de San Miguel-El Llano. Fue una respuesta a la instalación de numerosas construcciones en altura que, a su parecer, amenazaban la pacífica vida de barrio. “En ese entonces levantaron edificios al lado de las casas y presionaron a varias personas para que vendieran sus viviendas”, recuerda.

A doce años de que se iniciara este reclamo ha pasado mucha agua bajo el puente.

Hoy se hace cargo de este tema Patrimonio Santiago Sur, un colectivo que logró que entre el 25 de noviembre del 2015 al 25 de noviembre del 2016 la administración del municipio congelara la recepción de proyectos de edificación. Y también que, terminado ese periodo, entrara en vigencia un nuevo plan regulador. En él se especifica que solo el 35% de la comuna podrá tener edificios de hasta 10 pisos y el resto deberá albergar construcciones de menor altura.

Lo que preocupa a los residentes del sector es que, antes de que se paralizara la recepción de proyectos, hubo gran cantidad de solicitudes. Según el municipio, fueron 117. De ellas hay diez construidas y 55 en obra. El resto, si cumple con las normas del antiguo plan, debería aprobarse sin grandes dificultades. Se trata de 52 proyectos más, los que contarán con un plazo de tres años para concretarse. “El problema no es que se construya, el tema es que el descontrol con el que se hizo pone en jaque la calidad de vida del resto de la comuna. Se cerraron muchos colegios, los supermercados no están dando abasto y las calles están congestionadas. Cada vez llega más gente y no hay obras en infraestructura que lo soporten. En su momento creímos que valía la pena dar la pelea para que no se siguiera construyendo, pero hoy con todo lo que vemos pienso que sirvió poco el cambio. De aquí a unos años la comuna se verá más saturada”, señala a La Hora Ignacio Venegas, coordinador general de Patrimonio Santiago Sur.

edificios san miguel 2

Venegas cree que las constructoras e inmobiliarias pusieron sus ojos en este sector de la capital por su buena conectividad, por la solidez y estabilidad de su suelo, porque es una comuna tradicional y tiene buenos servicios. “Con las construcciones los sanmiguelinos han perdido luminosidad y privacidad en sus hogares, han sufrido daños en las panderetas y los vidrios de sus casas, conviven a diario con contaminación acústica y presentan dificultades en la presión de agua. Si antes en una manzana vivían 126 personas, hoy llegan a las dos mil”, precisa.

María José Ribot es nacida y criada en San Miguel y vive en una casa ubicada en calle Lazo, que luce rodeada por edificios, uno de ellos en plena faena. “Además de vivir todos los días con las ventanas cerradas para que no entre polvo, tengo que soportar la bulla de los camiones y las obras, aunque a estas alturas ya soy inmune al ruido. He tenido problemas con el edificio que está detrás, que colinda con el lavadero, porque constantemente cae estuco. Las veredas están destruidas y las calles están llenas de piedra. Aquí se sobrepobló, lo que provocó que aumentara incluso la delincuencia”, detalla Ribot.

Hace pocos meses asumió como alcalde de San Miguel Luis Sanhueza, quien asegura que se están haciendo esfuerzos para mitigar los efectos negativos de las edificaciones. “Estamos pronto a aprobar por primera vez en San Miguel una Ordenanza de Faenas de Construcción que regulará la forma de operar de las constructoras en cuanto a sus horarios, ruidos y medidas de mitigación. De hecho, las faltas reiteradas serán causal de la paralización de faenas. Esta ordenanza debió implementarse a lo menos hace cinco años, pero la comuna no contaba con un marco normativo para regular y mejorar la coexistencia de estas obras con nuestros vecinos”, dice Sanhueza.

El alcalde añadió que se encuentran potenciando las inspecciones de obras y que tienen como prioridad aumentar la fiscalización. “El plano regulador actual genera una serie de garantías a través de las exigencias a los proyectos inmobiliarios nuevos que deseen llegar a San Miguel, acotando la sobrepoblación, la falta de estacionamientos y las alturas máximas permitidas para edificar. Todo ello en el espíritu de salvaguardar la calidad de vida de los sanmiguelinos ahora y en el futuro con apego a la ley y nuestras propias normas”, aclara Sanhueza.

¿Por qué hay tantos proyectos en tan poco tiempo?

Jorge Yaber es gerente de la inmobiliaria Esal, que instaló nueve proyectos en San Miguel y tiene cinco que están en camino.

Según explica, el desarrollo inmobiliario en San Miguel estuvo obligado a acelerarse. “Habían muchas inmobiliarias que ya tenían terrenos adquiridos y como sabían que iban a cambiar el plan regulador se apuraron en tener los proyectos terminados y así ingresarlos a la municipalidad para que fueran aprobados”, dice Yaber.

Señala también que este cambio provocará que en un par de años haya un estancamiento en las edificaciones porque es difícil que una empresa se interese en construir edificios de hasta 10 pisos. Junto a esto, vaticina que bajarán los precios de los terrenos y que en siete años más se tendrá que hacer otro plan regulador por la alta demanda habitacional. “En Chile las cosas se hacen en el corto plazo, nada se planifica a largo plazo. El plan regulador solo hizo bajar a la mitad las construcciones, pero todo lo demás sigue igual. No se planificó, por ejemplo, para que los primeros pisos de los edificios sean jardines y no estacionamientos”, indica.